Mr. Miers llegó á Chile con una gran instalación para laminación de

cobre, cuños para sellar metales y otras maquinarias adaptables sólo

para un país de un estado de cultura mucho más adelantado. Así es que

ha tenido que convertir algunos de sus aparatos en excelentes molinos

harineros, y ha instalado asimismo unas sierras circulares para cortar

duelas, aprovechando la abundancia de madera aparente para este objeto

que hay en los alrededores.

La instalación de Mr. Miers puede considerarse adelantada en cien años

á la civilización de Chile.

Después de haber pasado un día muy entretenido viendo diversas cosas,

adecuadas unas é inadecuadas otras al actual estado de cosas del país,

y admirando la exposición y las costumbres de algunas plantas que jamás

había visto antes, nos dirigimos á Quintero con Mrs. Miers en la mañana

del

_13 de Agosto._--Después de vadear tres veces el río Aconcagua, el

camino sigue unas tres leguas á lo largo de una árida y desolada costa.

A un lado se ven grandes cerros de arena donde no arraiga la menor

vegetación, y que son tan altos que excluyen la vista de todo otro

objeto; al otro lado se agita incesantemente una tremenda resaca que no

permite que se acerque ni bote ni canoa alguna. A medio camino, entre

Concos y Quinteros, la gran laguna de Quinteros se comunica con el mar.

Durante el buen tiempo se vacia sólo á través de la arena; pero en

otra época rompe la barra y entonces el vado no es muy seguro. Cuando

íbamos pasándolo estaba cubierto de varias clases de aves acuáticas: el

flamenco, con el pico y las alas de color rosa; el cisne de Chile, que

tiene las patas blancas y el cuello negro azabache; un pájaro obscuro,

cuyas alas parecen de bronce bruñido y que tiene la cabeza, el pico y

las alas sumamente parecidas á las del ibis egipcio; gansos, taguas y

toda la innumerable tribus de las ánades.

Cuando dejamos la costa subimos á un cerrito é inmediatamente entramos

á un bosque en el cual había un ancho sendero tan plano que parecía

ser obra del arte; á muchos lados, entre nosotros y los corpulentos

árboles cuyas hojas perfumaban el aire, espesos matorrales daban nido á

multitud de pichones silvestres, torcazas y perdices, entre las cuales

_Don_, mi viejo perdiguero, parecía volverse loco de gusto; pero de vez

en cuando, después de señalar un nido, echaba hacia atrás una mirada de

reproche porque no había una sola escopeta en la partida.

El viento del Sur-Oeste hace doblarse aquí los árboles de la misma

manera que en el Devonshire, excepto en los puntos donde ofrecen un

refugio contra él las suaves ondulaciones de las colinas.

La casa que lord Cochrane está construyendo en Quinteros dista mucho de

estar en la más bonita situación de la hacienda. La bahía de Quinteros,

ó más bien dicho la Herradura, es muy bonita, mejor abrigada que

Valparaíso contra los vientos del Norte, más abastecida de agua y

de leña, y más inmediata á los campos de Quillota y del valle de

Santa Rosa para la provisión de víveres para los buques. Antes de la

embocadura de la bahía hay algunas rocas que son muy conocidas; pero

adentro, salvo en muy pocos lugares, el fondeadero es muy bueno.

El famoso navegante holandés Jorge Spilberg, después de haber tratado

en vano de hacer agua en Valparaíso con su flota formada por los buques

el _Sol Naciente_, la _Luna Nueva_, _Venus_, el _Cazador_, _Eolo_ y

_Lucifer_, recaló en Quinteros, donde mandó á su gente en busca de agua

y de leña, disponiendo para protegerla que se armara una batería en

media luna y que se destacara un pelotón de marineros en la playa.

Al hablar de Quinteros, dice que es un puerto que no puede considerarse

inferior á ninguno en cuanto á abrigo, seguridad, pesca y aguada.

Después de él, nuestro compatriota Cavendish y también algunos

filibusteros intentaron establecerse aquí; pero no se lo permitió el

recelo de los españoles.

Mirando desde la casa, precisamente donde la vista se fija en la

graciosa curva de la bahía, distínguese una hermosa laguna de agua

dulce, que parece reposar entre sus márgenes tupidas de verdura.

Pequeños cerros se levantan en todas direcciones, cubiertos en algunas

partes por espesos matorrales y en otras sembrados por bosques de

árboles rústicos; y mañana y tarde pueden verse los piños de ganado

haciendo su acostumbrada emigración de los bosques á la abierta llanura

y de la llanura á los bosques.

La casa de Quinteros no está habitable todavía, porque aún hay una gran

parte sin concluir. Como las demás casas de Chile, es de un solo piso.

Las piezas están distribuídas en grupos separados. ¿Pero quién piensa

en la casa, cuando el amo está presente?

Si bien no es hermoso, lord Cochrane tiene una expresión de

superioridad que, desde que por primera vez se le mira, induce á

mirarlo una y otra vez. Su expresión varía conforme á los sentimientos

que pasan por él, pero por lo general su aspecto es de benevolencia.

Cuando rompe su silencio habitual, su conversación es rica y variada;

clara y animada cuando trata de asuntos relacionados con su profesión.

Si alguna vez he conocido el genio, puedo decir que en lord Cochrane es

sobresaliente[69].

Después de comida fuimos á pasear á la chacra, que está situada en un

sitio pintoresco y abrigado, como á una legua de la casa. A la entrada

hay varias herramientas agrícolas que lord Cochrane ha traído con

el objeto de introducir los adelantos modernos en Chile, país de su

adopción.

El arado, el rastrillo, la pala de la Europa moderna, todo es nuevo

aquí, donde durante siglos no se ha conocido ningún adelanto. Dentro de

los cierros de la chacra hay un espacio dedicado á la multiplicación

del alerce, de la haya y de la encina; creo que el alerce se adapta

peculiarmente á este clima.

Desde que lord Cochrane llegó á Chile, se encuentran en las despensas

las zanahorias, los nabos y varias otras clases de legumbres que antes

eran desconocidas aquí. De vuelta á la casa, estuvimos viendo varios

diseños de buques de pequeño calado para hacer el cabotaje, y así se

pasó para mí la más agradable de las noches que he pasado en Chile.

_14._--Poco después de almuerzo todos montamos á caballo para

dirigirnos á la punta de más afuera de la Herradura, donde debía

reunirse el ganado de la hacienda para contarlo. Técnicamente, una

reunión de esta especie se llama _rodeo_, y tiene lugar ordinariamente

en el verano, ó más bien en el otoño. En tal ocasión reúnense todos

los inquilinos de la hacienda, y seguidos de las muchachas que se

han quedado atrás para engalanarse alegremente, aparecen después en

el _corral_. El día señalado para el rodeo, los hombres, que van

todos montados, se dividen en grupos; cada tropa tiene un jefe, á

cuyas órdenes avanza, se estrecha, se separa, ó se retira, conforme

á la naturaleza del terreno, y no hay terreno tan escabroso, ni

cerro tan encumbrado, ni bosque tan espeso que no lo franqueen. A

fin de defenderse los brazos y las piernas contra las ramas, usan

unas curiosas envolturas de cuero, amarradas á las caderas, que

les defienden enteramente las rodillas y la parte inferior de la

pierna; son por lo general de piel de foca, curiosamente laboreados y

amarrados fantásticamente por cordones. He visto algunos muy caros,

que han costado quince pesos. Los cueros para los brazos son más

sencillos. Estos hombres pasan á veces varias noches con sus perros

en los cerros para recoger el ganado; una vez reunido, se apartan los

animales que pertenecen á extraños y se marca todo el ganado de la

hacienda. Un _rodeo_ es una escena de regocijo: uno ve ahí al chileno

en sus glorias; corriendo á caballo, tirando el _lazo_, domando

animales chúcaros, sean caballos ó mulas, y á veces, por chancearse,

montándosele en los lomos al mismo grave buey. El rodeo de hoy no

es tan festivo: tiene por objeto únicamente contar el ganado de la

hacienda, que deben ser unas 2.000 cabezas; pero que desde la última

vez que lord Cochrane zarpó de aquí ha sufrido una merma considerable

por falta de cuidado. Hoy se han traído sólo unos cuantos cientos;

sin embargo, como esto es sólo el principio y la estación no es la

regular, probablemente se logrará reunir casi todo en unos pocos días

más. Los _vaqueros_ mayores deben, generalmente hablando, ser nacidos

en la misma hacienda donde trabajan. Las guaridas del ganado están

á tanta distancia y el campo está tan poco poblado y tiene tan poco

tráfico, que las huellas y las señales no sirven de nada, y sólo la

experiencia puede guiar al vaquero en las distintas estaciones para

dar con las diferentes guaridas de las bestias. Su ocupación, á más de

atender á los rodeos, es llevar á pastar el ganado, sea al llano, sea

á los cerros, según la estación; apartarlos de manera que tengan libre

acceso al agua y vigilar las nuevas crías, sean terneros, caballos ó

mulas. Rara es la vez que un vaquero no anda á caballo; es de dudar si

la parte humana y el bruto fueron en los centauros más inseparables

que en un vaquero y su cabalgadura. Cada uno de estos hombres tiene á

su cargo cierto número de animales vacunos, de los que debe responder

al mayordomo de la hacienda. Hay una parte de la ceremonia, muy

agradable para los hombres que en ella toman parte. Como á las doce del

día se le pide á uno de los peones que lacée un novillo para matarlo

inmediatamente y ofrecerlo asado á la concurrencia; el cuero, sin

embargo, pertenece á la hacienda, y en consecuencia, se procede al

momento á cortarlo en tiras, que sirven para hacer lazos, correas y una

multitud de cosas por el estilo.

Después de pasar la tarde á caballo viendo el ganado y de haber

plantado algunos árboles frutales y algunas fresas en el huerto, Mrs.

Miers y yo nos despedimos y regresamos á Concon por el camino de las

casas viejas de Quinteros, más pintorescamente situadas cerca del lago,

y que ya habíamos divisado cuando íbamos galopando por la costa. Parte

del paisaje es muy bonito, particularmente en los alrededores de la

casa; pero á medida que se sigue costeando la laguna hacia el mar la

vegetación comienza á ceder el campo á la arena, y luego tuvimos que

seguir por una orilla arenosa con tanto declive que á haber resbalado

habríamos ido á dar en las profundidades del lago; además, la arena era

tan suelta, que á cada instante el resbalón parecía inevitable.

Al cabo llegamos á la ribera del mar, y allí nos encontramos con que la

barra del lago se había roto á causa del fuerte viento y de la marea,

por lo cual nos costó algún tiempo dar con un vado. Después de mucho

conseguimos pasar en salvo; pero no vinimos á atravesar el río frente á

Concon hasta la noche.

El paso lo hicimos con toda seguridad, gracias á la sagacidad de los

caballos, que no sienten vacilación alguna para tomar el vado cuando

lo han pasado una vez; á pesar de todo, siempre infunde cierto temor

vadear de noche un río profundo y torrentoso. El empuje de las aguas,

la sensación de lucha debida la resistencia que oponen á las patas

de los caballos, el grito de una ave acuática que vuela asustada de

su nido, todo parece que va á despertar al espíritu de las aguas y á

hacerlo apoderarse del viajero.

La noche, la duda y el temor son magos poderosos que saben poblar como

nadie el mundo de la ficción.

_15._--De vuelta de un largo y agradable paseo, nos encontramos con

el capitán T. S. y otros dos caballeros que han tenido la amabilidad

de venir á caballo desde Valparaíso con el objeto de acompañarme para

volver á casa. Siento un verdadero pesar al despedirme de mis amables

huéspedes, que sobresalen por sus conocimientos y real distinción de

las demás familias que he conocido aquí desde hace tiempo. Empleamos

tres horas en llegar á mi casa, porque en muchos puntos el camino no

permite galopar; pero una linda puesta de sol, una deliciosa vista y la

agradable compañía hacen que no se sientan las dificultades del camino.

_Valparaíso, 17 de Agosto._--He ido al puerto para preparar mi viaje á

Santiago. Ahora que ha pasado la estación lluviosa, comienzo á sentirme

impaciente por conocer la capital; pero, aunque la distancia es sólo de

noventa millas, tengo que llevar cama y sábanas, porque las posadas,

excepción hecha de la de Casablanca, que es la primera, no cuentan con

esos artículos. Además, necesito mulas para mi equipaje; mi peón me

servirá de guía, y parece que emplearé tres días en el viaje.

En el puerto encontré al capitán Morgell, que tuvo últimamente el

mando del bergantín chileno _Aranzazú_, que se hundió mientras se

trataba de ponerle en descubierto la quilla para repararlo. Hace

veintiocho días que se vino de Guayaquil, en cuya época la plaza estaba

en poder de Bolívar, que hacía causa común con San Martín y le había

ofrecido mandarle 4.000 hombres de refuerzo para lograr la dominación

definitiva del Perú.

La población de Guayaquil, influenciada por los agentes de Lima, se

había estado conduciendo muy mal con los buques de guerra del Estado

de Chile, y hasta había amenazado hacer fuego sobre el _Aranzazú_ y

el _Mercedes_. Bolívar, sin embargo, los hizo entrar en orden, porque

si bien odia á los extranjeros y les tiene recelo, comprende que nada

puede hacerse sin ellos en el estado actual de la América del Sur[70].

FOOTNOTES:

[62] El escapulario es un pedazo de paño ó de seda, que en un lado

tiene bordada una cruz blanca en campo rojo, y en el otro las armas de

Aragón: se usa colgado del cuello, y me hace recordar el cordón de los

brahmanes. En el día de la Asunción, los que se han incorporado á la

_Hermandad_, ó sociedad, pagan dos reales, y un real todos los meses

siguientes, por derechos de sepultación en el panteón consagrado á la

Merced. El escapulario es el recibo que los santos hermanos dan por el

dinero que perciben.

[63] Todas las órdenes para obtener provisiones para la escuadra

chilena encarecen particularmente que sean pagadas cumplidamente, y

que, en caso de no poderlo hacer, que se emplee la fuerza sólo con

las propiedades que se amparen bajo la bandera española, respetando

cuidadosamente la propiedad privada. (Véanse las órdenes impartidas al

_Araucano_, etc.) Tal fué la práctica constante de la escuadra mientras

estuvo á las órdenes de lord Cochrane.

[64] Son de recordar las palabras de Mme. Stäel, frente á la estatua de

la Libertad: “Oh, Liberté! que de crimes on commet dans ton nom”.

[65] _Luca_ dice el original.--(_N. del T._)

[66] Según se dice, este juego es indígena; antes de la llegada de los

españoles se jugaba á pie; pero desde la introducción del caballo, todo

se hace aquí de á caballo.

[67] _Santa Dolores_ dice el original.--(_N. del T._)

[68] Sólo el 10 de Agosto se recibió la noticia directa del voto del

Congreso para el reconocimiento de la independencia de Chile, que fué

aprobada por una mayoría de 191 votos contra un solo voto disidente; en

el Senado hubo 37 votos por la afirmativa y 17 por la negativa.

[69] El capitán Graham era uno de los guardia-marinas más nuevos de

la _Thetis_ cuando lord Cochrane era ya de los más antiguos. Sir A.

Cochrane era el capitán del buque.

[70] Esta señora hubiera hecho mejor en sólo hablar de lo que vió,

oyó y pudo juzgar. Si todos sus informes tuvieran la validez de éste,

caería por tierra el libro.--(_El Editor._)

22 DE AGOSTO DE 1822.-13 DE MARZO DE 1823

_22 de Agosto._--Comencé mi viaje á Santiago. Era mi compañero el

honorable Federico de Roos, guardia marina del navío de S. M. B.

_Alacrity_, y llevaba conmigo á mi criada y un peón con tres mulas para

el equipaje. Nos acompañaron hasta la primera casa de postas, á unas

doce millas de Valparaíso, varios amigos de ambos sexos que habían

almorzado con nosotros.

En vez de subir las alturas del puerto por el ancho camino carretero

que Chile debe al padre del actual Director, tomamos el antiguo, que,

por ser más corto que aquél, es todavía preferido, á pesar de su poca

comodidad, por los leñadores y, á veces, por las recuas de carga.

Este camino es sumamente escabroso y cortado en muchas partes por las

lluvias de invierno, que, acopiándose en las mesetas superiores, se

precipitan cerro abajo y abren profundos surcos en el blando suelo

rojizo.

Cuando llegamos á la cumbre vimos extenderse ante nosotros una inmensa

llanura llamada “los Llanos de Peñuelas”, limitada á lo lejos por

cerros sobre cuyas cimas se destacaba la nevada cordillera de los

Andes. Atraviesan esta llanura numerosos riachuelos y pacían en ella

algunos rebaños de ganado mayor; pero carece de árboles.

Hay al fin de ella otra casa de postas, pasada la cual entramos en un

camino que va serpenteando al través de una cadena de cerros que separa

los Llanos de Peñuelas de los de Casablanca. El pastoral y pintoresco

aspecto de este paso nos hizo recordar á Devonshire con sus verdes

colinas, sus arroyuelos y rebaños. Saliendo de él, un camino recto y

completamente plano, de unas doce millas de largo, conduce á Casablanca.

Los campos, á uno y otro lado, están casi enteramente cubiertos de

espinelas ó mimosas, cuyas fragantes flores perfuman la atmósfera, y el

suelo tapizado de césped, anémonas silvestres, onagras blancas, azules

y amarillas, ornitógalos, saxífragas y una gran variedad de malvas y

diminutos geranios. Pero la estación es aún demasiado temprana para la

mejor y más bella parte de Chile.

Casablanca es una pequeña villa con una iglesia, un gobernador y varios

administradores de justicia, y envía un representante á la convención.

Es célebre por su mantequilla y otros productos análogos; pero debe su

principal importancia á que es la única población que hay en el camino

entre el puerto y la capital, como también el punto en que se reúnen

los productos de varios distritos vecinos para ir de allí á Santiago y

á Valparaíso, ya para la exportación, ya para el consumo del país.

Redúcese el pueblo á una larga calle y una plaza, pero la mayor parte

de la población de la parroquia reside en las haciendas vecinas. En un

costado de la plaza levántase la pequeña iglesia; ocupan los otros tres

dos posadas y algunas quintas y huertos, y en el centro tiene lugar

una vez al año una corrida de toros, en tan pequeña escala, que los

santiaguinos han hecho de ella un tema de risas y, con no poco disgusto

de los habitantes del pueblo, han puesto en escena una comedia titulada

_La corrida de toros de Casablanca_. Ignoro si Casablanca tiene algún

otro título literario á la celebridad, á no ser quizás, el capítulo de

los Viajes de Vancouver en que éste equipara la construcción de sus

casas con la de las de Valparaíso.

Dice allí, si mal no recuerdo, que ellos enseñaron á la gente de Chile

el uso de escobas para el barrido de las casas, suposición que ha

herido mucho á los chilenos, que son notablemente aseados y barren sus

casas por lo menos dos veces al día.

El capitán Spencer ha tenido la amabilidad de acompañarnos hasta aquí.

El viaje á caballo, que sólo es de treinta millas, me fatigó poco, pero

mi pobre criada ha llegado tan rendida de cansancio, que me arrepentí

de haberla traído, pues aún no llevamos sino la tercera parte del viaje.

Sin embargo, una noche de descanso en camas tan buenas que no quise

sacar las nuestras del equipaje, una excelente comida y un almuerzo

mejor aún, restauraron de tal modo nuestras fuerzas, que ya no dudamos

que amaneceríamos con nuevos ánimos para proseguir el viaje.

El dueño de la posada es un negro británico que algo conoce de las

comodidades á que están acostumbrados los ingleses, y en realidad ella

ofrece al viajero un lugar de descanso bastante satisfactorio.

_23._--El capitán Spencer fué con nosotros hasta la Cuesta de Zapata,

cerro muy escarpado por el cual el camino sube serpenteando de tal

manera que forma diez y seis mesetas, una sobre otra, que presentan un

singularísimo aspecto vistas en perspectiva desde el largo camino recto

que va directamente de Casablanca hasta la Cuesta.

El campo de este lado de la ciudad parece mucho más fértil que el que

pasamos ayer; entre los grupos de espinelas veíanse espaciosos claros

pertenecientes á diversas propiedades rústicas. El camino corre entre

dos filas de hermosos árboles: maitenes, sauces del país, molles y

otros árboles de hoja perenne, que eran más y más numerosos á medida

que nos acercábamos á la Cuesta, y formaban matorrales y bosquecillos

en las profundas cañadas que interrumpen el camino.

Al pie del cerro nos dejó el capitán Spencer, con gran pesar mío,

pues si en cualquier parte es grato tener un compañero inteligente y

simpático, lo es mucho más á tan grande distancia de Europa.

Me asombra no haber oído nunca encarecer la belleza de este camino.

Quizás los comerciantes que lo frecuentan van preocupados durante sus

viajes de las ganancias y pérdidas mercantiles; y los oficiales de la

marina inglesa, que van á la capital en busca de diversiones, piensan

demasiado en los entretenimientos que les esperan para fijarse en las

bellezas del camino. Este me recuerda algunos de los más hermosos

paisajes de los Apeninos.

El onduloso valle llamado Cajón de Zapata, que se desplegó á nuestra

vista cuando llegamos á la cumbre, sus boscosas hondonadas y las

nevadas montañas en el horizonte, formaban un bellísimo paisaje. El

cielo estaba sereno, y la temperatura era deliciosa. En una palabra,

aquello habría sido un paraje de Italia á no faltar allí los edificios

y templos, signos de la presencia del hombre; pero aquí todo es aún

demasiado nuevo, tal que uno casi no se sorprendería de ver salir un

salvaje de entre los árboles más próximos ó de oir rugir una fiera

desde el cerro.

Cuando pudimos resignarnos á dejar el hermoso sitio desde donde

dominábamos el espléndido panorama, descendimos al valle y dimos

descanso á los caballos en la casa de postas. Mientras éstos

descansaban, la dueña de casa nos obligó á entrar y compartir su

comida. Es una casa de campo de decente aspecto, y no una posada, aun

que está instalado allí el servicio de postas.

Sirviéronnos el popular _charquican_, preparado con carne fresca y

seca y diversas legumbres y sazonado con _ají_, ó pimienta chilena,

en una gran fuente de plata; y á cada una de las ocho personas que

nos sentábamos á la mesa se le distribuyeron cubiertos de plata.

Leche, harina de maíz y aguardiente completaban la comida. Por fin,

descansados ya nosotros y las cabalgaduras, proseguimos el viaje,

habiendo tomado la delantera el peón y las mulas.

Saliendo del Cajón de Zapata, entramos al largo y profundo valle en

que se encuentran Curacaví y Bustamante. El primero de esos pueblos se

extiende graciosamente al pie de un cerro, entre huertos y jardines y á

las orillas de un ancho riachuelo llamado Estero de Curacaví, que nace

de una hondonada distante, y cuyo vado se encuentra precisamente en el

punto más pintoresco de esa comarca.

Bustamante es un villorrio, y debe su nombre al del mayorazgo á que

pertenece; está situado bajo una parte de la serranía que forma la

Cuesta de Prado, y poco hay en él que sea digno de mencionarse. La casa

de postas esta á cargo de una muy atenta y amable señora, de edad ya

avanzada, que nos proporcionó sabrosa carne de cordero con excelente

vino y un aseado dormitorio.

El piso de éste es de tierra, en que se hallan afianzadas varias

armazones de madera que sirven de lechos. Sobre ellas acomodamos

nuestras camas, y dormimos perfectamente.

Mi criada era, como antes, la más cansada de todas, lo que prueba que

la juventud y la salud no siempre son los más resistentes compañeros

de viaje. Acostóse ella mientras yo me ocupaba en escribir y hacer los

preparativos para la mañana siguiente.

_24._--A las siete nos pusimos de nuevo en marcha, acompañados del peón

Felipe, y como á una milla de Bustamante se nos agregó sencillamente y

sin ceremonias otro peón, que conducía carga, é hizo con nosotros el

resto de la jornada.

Como el nuevo camino de la Cuesta de Prado da una vuelta de varias

millas, Felipe tomó la acertada determinación de llevarnos por el

antiguo sendero, abierto en la sierra, que si no hubiéramos estado ya

algo acostumbrados á la vista de los precipicios, nos habría infundido

terror.

Más ó menos á media milla de Bustamante abandonamos el camino de

O’Higgins y entramos en lo que aquí llaman un _monte_[71], ó espesura

de bellos arbustos, con algunos grandes árboles de trecho en trecho.

Los gigantescos cardones, que aquí y allá sobresalen de entre los

arbustos, dan al paisaje un carácter especial muy pintoresco. Como en

el centro del monte, en un extenso espacio desprovisto de vegetación,

vimos un interesante espectáculo.

Diario de su residencia en Chile (1822) y de su viaje al Brasil (1823) · 第 18 / 35 段