Es probable que la América del Sur esté libre de invasiones mientras la

Europa permanezca tranquila, y que España se reponga de las locuras de

la guerra civil; pero si alguna de las potencias que no han reconocido

la independencia de estos Estados llegara á entrar en guerra con

España, ¿quién podría asegurar que, aprovechándose de no haber hecho

ese reconocimiento, no quisieran apoderarse de una parte de ellos

como provincias que de _jure_ pertenecen á la madre patria? Confieso

que una invasión francesa (porque no puedo creer que Inglaterra fuera

tan malvada) sería para estos nacientes Estados una de las mayores

calamidades, de la que sólo puede defenderlos una fuerza naval.

Hoy he conversado con Zenteno como me lo ha permitido mi imperfecto

conocimiento del español. Parece verdaderamente deseoso del bien de

Chile; pero su ignorancia respecto de las cosas que más contribuirían

á ello es sorprendente. La mañana pasó agradablemente; nos sentamos á

una mesa provista de cuantas regalías pueden ofrecer Europa y América,

y nos divertimos quizás algo inconsideradamente con la glotonería del

cura de la Placilla, aldea situada cerca de la boca del río Ligua, que

corre hacia la bahía de Quinteros, y en cuyas márgenes se halla la

ciudad de la Ligua, famosa por sus pastos y sus crías de caballos.

El pobre cura, que había sido obsequiado en varias ocasiones con

cerveza inglesa por sus amigos, tomó el champagne por _cerveza blanca_

y se puso á beberlo como tal, declarando que incondicionalmente le

daría la absolución por cien años á todo el que se embriagara con tan

divino licor, é indudablemente se hubiera transformado en un segundo

Caliban y hubiese adorado al bodeguero si un accidente no hubiese

venido á llamar nuestra atención. Una pieza de la máquina se había

descompuesto por estar mal ajustada y ser esta la primera ocasión en

que se hacía una prueba á toda máquina en estos mares, de modo que el

viaje quedó interrumpido precisamente cuando enfrentábamos á Quinteros.

Teníamos el viento á proa; pero como estábamos tan cerca, se votó por

aclamación que siguiéramos adelante, y en consecuencia, nos confiamos

á la marea para que nos llevara al puerto. Pero no siempre ocurren las

cosas conforme á nuestro deseo, y así se nos vino encima la noche, una

noche pavorosa, fría y neblinosa. Los que no estaban acostumbrados al

mar, comenzaron á sentirse cansados y aburridos: el cura y los demás

partidarios de la _cerveza blanca_, comenzaron á sentir sus efectos,

junto con los de los vaivenes del buque, que zapateaba al empuje de las

olas, que comenzaban á agitarse impelidas por un viento contrario; de

suerte que todos resolvimos irnos á acostar.

Poco después que los pasajeros estuvieron acostados, se largaron las

velas, que hasta entonces se habían tenido recogidas, tan seguros

estábamos de nuestro viaje, y lo primero que aconteció fué que las

dos chimeneas de la máquina fueron á estrellarse contra el trinquete.

Después aumentó el viento y el mal tiempo y todo el aparejo comenzó á

correrse, hasta que por fin, en la mañana, nos encontramos más lejos

que nunca del lugar de nuestro destino.

El almuerzo, sin embargo, nos dió valor y se resolvió que nos

aguantaríamos unas cuantas horas más; pero el tiempo comenzó á empeorar

cada vez más y el cielo á ponerse cada vez más negro, de modo que, por

último, hicimos rumbo á Valparaíso, donde desembarcamos á las dos de la

tarde.

Un gran placer nos esperaba, que algo nos consoló del fracaso de la

expedición, si es que las noticias públicas pueden consolarnos de las

decepciones privadas. Mister Hogan me saludó en la playa con la buena

nueva de que el Congreso de los Estados Unidos había reconocido la

independencia de las colonias hispano-americanas de Méjico, Colombia,

Buenos Aires, Perú y Chile. Este es, en realidad, un paso adelante

que vale, naturalmente, por veinte: los Estados Unidos, que acaban de

emanciparse del yugo de la madre patria, son los naturales protectores

de la independencia de sus hermanas americanas; además, la moral de

la historia política de la época habría sido menos interesante si

cualquier otro Estado hubiese dado el ejemplo[68].

Comí en casa del señor..., donde estuvo lord Cochrane en la noche,

y pudimos presenciar una escena que nunca olvidaré. Mr. Bedett,

secretario de su señoría, llegaba de Santiago, donde había estado de

servicio, y venía acompañado del coronel don Fausto del Hoyo. Este

caballero había sido tomado prisionero por lord Cochrane en Valdivia, y

su señoría había obtenido del gobierno la promesa que el coronel sería

tratado con generosidad. Sin embargo, en cuanto el almirante abandonó

las costas, tuvo que sufrir el coronel del Hoyo las mismas injustas

y crueles restricciones que se les imponía á todos los prisioneros

de guerra, cualquiera que fuera su rango. Fué arrojado á una obscura

prisión, donde se le detuvo sin fuego, sin luz, sin libros, como si

el cruel tratamiento individual de los prisioneros hubiese de obligar

á España á reconocer la independencia de Chile. Ahora había salido en

libertad bajo palabra, gracias á la intervención de lord Cochrane, y

nunca, nunca olvidaré la ferviente expresión de reconocimiento, no

sólo de palabra, con que saludó á su generoso vencedor, ni la cumplida

y modesta manera con que su señoría las recibió y les puso término.

Después que hubo pasado esto, no me maravillé de que, á pesar del

contratiempo que habíamos experimentado á bordo del vapor, su señoría

tuviese el ánimo mejor que nunca.

_Julio 8._--Hoy día estuvo á visitarme un joven nacido en Cundinamarca,

pero educado en Quito, que desea que yo lo ponga en vías de

perfeccionar su gran talento natural para el dibujo. Ha estado antes

algún tiempo en el buque de lord Cochrane, en no sé qué puesto, y ha

manifestado poseer un notable gusto en algunos bocetos de costumbres,

etc. El pueblo de Quito se enorgullece de conservar esa excelencia

en la pintura que distinguió á sus predecesores del tiempo de los

Pizarros. Los sacerdotes cristianos han introducido los modelos y

la práctica europea; pero el talento para las artes imitativas es

inherente á todos ó casi todos los quiteños; la verdad es que los

pintores, sean de retratos ó de historia, que se encuentran en diversas

partes en la América del Sur, son casi todos quiteños. Mi alumno es

agradable y perseverante, si bien algo indolente; está dotado de

muy buen sentido y de un vivo sentimiento poético. Si yo lo tuviera

en Europa, donde pudiera hacerlo ver buenas pinturas, y sobre todo

buenos dibujos, no dudo de que llegaría á ser un buen pintor; pero

aquí, donde no tiene nada que ver que sea mejor que lo suyo, hay

pocas probabilidades de que progrese gran cosa. He oído extravagantes

alabanzas de los cuadros de varios pintores sur-americanos; pero

dábanlas personas que probablemente nunca han visto un cuadro europeo

de primer orden, porque muchas veces ponderaban al mismo tiempo las

esculturas de los propios pintores, poniéndolas en las nubes. Con

mayores datos he llegado á darme cuenta de que la escultura que se

practica aquí consiste en tallar la cabeza, las manos y los pies de los

santos que hay que vestir. Estos los pintan después, y no dudo de que

producen una fuerte impresión de realidad; pero esto no es escultura.

La escultura no es la imitación, si no el perfeccionamiento de la

Naturaleza; así es que, sólo con cierta desconfianza he oído hablar de

espléndidas novedades de cuadros y esculturas hechas por mano de los

naturales que, según dicen, adornan las iglesias de Lima y de Quito.

Las que yo he visto aquí en el templo de la Merced, por ejemplo, están

buenas para el local y son evidentemente de algunos de los frailes

españoles, que han decorado sus iglesias á la usanza europea, con todo

el esplendor que les han permitido sus circunstancias. Los retratos que

he visto son ciertamente un punto mejor que los retratos de la China,

pero son igualmente duros, y si bien las Vírgenes tienen cierto aire de

gracia que recuerda algo el de las antiguas Madonas, pintadas antes del

Renacimiento del Arte, están mal dibujadas, y sobre todo mal acabadas.

No creo que haya actualmente en todo Chile un solo pintor, nacional ó

extranjero, y me duele pensar que tiene todavía que atender á muchas

cosas de importancia más apremiante que las bellas artes.

_10 de Julio._--El capitán... estuvo á almorzar hoy conmigo y después

tuvo la amabilidad de acompañarme á hacer una jira de visitas, para

corresponder á las que he recibido aquí de las señoras inglesas. Es

curioso, á esta distancia de la patria, ver tipos como los que sólo se

encuentran entre los Brangtons, de la _Cecilia_, de madame D’Arblay, ó

como las Mrs. Elton, de las admirables novelas de miss Austin; y con

todo, éstas son las personas más aptas para vivir aquí.

El país es nuevo; el gobierno no está reconocido por el nuestro; los

comerciantes que aquí vienen son, por lo general, comisionistas ó

vendedores al detalle de casas al por mayor establecidas en países

más grandes y más viejos. Como á todos los ingleses, desde el más

encumbrado al más humilde, les agrada tener su _home_ consigo, no

hay dependiente que aquí llegue que no traiga á su mujer ó que no

la encuentre aquí de su misma condición, de donde resulta que esta

sociedad, por lo menos en lo que á los ingleses se refiere, es de muy

mal tono.

Las simpatías del corazón son tan vívidas entre ellos, sin embargo,

como entre las clases más cultas; de modo que si en un momento nos

apartamos disgustados del hombre que llama familiarmente á su mujer con

un apodo, luego podemos, con respeto, admirar en él al hombre que ha

acogido y consolado bondadosamente al enfermo y al moribundo, en cuya

casa ha encontrado un asilo y en cuya familia ha tenido los mejores

servidores más de uno de sus compatriotas, cuya existencia ha terminado

lejos de sus amigos y de su tierra natal.

_16._--Hoy hemos tenido dos ligeros remezones de tierra. Las

sensaciones que ocasionan son peculiarmente desagradables.

En todas la demás convulsiones de la tierra, siempre parece posible

hacer, ó por lo menos intentar, algo para evitar el peligro. En la

tempestad, gobernamos el buque en demanda de puerto seguro; los

pararrayos nos prometen apartar el rayo de nuestras cabezas; pero un

temblor parece que conmueve los cimientos mismos de la tierra, y se nos

ocurre que es tan difícil escapar como refugiarse bajo techo. El efecto

físico es igualmente desagradable: puede compararse al mareo.

No porque sean aquí frecuentes los temblores se han hecho insensibles á

ellos los habitantes. Recuerdo haber visto en las callas de Valparaíso

personas que salían corriendo, caían de rodillas y se encomendaban

á todos los santos. En el campo, los campesinos dejan de mano el

trabajo, se quitan el sombrero, golpeándose el pecho, y claman:

_¡Misericordia!_, abandonando las casas. Uno de los temblores de hoy

duró cerca de un minuto; fué acompañado por un recio ruido, como el de

un repentino escape de vapor de una caldera.

Se dice que los temblores son más frecuentes á principios de la

estación lluviosa. Algunos, sin embargo, han fijado los meses de

Octubre y Noviembre como más sujetos á ellos; pero no sé en qué datos

puedan fundarse para asegurarlo. Algunos escritores han dicho que las

provincias de Coquimbo y Copiapó está exentas de ellos; lo cierto

es que, durante los últimos cinco años, Coquimbo ha sido totalmente

destruído dos veces, y Copiapó seriamente damnificado y casi arruinado

otra vez. Hace como noventa años ocurrió un temblor en Valparaíso,

durante el cual el mar se desbordó sobre el Almendral; casi por el

mismo tiempo fué destruída por otro cerca de la tercera parte de

Santiago.

_18._--A los temblores han sucedido dos días de incesante lluvia, pero

el termómetro no ha bajado de 50°, á pesar de hallarnos á mediados del

invierno. El estero que corre entre el Almendral y mi quinta ha crecido

tanto, que durante estos dos días no ha habido comunicación posible con

la ciudad, y ayer se ahogó un hombre que trataba de pasarlo. Circula la

noticia de que el gobierno se unirá con el del Perú para dar un ataque

sobre Arica, donde se han hecho fuertes otra vez los españoles, y de

que el almirante mandará la expedición. Esto no es probable. En primer

lugar, su señoría se ha ido á su fundo, haciendo uso de una licencia

de cuatro meses; y después los buques de la escuadra chilena no se

encuentran en estado de hacerse á la mar; además, como hasta ahora no

han sido pagados los oficiales ni los marineros, no es posible que el

gobierno piense ocuparlos.

_22._--Continúa el mal tiempo, si bien en algunas ocasiones hay un

poco de sol. Me he deleitado leyendo los primeros libros nuevos que

he visto en Chile: los _Foscari_, el _Caín_ y el _Sardanápalo_, de

lord Byron. No puede escribir sin sacudir nuestros sentimientos. En

_Foscari_ hay páginas que, aparte de la magia que tienen para mí,

distante como me hallo de mi patria, habrán de impresionar hondamente

á muchos corazones. La lectura de estos dramas me ha proporcionado un

gran deleite, y es éste el primero que tengo desde hace días.

_Julio 24._--Hoy fuí al puerto á comer en casa de mis amigos los H...,

y mientras me hallaba ahí recibí la noticia de la primera reunión

que celebró ayer la asamblea constituyente, que, según parece, se ha

abrogado además las atribuciones de una asamblea legislativa; quizá es

difícil separar ambos caracteres. Asistieron treinta y tres miembros y

estuvieron ausentes siete.

El director asistió á la apertura de la convención, y su llegada fué

anunciada por una _salva_ de artillería, sin la cual nada se hace aquí.

Abrió la sesión con un corto discurso en que hizo referencia á los

errores y á la prematura disolución de la convención de 1810, augurando

para la presente un resaltado más feliz.

Los convencionales procedieron entonces á la elección de un presidente

y vicepresidente; en seguida, entre los gritos de “¡Viva la Patria!”

“¡Viva la convención!” el director presentó un mensaje, que hizo leer

rápidamente, y se retiró.

El documento contiene una alocución congratulatoria á la convención;

un rápida bosquejo de la vida política del director; algunos consejos

sobre las medidas que deben proseguirse; un estado de las necesidades

del país, y concluye con la renuncia de su autoridad.

Todo el mensaje hace mucho honor al director, excepto la renuncia.

Esta constituyente ó, como la llaman, convención preparatoria, no es

competente para aceptarla. Es verdad que parece que sus miembros lo

han comprendido así, porque han insistido en que reasuma su autoridad,

y después de un largo y estudiado discurso del vicepresidente sobre

los romanos, los cartagineses y los fenicios, una diputación fué á

saludar al Director y, confiriéndole de nuevo el cargo, le reiteró las

manifestaciones de agradecimiento debidas á los actos de su pasada

administración. Considero esta transacción como un engaño de ambas

partes; la convención preparatoria, elegida por el Director mismo, no

era la asamblea aparente en cuyas manos pudiera renunciar la autoridad

que se le había conferido al recobrar la libertar de Chile, después

de la jornada de Chacabuco, ni él tampoco podía recibir de manos de

semejante convención la renovación de su autoridad. En cambio si se

hubiese reunido una asamblea elegida por el pueblo, aunque fuese en

la forma, ambas cosas habríanse verificado correctamente; quizá yo

me equivoque, ya que él ha de conocer mejor á sus conciudadanos.

Naturalmente, la instalación de la convención ha ocasionado un gran

regocijo entre las mujeres y mucha especulación entre los hombres.

Algunos están calculando de antemano las nuevas tarifas de aduana;

otros el número de leyes antiguas que hay que derogar y de las nuevas

que hay que dictar. Muchos se asombran de que no se haga ninguna

provisión especial para la marina de Chile y para el pago de ella y de

su ejército, que se encuentran impagos, tanto que ni los soldados ni

los marineros se hallan en estado de ser llamados al servicio en caso

de necesidad. Pero Chile se considera seguro, y el ministro Rodríguez,

procediendo conforme al principio de que la riqueza individual hace la

prosperidad pública, está haciendo especulaciones privadas en compañía

de su amigo el comerciante Arcos, y comprando con el dinero del

gobierno todo el tabaco y los alcoholes que existen en el mercado para

aprovechar los pesados derechos con que trata de gravar esos artículos

el nuevo _reglamento_.

_30 de Julio._--Como aquí no existen sitios de público entretenimiento

para la juventud, los ingleses, cuando tienen que celebrar un día de

fiesta, organizan, con el nombre de _pic-nics_, sus excursiones á los

cerros y valles vecinos, adonde van en partidas de á caballo, y pasan

corriendo, comiendo, bebiendo y bailando alegremente. He tomado parte

en uno de los _pic-nics_ más serios de esta clase y he andado á caballo

la mayor parte del viaje en compañía de mis más jóvenes amigos, á veces

sobre rocas escarpadas, otras entre cañadas y boscosos barrancos, y

aquí y allí por pequeñas vegas donde crecen los hongos más hermosos

del mundo. Los duraznos y los cerezos están en flor, y todo tiene

un aspecto alegre y risueño. La mayor parte fuimos á caballo hasta

el sitio de _rendez-vous_, en el Valle de las Palmas; pero algunos

prefirieron el reposado transporte de una carreta chilena tirada por

cuatro nobles bueyes, que tenían que arrastrar el peso adicional de

una excelente comida.

El sitio se hallaba al pie de una escarpada colina cubierta de

arrayanes; de dosel teníamos, colgada como los cortinajes que Claude

introduce á veces en sus paisajes, la estrellada bandera de los Estados

Unidos, cuyo cónsul era el patrono de la fiesta, y cerca de nosotros

corría un esterito de limpias aguas. Las bondadosas mujeres de los

_ranchos_ vecinos vinieron á rodearnos y nos auxiliaron en nuestros

pequeños arreglos, trayéndonos flores y ayudándonos á cortar el arrayán

con que hicimos nuestros asientos. Algunos pasaron muy felices;

desgraciadamente, la felicidad no es lo que florece todos los días, y

no son muchas las manos destinadas á arrancar la rama de oro; por mi

parte he pasado tan bien el día como no me lo hubiera imaginada tres

meses atrás.

_2 Agosto._--Mr. Hogan me trajo de visita al juez Prevost, cónsul

general americano, que actúa también en cierto modo como ministro.

Pertenece á la familia Prevost, de Ginebra, que ha dado varios

ciudadanos respetables y algunos notables, tanto á los Estados Unidos

como á Inglaterra. Tiene un vivo interés por la suerte de Chile y mira

á esta naciente República con la simpatía que su propio país y el de su

padre le dan derecho á sentir. Pero estoy segura de que yerra al tratar

de inculcar en el gobierno la idea de que á Chile no le convendrá

mantener buques de guerra ni mercantes durante cien años por lo menos

y que debiera alquilar los primeros y emplear transportes extranjeros

en lugar de los segundos; es tan palpable el interés de la nación que

saldría gananciosa en caso semejante, que me asombra cómo el juez no

ha tenido para sostenerlo la menor vacilación. Es que la sencillez

de pensamiento de los chilenos no puede competir con la sagacidad

ginebrina, unida á la especulación norteamericana.

_4 de Agosto._--Las circunstancias que han obligado á suicidarse

al capitán de un buque mercante americano han despertado un gran

sentimiento de interés: hace dos años naufragó en las inmediaciones

del cabo de Hornos, de donde llegó á este puerto con uno ó dos

compañeros de penuria, después de haber recorrido la costa en un

bote ballenero, alimentándose de mariscos y de focas. De vuelta á

Norte-América, donde tenía mujer é hijos, empleó la mayor parte de

sus recursos en armar un ballenero, con el que esperaba resarcirse de

sus pasadas pérdidas, y á bordo del cual entró otra vez al Pacífico.

Al cabo de mucho voltejear, recaló en Valparaíso sin un solo pescado;

después de vagar en tierra dos ó tres días en lamentable estado de

desesperación, recogióse á su camarote, escribió unas cartas para su

familia, dejó instrucciones para que su cuerpo fuese entregado á las

olas, ¡y se descerrajó un tiro!

_5 de Agosto._--Las noticias que llegan del Sur no son de lo más

agradable: ha habido en Valdivia una conspiración que ha sido debelada

gracias á una estratagema. En cierta reunión, organizada no sé con

qué pretexto, todos los oficiales implicados quedaron colocados cada

cual al lado de la persona encargada de apresarlos, lo que se hizo,

en consecuencia, fácilmente. Todavía no se ha resuelto nada acerca de

ellos.

Con éste y otros motivos, y especialmente por la falta de provisiones,

la expedición que debía partir para Chiloé á las órdenes de Beauchef,

protegida por la _Lautaro_, ha sido aplazada, sin que haya esperanzas

de que salga en esta estación; de modo que Quintanilla dispondrá

todavía de un año más para desplegar su lealtad, comparable á la de los

antiguos caballeros de los romances. Encerrado en el pequeño puerto de

San Carlos, rodeado por una indiada enemiga, amagado por las tropas

regulares y la flota chilena, falto de toda comunicación directa ó

indirecta con la madre patria, no por eso ha flaqueado un solo instante.

_12 de Agosto._--Mr. D. estuvo á almorzar conmigo y después me acompañó

á caballo hasta Concon, parroquia situada á 15 millas de aquí, en

la ribera del río Aconcagua. Este río nace en el paso de los Andes

denominado la Cumbre y riega el fértil valle de Santa Rosa y la florida

región de Quillota. La jornada es agradable, no obstante lo malo del

camino, que en Inglaterra apenas si sería considerado transitable; sólo

en los Apeninos he visto caminos peores. En muchas partes va al borde

de precipicios.

Desde Valparaíso á Viña del Mar, sobre el estero de Marga-Marga, el

panorama es el mismo que en los alrededores del puerto. Escarpados

cerros y rocas completamente cubiertas de arbustos floridos; escaso

cultivo, salvo en los valles formados por los ríos y que se abren hacia

el mar, donde todo rancho se ve rodeado de huertos y de sembrados de

cebada. El océano está siempre á la vista: unas veces rompiendo al pie

de las escarpadas rocas que íbamos cruzando, otras bañando mansamente

las amarillentas arenas de la desembocadura de los ríos que riegan los

valles cultivados.

El panorama comienza á cambiar en Viña del Mar, hacienda que pertenece

á una rama de la familia de los Carreras. La llanura se abre y se

ensancha, las viñas y los _potreros_ tienen más extensión, los arbustos

toman casi la apariencia de árboles; en los cerros hay frecuentes

mantos de pasto fino, donde el ganado encuentra abundante forraje, y

aquí y allá palmas que adornan los costados del valle. La vista de

las inmediaciones hace recordar algunos de los más lindos sitios del

Devonshire; pero los cerros de Quillota, entre los cuales descuella el

volcán Aconcagua, que forma un punto culminante en el cordón central de

los Andes, no tienen nada que se les asemeje, no sólo en Inglaterra,

sino en la Europa entera.

Las altas montañas de Suiza se ven siempre desde un punto

extremadamente elevado; aquí, desde la playa se divisa toda la masa de

la cordillera, situada á noventa millas de distancia. Esto le da al

paisaje en Chile una peculiaridad que lo distingue hasta en sus cálidos

colores de todo cuanto he visto anteriormente.

El propietario de Viña del Mar está mejorando su hacienda en todo

sentido: se están levantando millas de cierros; va desapareciendo el

monte; en los valles se ve el trigo, y la mejor clase de ganado está

poblando los cerros. La excavación de los surcos y canales se hace

todavía con la pala de madera. Es verdad que he tenido oportunidad

de ver á un hombre que trabajaba en su huerto con una paletilla de

carnero amarrada á un palo á guisa de pala, y he leído que los antiguos

habitantes de Chile araban sus tierras con astas de cabras y huesos de

buey.

Después de Viña del Mar, aumenta la pintoresca belleza del paisaje,

hasta que por fin se abre el risueño valle que forma el río, sin otros

límites que el océano y la cordillera.

Encontré que mis amigas, la señora Miers y su hija, á quienes iba á

visitar, andaban en los cerros ocupadas en buscar raíces bulbosas, que

aquí abundan mucho. Inmediatamente fui á acompañarlas y nos volvimos

á pie á la casa, que está cerca del río, no muy cerca, sin embargo,

porque las creces del invierno amagan mucho los planes vecinos.

Diario de su residencia en Chile (1822) y de su viaje al Brasil (1823) · 第 17 / 35 段