Tienen maneras muy decentes y hay en su mujeres cierta gracia y

amabilidad que lucirían en los salones más correctos y que hacen

que la falta de educación no sea tan insoportable como en nuestro

país, donde va siempre acompañada de la vulgaridad. Aquí la falta

de cultura hace que las mujeres tengan que recurrir á sus medios

naturales de persuasión, la gracia y las caricias, y si en esto entra

algo de astucia, es que ésta es la protección que la Naturaleza ha

dado al débil contra el fuerte. En Inglaterra una mujer ignorante es

una grosera, á excepción de una entre diez, y como tal se conduce y

como tal trata á los demás. Aquí, la simplicidad de la naturaleza se

aproxima á la más refinada educación, y una jovencita inglesa, bien

nacida y educada, no se diferencia mucho en las maneras de una niña

chilena.

_Junio 12._--Después de tres días de lluvia, la mañana de hoy es tan

hermosa “como aquella en que fué creado el paraíso”; así, pues, pasé

la primera mitad de ella en el jardín y la otra mitad vagando por las

quebradas en busca de flores silvestres. Desde luego, en el arenoso

sendero vecino encontré una variedad de la amapola amarilla, algunas

malvas de las que son comunes en Inglaterra y otras de cultivo,

rojizas; verbenas, dos ó tres clases de trébol, hinojo y una pequeña

malva escarlata de diminutas flores. Estas, y tres ó cuatro geranios,

las acederas, los llantenes, la alfalfa, que es el forraje usual aquí,

y varias flores más me hicieron imaginarme en un camino inglés. Una

de las plantas desconocidas que primero llamaron mi atención fué el

rojo y hermoso quintral, que algunos llaman la madreselva chilena por

su caprichosa semejanza con aquella enredadera, aunque es una planta

parásita y sin perfume. Hay otra florecita muy hermosa, parásita

también, que se llama aquí cabello de ángel (_cuscuta_), desprovista

de hojas, tiene en lugar de ellas largos tallos semitransparentes, que

al mecerse en el aire, colgando de los árboles á que se han adherido,

parecen copos de dorados cabellos, de lo que ha nacido el nombre de

la planta. La flor se da en gruesos y apretados racimos y tiene la

apariencia de la cera blanca, con un ligero tinte rosado en el centro;

es de seis pétalos, más ó menos del porte de las flores sencillas del

lirio del valle, y muy fragante. La gente del país considera estos

parásitos como emolientes y los aplican en las heridas. Pronto me

encontré con mi conocimiento de las plantas agotado, y entonces cogí

un gran puñado de toda clase de hojas y de flores para llevarlas donde

un vecino que tiene reputación de ser muy buen conocedor; mientras

caminaba, iba recordando el apóstrofe de Clorinda á las hierbas que ha

cogido, y que es uno de los más bellos pasajes del acto segundo de la

_Pastora Fiel_.

Luego supe que el _culen_, cuyas virtudes he mencionado ya, es también

un encanto contra los maleficios. El _litre_, cuyas hojas levantan

ampollas en las manos, es tan acre que las personas que pasan á su lado

quedan con la cara hinchada, y es muy peligroso dormir bajo su sombra.

Sin embargo, con sus bayas se hace una bebida muy saludable; la madera

es dura como hierro y se usa para los arados.

La _algarrobilla_ es una pequeña y bonita acacia, que produce una

tintura negra, de la cual se hace la tinta ordinaria para escribir.

El _quilo_ es un arbustito rampante que da unas flores verduscas, á

las cuales suceden unas bayas, ó semillas encerradas en una envoltura

carnosa, que se divide en cinco segmentos y deja á la vista la semilla;

la baya es del porte de una grosella y tiene un sabor un poco ácido,

muy agradable: las raíces, hervidas, úsanse para restaurar al cabello

su primitivo color.

El _floripondio_ (_Datura arborea_) da una hermosa flor en forma de

embudo de diez pulgadas de largo por cuatro de ancho y de un color

blanco lechoso, cuyo suave perfume se hace sentir á la puesta del sol.

El _romerillo_ ó romero bastardo, se emplea en infusión para fortalecer

el estómago.

_Palqui_, hay de dos clases: una amarilla y otra de flores lilas; esta

última huele como el jazmín durante la noche; pero es muy desagradable

después de la salida del sol; la planta es útil para lociones en los

casos de hinchazones y erupciones cutáneas; pero muy dañina tomada para

el uso interno; su mayor consumo lo hacen los fabricantes de jabón,

porque da las cenizas más finas y en mayor cantidad que ninguna otra

planta.

La _hierba mora_ es una variedad de solanum, que se considera como un

específico para las afecciones de los ojos; hay una variedad muy bonita

de flores de un azul profundo, con hojas endentadas.

La _manzanilla_, llamada así porque su olor recuerda el de las

manzanas, es un amargo muy fuerte, semejante á la camomila, en cuyo

lugar se usa, y á la cual se parece por sus flores abiertas y listadas;

á la verdadera camomila se la llama aquí _manzanilla de Castilla_.

La _maravilla_ ó girasol crece abundantemente en los cerros vecinos,

donde proporciona un excelente alimento para el ganado. El _mayu_,

que pertenece al orden natural de las Lomentaceas, de Linneo, produce

unas vainas que contienen un polvo obscuro que sirve para hacer una

excelente tinta de escribir. La _pimentilla_ es una especie de salvia,

de espléndidas flores y de hojas de un gris ceniciento, que se usa para

los dolores reumáticos.

El _quillo quilloi_ ó lychnis blanco y la _tornatilla_, una malva, se

usan también en medicina; en la casa he visto atados de _cachanlagua_

seca ó centaurea ordinaria, que, según se me aseguró, es un remedio

soberano para los desgarros de sangre. Además de todas estas útiles

plantas he cogido la _flor del soldado_ (celsia escarlata), la _barba

de viejo_, arbusto que da unos pequeños racimos de flores apretadas, de

un olor parecido al de la reina del prado, la endromeda, y una fucsia

ordinaria; así es que, si se considera que no estamos en la estación de

las flores, no he podido andar más afortunada.

Me entristece saber tan poco de botánica, porque soy realmente

aficionada á las plantas. Me agrada ver su desarrollo y conocer su

procedencia y sus usos; pero me parece que la nomenclatura botánica ha

sido creada para mantener alejada á la gente de todo conocimiento real

de una de las más hermosas clases de objetos de la Naturaleza. ¿Qué es

lo que esos rudos vocablos tienen que hacer con cosas tan agradables

como las rosas, los jazmines y las violetas?

_Miércoles 19 de Junio._--Durante estos últimos días he pasado menos

sola. Mi amiga la señorita H. me acompaña y hemos hecho juntas varios

agradables paseos; además, he conocido á unos cuantos oficiales de

la escuadra chilena. El capitán Forster, que era el capitán más

antiguo, ha dejado el mando y, según se dice, ha presentado al Supremo

Gobierno la renuncia de su empleo; el otro día tuvo la amabilidad de

venir á dirigir la instalación de una estufa en mi saloncito. Hasta

ahora, había usado yo un brasero abierto; pero, como á pesar de ser

muy confortable, deja circular la humareda del carbón, que puede ser

dañino, he preferido colocar una estufa, que le da salida por la

chimenea. Son varias las casas que en la actualidad tienen estufas y

fogones ingleses; pero el consumo del carbón no es todavía muy general.

El carbón inglés es muy caro, y el que se extrae de la provincia de

Concepción, más ó menos de la calidad del carbón de Escocia, no se

explota todavía en cantidad suficiente para abastecer al mercado.

De los oficiales que en la actualidad pertenecen á la escuadra he visto

al capitán Crosbie, capitán de la insignia de lord Cochrane: es un

joven irlandés, cumplido caballero, inteligente y valeroso, como debe

serlo todo capitán de lord Cochrane.

Otro, es el capitán Cobbet, sobrino de _Cobbet_, que tiene mucho

del espíritu batallador de su tío y dotado también, si las señales

fisionómicas no son falsas, de no pequeña dosis de su mismo

engreimiento; todo se lo debe á lord Cochrane: educación y rango, tanto

en la armada inglesa como en la chilena, y goza de la reputación de ser

un excelente marino; lo encuentro correcto, inteligente y comunicativo.

Con todo, la persona que parece poseer particularmente los

conocimientos relativos á todas las cosas que me interesan, es el Dr.

Craig, cirujano de la _O’Higgins_. Hábil en su profesión, de buen

sentido, dotado de una racional curiosidad y de un entusiasta carácter

que cierta fría apariencia disimula, es una de las personas más

atrayentes que pueda encontrarse á este lado del cabo de Hornos, y por

eso me complace particularmente su amistad.

No deja de ofrecer cierto agrado que vengan á interrumpir de vez en

cuando nuestra soledad algunas personas que, como éstas, tienen un

carácter propio, ya que entre la sociedad inglesa que aquí se encuentra

existe una sensible proporción de ordinariez. Sin embargo, como la

vulgaridad, la ignorancia y la rudeza ocultan á menudo la bondad de

algunos corazones, y como es esta última la que he experimentado en

todos aquí, poco me acontece tener que lamentarme de lo grosero de la

corteza de la piña mientras saboreo las delicias de la fruta.

Ayer zarpó de aquí para Lima Mr. Thompson, uno de aquellos hombres

á quienes la verdadera filantropía cristiana ha traído á través del

Océano y de los Andes para difundir los beneficios de la educación

entre sus semejantes. Ha pasado algún tiempo en Santiago, donde, bajo

el patrocinio del Supremo Director, ha establecido una escuela de

instrucción mutua según el sistema de Lancaster.

En Valparaíso ha pasado también cierto tiempo dirigiendo la formación

de una escuela parecida, á cuyo sostenimiento se ha destinado la renta

de un monasterio clausurado.

El gobernador, con el cabildo y los oficiales militares en procesión,

acompañó á Mr. Thompson en la apertura de la escuela, á fin de darle

al acto toda la importancia posible, y me es grato decir que se tuvo

un buen resultado. Ahora es muy concurrida, y he encontrado á mucha

gente del pueblo que, de mañana, lleva allí á sus hijos. El gobierno

ha declarado solemnemente á Mr. Thompson ciudadano libre de Chile. Las

necesidades más apremiantes son para Chile la educación de las clases

media y superior y un gran número de manos de obra. Debiera decir

trabajadores productivos; pero la verdad es que escasean las manos

directa ó indirectamente productivas. No se cultiva ni la centésima

parte del suelo, que rinde de 16 por 1 en la costa, á 100 por 1 de

trigo en los terrenos más elevados; el rendimiento ordinario es de 60

en todas partes y en algunos puntos de 90 para la cebada y otro tanto

para el maíz; por otra parte, los frutos trasplantados aquí parecen

haber adoptado el suelo y aun mejorado en calidad y en cantidad en este

favorecido clima.

_20._--Hoy, con el deseo de procurarle un nuevo espectáculo á mi

joven amiga, hemos ido á pasear á lo que se llama aquí comúnmente _el

jardín_, y he pasado muy feliz todo el día. Cuando llegamos á la casa

de la dueña del jardín, encontramos á ésta sentada en el banco de

ladrillo que está delante de la puerta. Parece ser muy vieja; tiene

el pelo, que le cae en una sola trenza por la espalda, completamente

gris. Es alta y de muy buen aspecto de salud, y pronto llamó á tres

de sus cinco hijas para que fueran á recibirnos. La más joven de

ellas parece tener por lo menos cincuenta años: es alta, musculosa,

bien hecha, con restos de una decidida belleza, el paso ágil y la voz

agradable; adelantóse trayendo unas alfombras para que nos sentáramos y

naranjas para refrescarnos. Las otras dos, cuya apariencia es no menos

atrayente, se nos juntaron y nos invitaron á pasear por el jardín. No

hay en él ninguna de las flores de cultivo; pero el gusto de estas

mujeres ha adornado la arboleda de duraznos, cerezos y manzanos, con

todas las flores rústicas de la vecindad, algunas de las cuales crecen

cerca del pequeño arroyo que surca el terreno y otras se enredan en los

troncos de los árboles frutales que recién comienzan á florecer.

Yo desearía, sin embargo, ver todo esto cuidado con más aseo. Hasta Eva

escardaba su jardín y Adán tenía la obligación de adornar el terreno

que cultivaba. Nos mostraron un hermoso rincón de verdura situado en

el ángulo que forman dos colinas, donde la joven y bella lady Cochrane

acostumbraba á invitar á sus amigos á comer y á gozar del agreste

paisaje.

Parece que su alegría y vivacidad han producido una fuerte impresión

en la gente de aquí, que habla de ella con admiración y sentimiento.

De vuelta á la casa, pasamos por el jardín particular, donde vi por

primera vez el lúcumo (_Achraes lúcumo_) fruta rara aquí, pero que

abunda bastante en Coquimbo y florece muy bien en Quillota.

La simiente parece una castaña, está envuelta en una pulpa como el

níspero en la sustancia y de un sabor agradable y dulce. Hay también

el chirimoyo (una _anonna_, de las coadunatas del método natural de

Linneo), tan famoso en el Perú, cuyos árboles se parecen exactamente

uno á otro.

Encontramos á la anciana señora sentada donde mismo la habíamos dejado,

repartiendo consejos y plantas de varias clases á dos ó tres mujeres y

algunos niños que se habían reunido á su alrededor mientras nosotros

andábamos en el jardín.

Entre las muchachas había dos hijas de pescadores que iban á vender una

clase de algas y varios mariscos; como yo dijera que no había visto

antes varios de esos mariscos, las señoras nos invitaron á mí y á mi

compañera para que viniésemos un día á comerlos guisados á la manera

del país.

Hoy era ya tarde para su preparación; pero nos encarecieron tanto que

volviésemos después del paseo que pensábamos hacer á la quebrada y que

participásemos de la comida de la familia, que yo, que gusto de ver

todas las cosas, consentí luego en ello; y, en efecto, á las dos de la

tarde volví á la casa del jardín.

Encontramos á la madre, que estaba sola en el estrado reclinada en unos

cojines; delante de ella tenía una mesita baja y redonda, en la cual

se había extendido un mantel de algodón muy poco limpio. Las hijas

entraban sólo para servir á su madre, pues comían en la cocina junto al

fuego; á nosotras nos dispusieron asiento junto á la mesa de la señora.

El primer guiso que apareció fué una pequeña fuente de barro que

contenía médula cocida, invitándosenos á untar en él el pan que á cada

cual se le había dado; la anciana señora dió el ejemplo y aun llegó

á pasarle con sus dedos unos pedacitos bien sopeados á miss H., que

trató de pasárselos á un perrillo que estaba detrás de ella.

Yo que no estaba tan cerca, escapé mejor; por lo demás, como no me

disgusta realmente la médula, unté mi pan diligentemente y lo comí

con gusto, si bien echando de menos un poco de sal y de pimienta. En

Chile el pan no es bueno después del primer día. Los panaderos del país

acostumbran ponerle sebo ó grasa, de modo que tiene gusto á bollo; hay,

sin embargo, unos pocos panaderos franceses que hacen excelente pan; lo

que es el que tuvimos hoy, era pan del país y cuadraba muy bien con la

médula derretida.

Después de este _aperitivo_, como lo llamarían mis compatriotas, se

nos puso delante una gran fuente de charquican. Consiste el charquican

en carne fresca de buey muy hervida, pedazos de charqui ó carne seca

de buey, rebanadas de lengua seca y tomates, calabazas, papas y otras

legumbres cocidas en la misma fuente.

La dueña de casa comenzó inmediatamente á comer en la fuente con los

dedos, invitándonos á que hiciéramos lo mismo; pero una de sus hijas

nos trajo á cada una un plato y un tenedor, diciendo que ella sabía esa

era la costumbre nuestra.

Esto no obstante, la buena señora persistió en ponernos en el plato

los pedazos más delicados con su pulgar é índice. El guiso era bueno y

estaba bien cocinado. Siguióle una ave que ella partió con las manos;

otro guiso de ave despedazada, montada en torrejas, espolvoreada con

hierba picada, después unos menudillos de ave, sopas, y, por último, un

pocillo de leche y un plato de harina de yalle, ó sea harina hecha con

una variedad de maíz pequeña y delicada.

Habiéndonos servido cada una una copa de leche, echamos la harina

adentro y la revolvimos: la encontré excelente y muy parecida á lo

que llamamos _milk brose_. La bebida que tuvimos fué vino del país,

y cuando ibamos á la ventana después de comer, se nos ofrecieron

manzanas y naranjas. Como todavía no era hora para que la anciana se

fuera á dormir su _siesta_, aproveché la oportunidad para hacerle una

pregunta acerca de la creencia de la gente del pueblo sobre las brujas.

Hay algo en su aspecto cuando la rodean sus cinco altas hijas, que

irresistiblemente me hace pensar en las hermanas brujas y sentirme

medio inclinada á preguntarles quiénes son, “que no parecen habitantes

de la tierra, y están sin embargo en ella”.

Si tal cosa hubiera hecho, en vez de hacerle la sencilla pregunta

que le hice, no se hubiera mostrado más asombrada mi patrona:

santiguóse, sacó un escapulario de la Merced[62] para besarlo y dijo

en seguida: “ha habido brujas, pero sería pecado mortal creer en ellas

ó consultarlas: que Nuestra Señora nos defienda de ellas á mí y á los

míos”.

Poco más podía sacarse de ella sobre este asunto, á pesar de que

comenzó á explayarse en una larga historia de santos y milagros,

fabricada especialmente contra los herejes, especialmente contra los

rusos y en favor de los fieles españoles. Hallo, sin embargo, que las

brujas se dedican aquí á hacer las mismas cosas que en Europa: influyen

en el nacimiento de los animales y hasta en el de los niños; cortan la

leche, secan los árboles y dirigen á su antojo los vientos. No hace

treinta años todavía que fué metido á la cárcel de la Inquisición el

piloto de un buque mercante por haber hecho el viaje desde Lima en

treinta y cinco días, tiempo que entonces se consideraba demasiado

corto para haber hecho el viaje sin una ayuda sobrenatural.

La gente es aquí tan española en sus costumbres, que sería difícil

para una persona determinar qué parte de sus supersticiones, hábitos

é inclinaciones se derivan de los aborígenes chilenos, y mucho más

difícil lo es para mí que no he estado nunca en España; de modo que

donde las costumbres se diferencian de las de los campesinos de Italia,

quedo ignorando igualmente si la diferencia procede de los antecesores

hispano-moriscos ó de los chilenos.

Las supersticiones y la cocina de hoy día son decididamente españolas,

á pesar de que algunos de los materiales de ambos son de origen

netamente americanos; no es mal tipo, me parece, para caracterizar á la

nación.

_24, día de San Juan._--Parece que hubiera caído aquí la balsámica

_nucca_, el rocío celestial que cayó sobre el Egipto é hizo desaparecer

las plagas: todo está alegre y risueño en la ciudad y parece que las

gentes se hubiesen puesto sus vestidos domingueros.

Es sensible, sin embargo, oír hablar del tiempo de los españoles

echándoles de menos con cierto pesar. El gobierno actual, al suprimir

muchas de las prácticas religiosas, ha librado al pueblo de una pesada

carga, á no dudarlo; pero también le ha cercenado sus diversiones

acostumbradas. En un clima como éste, donde no es necesario el

constante trabajo para el sustento de la vida, debe prestarse cierta

consideración á la necesidad de divertirse que tienen las clases

populares, especialmente donde las diversiones puramente intelectuales

no existen. A mi juicio, no debiera haberse abolido la festividad de

San Pedro, que tan peculiarmente se adapta á un lugar marítimo.

En el día de San Pedro se acostumbraba sacar su estatua con toda

solemnidad de la iglesia matriz, donde se guarda, y colocarla en una

goleta adornada con cintas y guirnaldas, enteramente empavesada y con

otras imágenes á bordo. La goleta, tripulada por pescadores, daba

una vuelta por la bahía, seguida por todos los botes y canoas de

pescadores. En diversos puntos de la bahía se estacionaban algunas

bandas de música, y cuando la goleta iba acercándose, quemábanse

cohetes y petardos para saludarla.

Siempre he admirado la sabiduría de Venecia en lo que se refiere á

sus festividades. Casi no hay ninguna de las fiestas de la Iglesia

que no tenga relación con algún acontecimiento nacional. En la fiesta

de la Purificación celébrase la captura y el rescate de las novias

venecianas, conocidas bajo el nombre de las Marías, que ha servido

de tema á innumerables leyendas y poemas en todos los idiomas. Las

ceremonias del último día de carnaval conmemoraban el fin de una

división interna de la ciudad. Pero entre mil otras, la más importante

en todo sentido era la que se celebraba el día de la Asunción; el

dux se internaba en alta mar á bordo del _Busentauro_ y se desposaba

solemnemente con el Adriático, en conmemoración del triunfal regreso

del dux Urseolí el día de la Ascensión después de haber sometido todo

el Adriático al dominio de Venecia.

Puede objetarse que ingertar de esta manera los sagrados sentimientos

del patriotismo en el tronco de la superstición sólo aprovecha á esta

última, y que la ilustrada política de los tiempos actuales debe

sobreponerse al espíritu de contemporización que semejante unión exige.

Pero si las poblaciones tienen actualmente la ilustración suficiente

para ser insensibles á la ostentación, á los entretenimientos y á las

manifestaciones externas, ¿no sería cuerdo utilizar esas ostentaciones

y manifestaciones para ligarlas á los sentimientos patrióticos?

Chile es un país tan esencialmente marítimo, limitado como se halla su

territorio por los Andes, de los países orientales y por el desierto de

Atacama de los países del Norte, que si yo fuera legislador dirigiría

toda mi atención y todo mi interés hacia el mar. Haría del día de San

Pedro una festividad nacional esencialmente marítima; distribuiría

premios á los pescadores y á los lancheros; acordaría recompensas

honoríficas á los oficiales, recibiría y solucionaría todas las

peticiones y representaciones que tuvieran atingencia con el mar; en

una palabra, haría sentir en ese día que la protección del gobierno se

daba la mano con la de la religión para amparar á la más útil y, por

consiguiente, á la más favorecida clase de los ciudadanos chilenos.

_Junio 25._--He ido de paseo con una numerosa comparsa á la

“Lagunilla”, pequeña laguna de agua dulce que forman las aguas de

diversos esteros, separada del mar sólo por un banco de arena;

el camino por el valle de la laguna es bueno; pero es uno de los

más escarpados que he conocido para hacerlo á caballo. Al dejar á

Valparaíso, que queda á tres leguas de distancia de la laguna, nos

encontramos en una elevada planicie, de donde se goza de una magnífica

vista de los Andes centrales por un lado, y de la costa, con todas sus

bahías y caletas, por el otro. Se dice que la bahía de la “Lagunilla”

no es segura para los buques, que siempre recalan allí cuando vienen

del Sur.

En el fondo del valle encontramos un rancho que ofrece actualmente un

triste aspecto de pobreza y de miseria: esta es la estación más pobre

del año; las provisiones traídas para la temporada están casi agotadas;

sin embargo, el campesino espera sin impaciencia (porque los chilenos

son alegres y de buen humor) que vuelva la estación que ha de traerle

las manzanas para hacerle el pan más agradable y las verdes ramas para

dar más frescura á sus ramadas y sus cercos que, desde que se acabó

la cosecha de la chacra, han ido desapareciendo gradualmente para

alimentar el fuego.

Habíamos enviado una mula cargada de provisiones á este punto, y uno de

nuestros compañeros había cazado algunas perdices, que fueron guisadas

en el rancho. Se extendió el mantel en un agradable rincón de verdura,

donde comimos oyendo los murmullos del pequeño arroyuelo que surca

el valle dándole verdura y fertilidad. Unos cuantos árboles frutales

crecen entre los macizos trozos de piedra que una furiosa avalancha de

invierno ha traído rodando desde el cerro vecino.

Es esta la primera excursión en que he tomado parte desde mi llegada,

no sin cierta resistencia, porque no me encuentro todavía en

condiciones de hacer buena compañía á los jóvenes y á su alegría; pero

ahora no lo siento. El buen tiempo, el ejercicio, las agradables vistas

tienen que hacer bien, tanto al cuerpo como al alma; me siento ahora

mucho mejor que lo que jamás había esperado sentirme cuando recién

desembarqué en estas playas.

Diario de su residencia en Chile (1822) y de su viaje al Brasil (1823) · 第 15 / 35 段