[27] Las personas que lord Cochrane encomia especialmente en su parte

son los capitanes Spry, Croslie, Prunier y Morgell; tiene también una

honrosa recomendación el almirante Blanco.

[28] Al regreso de la escuadra, fué sepultado en Valparaíso con todos

los honores militares.

[29] Los hermosos cañones de bronce de la _Begoña_ (de á 15 libras) se

le dieron á la _Lautaro_ para completar su artillería.

[30] 350 hombres, alentados por la presencia y el renombre de su jefe,

habían vencido á una división de 2.000 hombres, que contaba además con

100 cañones.

[31] El 2 de Marzo, el pueblo de Coquimbo envió una nota de

felicitación al Director y al almirante con motivo de la toma de

Valdivia.

El 14 de Agosto, el gobierno decretó una medalla con una cinta tricolor

para los captores de Valdivia. Las de lord Cochrane, del capitán

Carter, del mayor Miller, del mayor Beauchef y mayor Vicente, eran de

oro; había además 23 medallas de plata para otras personas. El decreto,

al referirse á la toma de Valdivia, dice que fué el feliz resultado

de un plan admirablemente ideado y de la más atrevida y valiente

ejecución. Concluye haciendo donación á lord Cochrane de una hacienda

de más de 4.000 cuadras de superficie en las tierras confiscadas en

Concepción.

Lord Cochrane solicitó que se le permitiera devolver esta hacienda para

que fuera vendida y atender con su valor al pago de la marinería de la

escuadra. Esta oferta no fué aceptada.

[32] En las instrucciones del virrey Pezuela al gobernador de Valdivia,

que se hallaron en las oficinas públicas, le encarecía aquél que se

mantuviera firme en su puesto, no sólo para conservar un lugar de

desembarco en Chile, sino también para distraer una parte considerable

de las fuerzas del gobierno é impedirle así llevar á cabo el anunciado

ataque al Perú. (Véase la _Gaceta_ del 22 y 29 de Abril de 1822).

[33] Fué en esta ocasión cuando lord Cochrane ofreció su hacienda para

pagar á la gente.

[34] Entre las poesías que se publicaron con esta oportunidad, merecen

la atención la despedida de las damas de Chile y su respuesta.

[35] El comandante en jefe de la división británica protestó con cierta

intemperancia, observándole á Chile que era una nación pequeña que

carecía de elementos para llevar adelante el bloqueo, contra el cual

protestaba, invocando la ley de las naciones, como si ésta no fuera la

misma para todos, grandes ó pequeños. Zenteno le contestó diciéndole

que había sido capturada la _Esmeralda_, y que con el aumento de fuerza

que esto le representaba, Chile tenía buques suficientes para mantener

el bloqueo. (Véase la _Gaceta_ del 24 de Febrero de 1821.)

[36] El mismo que más tarde estuvo empleado, en unión con Paroissien,

en difamar á lord Cochrane, no sólo en Chile, sino también en el Brasil

y en Inglaterra.

[37] El único suceso de importancia que ocurrió durante este intervalo

fué la muerte del auditor de guerra, Alvarez Jonte, acaecida el 22; el

ejército guardó luto por él durante tres días. Este hombre había sido

uno de los agentes que Chile mandó á Inglaterra. Era de aquellos que

toman por habilidad las malas artes, y no tenía escrúpulo para emplear

los medios más reprochables con el fin de obtener los informes que

necesitaba, usando de ellos en su beneficio y en el de sus superiores,

conforme solía convenirle. Estos hombres que comienzan por los bajos

ardides del espionaje, llegan á apasionarse por el espionaje mismo. A

consecuencia de esto, no sólo se violan las comunicaciones oficiales,

sino también la correspondencia privada. En cuanto á Alvarez Jonte,

su curiosidad se había transformado en una pasión casi insaciable, y

bajezas que él no habría excusado á nadie, practicábalas diariamente

para su propia satisfacción. Se dice que tuvo la comisión de ir á

ofrecer la soberanía de Chile, el Perú y creo que la de las provincias

de Buenos Aires, á un príncipe de la familia real de Inglaterra

y después á un príncipe de la casa de Borbón. Si fuese cierto,

habría sido solamente con el objeto de inducir á esas potencias á

mantenerse neutrales mientras las colonias españolas luchaban por su

independencia. La estratagema era digna de sus autores, que nunca

pensaron seguramente en cumplir tales planes, sino únicamente halagar á

Inglaterra y á Francia para que se abstuvieran de auxiliar á España; la

treta era pueril é ineficaz, y revela la flaqueza de los jefes de Jonte.

[38] Como los españoles habían ofrecido $50.000 de prima por la

captura de una de las fragatas chilenas, cuando la caída de Lima se les

impuso un cupo de guerra por la misma suma, diciendo que era para los

captores de la _Esmeralda_; pero San Martín se apropió del dinero y

nunca se pagó ni ese valor ni el del buque.

[39] La _Hyperion_ y la _Macedonia_ habían izado luces para

distinguirse como neutrales. Un guardia-marina de la _Hyperion_ que

estaba en el portalón observando lo que pasaba, al notar la noble

presencia de lord Cochrane, palmoteó las manos en señal de aplauso y

exclamó; “¡qué bien y qué á la inglesa!”

El capitán S. lo reprendió por esto, ordenándole que bajara al instante

y amenazándolo con ponerlo arrestado. Si lord Cochrane hubiera sido un

enemigo, el guardia-marina habría merecido los reproches de cualquier

hombre, por generoso que fuera; ¡pero siendo neutral y compatriota!

La _Macedonia_ se condujo de muy distinta manera.

[40] Las pérdidas del enemigo fueron 58 muertos, 18 heridos, 343

prisioneros, incluso 28 oficiales, dos piezas de artillería, 300

fusiles, las banderas, municiones, etc.; la derrota fué tan completa

que O’Reilly huyó solamente con tres lanceros, habiendo durado la

batalla apenas cuarenta minutos. Arenales tuvo un oficial y cinco

soldados muertos y doce heridos.

[41] En cierta ocasión se colocó una imagen de la Virgen en un sitio

espectable y se le presentó la bandera de los patriotas: la imagen

movió la cabeza. Presentósele después la bandera española, y al

instante los brazos de la imagen la estrecharon. Naturalmente, la

multitud acató tal homenaje.

[42] El capitán Spry desertó después.

[43] Arica, capital de la provincia del mismo nombre, es el puerto

situado más al Sur que tiene el Perú. Las minas de oro y cobre que

allí existen son extremadamente ricas; pero la falta de agua en ese

distrito y en toda la provincia es un obstáculo para trabajarlas

convenientemente. El valle que hay detrás de la ciudad es muy fértil

y produce una inmensa cantidad de ají colorado. La ciudad ha sufrido

mucho á causa de los terremotos, y en 1680 fué saqueada por el famoso

capitán Sharpe, calamidad de que ha podido reponerse enteramente. En la

parte oriental de la provincia hay un gran volcán, en cuyas faldas se

encuentran vertientes de agua caliente y fétida.

[44] Entre las publicaciones patrióticas de la época hay una especie de

comedia, en que los hombres y las mujeres de Lima van al camino real á

la espera del _ejército libertador_, lamentando lo que éste tarda, para

alentarlos con su presencia.

[45] “Je les traiterai de la manière la plus feroce.” Hablaban en

francés.

[46] En la Iglesia de Santa Rosa se muestran los dados con que la Santa

acostumbrada á jugar cuando Cristo venía en persona á distraerla. Es

una de las leyendas menos inofensivas y decentes de las que corren

acerca de sus relaciones con el Salvador.

[47] Esto parece que produjo gran efecto en el ánimo del Director,

porque en su circular, publicada en la _Gaceta_ del 25 de Agosto de

1821, en la cual felicita al país por los triunfos del ejército y de

la armada y por la adquisición de una república hermana, se explaya

detenidamente sobre la restauración de las banderas en cuestión. El 30

de Septiembre fueron enviadas á Rancagua en solemne procesión y con

escolta y entregadas á la municipalidad con una proclama del Director.

El 2 de Octubre, aniversario de la infortunada derrota de Rancagua, se

mandaron las banderas al altar de N. S. del Carmen, protectora de las

armas de Chile, á quien se las consagraron. Con este motivo, la ciudad

presentó un aspecto de fiesta durante varios días.

[48] Mantuvo su palabra y se dirigió á Chile, en donde vivió retirado

hasta que San Martín volvió escapado, en Octubre de 1823; entonces Las

Heras se retiró á Buenos Aires.

[49] En cuanto San Martín tuvo en su poder á los españoles realistas,

los despojó de la mitad de sus bienes, so pretexto de asegurar así la

tranquilidad pública; cuando ellos trataban de mudarse ó trasportar

el resto, les eran confiscados sus bienes y, salvo raras excepciones,

encarceladas ó asesinadas sus personas.

[50] A un gran número de españoles fugitivos que se habían refugiado en

los buques _Lord Lynedoch_ y _St. Patrick_, que fueron detenidos por

este motivo, les permitió lord Cochrane su rescate, dedicando el dinero

al abastecimiento de la escuadra. Uno ó dos que prefirieron confiarse á

San Martín, se vieron después cruelmente tratados y privados de cuanto

tenían.

[51] El edecán del general que atendió al embarque de su propiedad

particular cargó las mulas de regreso con mercaderías de contrabando de

un buque inglés, la _Rebeca_.

[52] Hasta después de tener á bordo el tesoro, se le restituyó su

dinero á todo aquel que pudo justificar su derecho por escrito ó con

testigos; esta restitución alcanzó á 40.000 pesos.

[53] Dos que le fueron cortadas á la _Esmeralda_ cuando su captura y

una que había perdido la _O’Higgins_ en un ataque al Callao, estaban en

poder de San Martín, que las negó.

[54] El mismo que fué separado de su buque por una corte marcial y que

después desertó.

[55] San Martín, que conocía el estado de los buques, impartió órdenes

á todos los puertos donde podían tocar para que se les negara toda

clase de recursos, hasta el agua y el fuego.

[56] Esta carta me fué dada á conocer en una época en que yo no podía

preguntarle al almirante si era enteramente exacta; pero tengo razones

para creerla así, salvo los errores de palabras en que pueda haber

incurrido yo al traducirla del castellano.

[57] La cuenta del dinero adeudado á la escuadra chilena contenía ítems

por salarios, recompensas ofrecidas, presas, pagos por buques tomados

y usados por el gobierno peruano y flete de naves pertenecientes á la

escuadra y usados como transportes, sin contar el precio de la lona,

de los cordeles y de los equipajes para marineros. San Martín estaba

comprometido á pagarlo todo al gobierno de Chile, que había alistado

toda la expedición.

[58] La escuadra se componía entonces de la _O’Higgins_, capitán

Crosbie; _Valdivia_, capitán Cobbet; _Independencia_, capitán

Vilkinson; _Lautaro_, capitán Worcester, y _San Fernando_.

[59] Juzgando las cosas por sí propios, los divulgadores de la especie

pretendían dar á entender que el almirante, que había enviado su

familia á Europa para atender á la educación de sus hijos, intentaba

adueñarse en la costa de todas las propiedades de españoles que

pudiera, á fin de enriquecerse, y entonces no preocuparse más del país

que se había comprometido á servir. Esos tales lo conocían bien poco.

[60] Estas acusaciones las hicieron circular habilidosamente en

Valparaíso, variando sólo la forma en algunas copias, según las

personas á quienes iban dirigidas. Yo he visto dos variedades.

[61] Se cuenta que cuando el honorable capitán F. Spencer, del

_Alacrity_, de la armada de su majestad británica, saludó á la insignia

de lord Cochrane, su señoría se vió imposibilitado para devolver la

atención hasta el día siguiente, por tener cargados sus cañones, ya que

no había seguridad para estar en el Callao sin tomar precauciones.

DIARIO

28 DE ABRIL.--17 DE AGOSTO DE 1822

Valparaíso.--Quinteros.

_A bordo de la fragata de S. M. Doris, en la bahía de Valparaíso, el

domingo 28 de Abril de 1822 por la noche._--Han transcurrido ya varios

días, y todavía me siento sin fuerzas ni voluntad para reanudar mi

diario. Hoy, la novedad del puerto y los demás incidentes de nuestro

arribo han logrado que mis pensamientos tomen cierto interés por las

cosas que nos rodean. No puedo concebir espectáculo más glorioso que la

vista de los Andes, que divisamos esta mañana al rayar el alba, cuando

íbamos acercándonos á tierra; como si surgieran del seno mismo del

océano, sus cumbres eternamente nevadas brillaban con toda la majestad

de la luz, mucho tiempo antes que se iluminara la tierra; súbitamente

apareció el sol de detrás de ellos, y antes de divisar la costa

navegamos todavía algunas horas.

Al largar hoy el ancla, lo primero que vi fué el bergantín chileno

_Galvarino_, que antes fué el bergantín de guerra británico _Hecate_,

primer buque que tuvo á su mando mi marido y en el cual hice con él

la navegación de los mares de las Indias Orientales. ¡Doce años han

transcurrido desde entonces!

Hemos encontrado al _Blossom_, de la armada de su majestad. Creo que

su comandante, capitán Vernon, se hará cargo mañana del mando de este

buque.

Se hallan también aquí los buques de los Estados Unidos _Franklin_ y

_Constellation_.

En cuanto el comodoro Stewart avistó al Doris, que se acercaba con su

bandera izada á media asta, se apresuró á ofrecer todos los auxilios

y servicios que el buque pudiera necesitar, y cuando supo que yo me

encontraba á bordo, volvió con Mrs. Stewart á hacerme una visita y á

ofrecerme un camarote en el _Franklin_, si yo prefería quedarme aquí

hasta que encontrara una habitación en tierra.

_Lunes 29._--Hoy ha sido un día de prueba. Muy de mañana llegaron á

bordo los sirvientes del capitán para preparar el camarote para el

recibimiento de su jefe. Que lo que ha de suceder, suceda cuanto antes,

tal es mi pensamiento.

Poco después del almuerzo, el capitán Ridgely, de la fragata de los

Estados Unidos _Constellation_, estuvo á hacerme una visita con la

señora y la señorita Hogan, que son la esposa y la hija del cónsul

americano, para ofrecerme todos los auxilios que estuviesen en sus

manos, y me dijo que el comodoro había retardado el viaje de su

fragata, la _Constellation_, que iba á doblar el cabo de Hornos, á fin

de que pudiera llevar cartas de la _Doris_ y que lo retardaría más

todavía si yo deseaba aprovechar la oportunidad para regresar á mi

hogar inmediatamente. Le agradecí mucho la oferta, pero no la acepté.

Siento que no tengo salud ni ánimo para hacer un viaje tan luego.

Inmediatamente después vino á bordo el gobernador del puerto, don José

Ignacio Zenteno, con dos oficiales, á hacerme una visita de condolencia

y de respeto. Me dijo que había reservado un sitio en la fortaleza,

donde yo podría sepultar los restos de mi esposo, lejos de mi vista,

y con todas las ceremonias y honores que nuestra iglesia y nuestro

servicio prescriben, y prometió el concurso de su tropa, etc. Todo

esto es muy bondadoso y es muy liberal.

A las cuatro de la tarde me trajeron la noticia de que la señora

Campbell, una dama española casada con un comerciante inglés, me

recibiría en su casa hasta que pudiera encontrar una habitación, y

momentos después desembarqué.

Difícilmente puedo darme cuenta cómo dejé el buque, ni cómo atravesé

el puente donde apenas un año antes había sido tan bienvenida con

sentimientos y esperanzas bien diversas.

Hace ya dos horas que estoy en tierra. La señora Campbell tiene la

bondad de dejarme en libertad para estar sola, atención que estimo como

la más delicada que puede ofrecerme.

_Abril, 30._--Esta tarde la he pasado en mi ventana mirando hacia la

bahía. La falúa del capitán de la _Doris_ trajo á tierra los restos de

mi indulgente amigo, compañero y esposo. Acompañábanlos toda su gente

y las tripulaciones del _Blossom_ y de los buques americanos, con sus

banderas unidas y entrelazadas con las de Inglaterra y Chile; sus

músicos tocaban juntos los himnos adecuados al sepelio del hombre puro

de corazón; la comitiva era numerosa y se habían agregado á ella muchos

que pensaban en los que ya no existen, y muchos otros que deseaban

manifestar su respeto á nuestro país; todo, en verdad, me hace creer, y

así lo creo, que se hizo cuanto pueden desear los sentimientos piadosos

de nuestra naturaleza para los que se van, y si tales cosas pueden

aliviar un pesar como el mío, ellas no han escaseado.

Pero mi inteligencia se ha prosternado delante de aquel en cuyas manos

están las fuentes de la vida y de la muerte. Sé que no podré quedarme

atrás por mucho tiempo, por más que se prolongue mi vida hasta los

últimos extremos de la existencia humana.

Y confío que, cuando se me llame á otra existencia, podré decir: “¿Oh,

muerte, dónde está tu arma? ¿Oh, tumba, dónde está tu victoria?”

_Mayo, 6._--He pasado muy mal; mientras tanto mis amigos me han buscado

una casita á alguna distancia del puerto, y me preparo para mudarme.

_9 de Mayo de 1822._--Tomo posesión de mi casita de Valparaíso y siento

un indescriptible placer al encontrarme sola y en medio de un gran

silencio.

Teniendo que ir y volver dos veces de mi casa á la de la señora

Campbell, he visto todo lo que hay que verle por fuera á la ciudad de

Valparaíso. Es un lugar que se extiende á lo largo, construído al pie

de áridos cerros que dominan el mar y se avanzan tanto hacia él en

algunas partes que apenas dejan trecho para una angosta callejuela,

y se abren en otras hasta permitir dos plazas regulares, una de las

cuales sirve de mercado, y tiene á un costado la casa del gobernador,

que se halla espaldeada por una pequeña fortaleza que corona una

colina. La otra plaza se ve honrada por la iglesia matriz, que como

aquí no hay obispado, hace las veces de catedral.

De estas plazas arrancan varias quebradas, llenas de casas, que

albergan á la mayor parte de la población, la cual se me ha dicho

que llega á 15.000 almas. Un poco más lejos se halla el arsenal,

que contiene algunos elementos para la construcción de botes y la

reparación de buques, y que ofrece una pobrísima apariencia, y más

lejos todavía, el fuerte, que termina el puerto por ese lado.

Al oriente de la casa del gobernador la ciudad se extiende medio cuarto

de milla ó poco más, y entonces se juntan sus suburbios con el barrio

del Almendral, situado en una extensa llanura arenosa, pero fértil, que

dejan los cerros más apartados entre su pie y el mar.

El Almendral se extiende como más de tres millas á lo largo, pero es

muy angosto; las casas, como casi todas las de la ciudad, son de un

piso. Su construcción es de ladrillos sin cocer, que llaman adobes, y

están blanqueadas y techadas con tejas coloradas.

Hay en el barrio dos iglesias; la de la Merced tiene muy regular

aspecto, y dos conventos, fuera del hospital, que es una fundación

religiosa.

El Almendral está lleno de planteles de olivos y de huertos de

almendros, de donde le ha venido su nombre; pero, si bien es el barrio

más agradable de la ciudad, no lo consideran muy seguro para vivir en

él sin peligro de ser robado y asesinado, por lo cual causó más asombro

que aprobación mi propósito de alquilar una casa casi al fin del barrio.

Por mi parte, me siento muy tranquila, porque creo que nadie roba ó

mata sin tentación y sin provocación; y como no tengo nada para tentar

á los ladrones, no he de provocar tampoco á los asesinos.

Mi casa es una de los más acabados tipos de las viviendas chilenas.

Consiste en un pequeño zaguán á la entrada y una espaciosa antesala de

16 pies cuadrados, á un extremo del cual se abre una puerta que da á un

obscuro dormitorio; en el zaguán hay una puerta que da acceso á otra

pieza más pequeña.

Este es el cuerpo principal de la casa, que tiene al frente un

espacioso balcón con vista al Sur-Oeste. Casi inmediata está la pieza

de sirvientes, y á corta distancia la cocina. El propietario, que

negocia en caballos, tiene en los alrededores algunos establos y

cuadras para ellos y para los bueyes, y varias casas para su familia y

sus peones, y además un despacho.

Al frente de la casa hay un jardín que desciende hasta el estero que

me separa del Almendral, plantado de manzanos, perales, almendros,

parras, duraznos, naranjos, olivos y membrillos, y además de calabazas,

melones, repollos, papas, habas y maíz y unas cuantas flores; detrás

de la casa se alza abruptamente un cerro rojizo y pelado. Crecen en él

algunos arbustos muy hermosos, y por su falda transitan constantemente

las recuas de mulas que traen la leña, el carbón y las legumbres al

mercado de Valparaíso.

El interior de la casa es aseado, las murallas son blanqueadas y

el techo entablado, porque los cielos de estuco no soportarían los

frecuentes temblores, de los cuales hemos tenido en la noche uno

bastante recio.

Ninguna casa de Valparaíso de la clase media ostenta más de una

ventana, sin vidrios, resguardada por lo general con barrotes de madera

tallados ó con rejas de hierro. Por lo demás, esta ventana le toca á la

antesala, de manera que el dormitorio está perfectamente á obscuras.

Me considero muy afortunada con que el mío tenga puertas, pero como no

hay ninguna entre el zaguán y la antesala, me he permitido colgar una

cortina, con gran asombro de mi patrona, que no puede comprender cómo

no encuentre entretenido observar los movimientos de los sirvientes y

de las visitas que pueden estar en las piezas de afuera.

_Mayo 10._--Gracias á mis amigos de tierra y de la fragata, estoy ahora

muy confortablemente instalada en mi reducido _home_. Todo el mundo

se ha portado muy atento conmigo; un vecino me presta caballo, otro,

tal utensilio que necesito; ni la nacionalidad ni las costumbres hacen

diferencias. He llegado aquí habiendo menester de bondad y de ternura y

las he recibido de todos.

Me agrada mucho vagar por el cerro que está detrás de la casa, desde

el cual se domina el hermoso panorama del puerto y de los cerros

vecinos. Carece totalmente de cultivo, y en la mejor estación apenas

crece algún pasto para las mulas y caballos. En la actualidad, casi

todos los arbustos están sin hojas y no crece ninguna hierba. Pero las

variedades de plantas y arbustos vivaces están todavía bastante verdes

para recrear la vista.

Algunos de ellos, como la lobelia, conservan todavía algunas flores

anaranjadas ó escarlata, y hay varias plantas parásitas cuyas flores,

exquisitamente hermosas, adornan las desnudas ramas de los arbustos

deshojados, y cuyas vivaces hojas verdes, con sus flores rojas y

amarillas, avergüenzan el severo color gris de los olivos, cuyos frutos

comienzan á madurar.

La rojiza cumbre del cerro se presenta surcada aquí y allá por largas

vetas de mármol y espato, y en sus faldas están señaladas las profundas

huellas de los torrentes invernales; en el lecho de éstos he encontrado

unas piedras verdes de apariencia muy pulida y pedazos de cuarzos y

granitos. Una de estas quebradas la trabajaron cierta vez por oro, pero

la cantidad encontrada fué tan poco apreciable que el propietario no

vaciló en abandonar la aventura y dedicarse á cultivar la chacra que

está junta á la mía y que le rinde mejor producto para atender á su

familia.

Suelo ir á dar un paseo por esa chacra, donde encuentro, á más de las

frutas que hay en la viña, higos, limones y granados y los cercos

llenos de rosas blancas. La señora de la casa es pariente cercana de mi

patrona, y se ocupa en lavar, lo que de ningún modo significa que ni

su rango ni sus pretensiones sean tan bajas como las de una lavandera

europea. Su madre era dueña de no menos de ocho chacras; pero como ella

tiene por lo menos noventa años, aquello debe haber sido unos cien

años atrás, cuando Valparaíso no tenía la extensión que ahora, y por

consiguiente cuando las chacras eran menos valiosas.

Sin embargo, la señora era una gran propietaria de tierras; pero,

conforme á la costumbre de aquí, la mayor parte de éstas sirvió para

dotar á una numerosa familia de mujeres, y se me ocurre que alguna

parte sirvió también para pagar el oro que se encontró en quebrada de

la hacienda.

Al verme en su jardín, la anciana señora me invitó cortésmente á

entrar. El corredor del frente de la casa es igual al que hay en la

mía, pavimentado con ladrillo de nueve pulgadas y sostenido con macizos

pilares de madera, que la fantasía de los arquitectos chilenos ha

tallado con cierto gusto. Allí encontré dos niños de los más hermosos

que he visto y una jovencita muy donosa, que son nietos de la vieja

señora.

Diario de su residencia en Chile (1822) y de su viaje al Brasil (1823) · 第 11 / 35 段