respecto al comercio y á los manufactureros, y comparadlos con las
justas y liberales nociones que ahora tenéis sobre esas materias.
Acostumbrados como estabais á las estrechas miras del monopolio
español, ¿no creiais una verdadera defraudación para Guayaquil el que
su comercio no estuviese limitado á su propios comerciantes? ¿No se
les impedía á todos los extranjeros, por medio de leyes prohibitivas,
la atención de sus negocios ó intereses particulares, como si sólo
hubiesen venido aquí para vuestro exclusivo provecho? Y teniais
oficiales, marineros y buques para vuestro comercio, excluyendo á los
de las demás naciones.
“Ahora os dais cuenta de la verdad y tenéis un gobierno ilustrado,
dispuesto, no sólo á seguir á la opinión pública en la promoción
de vuestra riqueza, de vuestra felicidad y de vuestra fuerza, sino
para apoyarla con el glorioso privilegio de esparcir por medio de
la prensa las justas opiniones de grandes y sabios hombres sobre
los asuntos políticos, sin temor á la Inquisición, al látigo ó al
garrote.”
Sigue lord Cochrane ponderando los grandes beneficios del comercio
libre, comparados con las desventajas del monopolio, que hace á la
comunidad tributaria de unos cuantos privilegiados, y después de
trazar con gran amplitud de miras el brillante porvenir que le espera
á un pueblo de ideas liberales que abre sus puertas al comercio y al
capital extranjero y cuyos destinos están regidos por un gobierno
ilustrado y guiados por una prensa independiente, concluye:
“Dad al Nuevo Mundo un ejemplo con la amplitud de vuestras miras, y
así como por su situación es Guayaquil la _República Central_, así
también llegará á ser el centro de la agricultura, del comercio y de
las riquezas de esta porción del globo.
“¡Quayaquileños! la libertad de vuestros sentimientos y la justicia
de vuestros actos y opiniones son un baluarte para vuestra
independencia y libertad, mucho más seguro que el que puedan
ofrecerle ejércitos y escuadras.
“Que prosigáis por el camino que ha de haceros tan libres y dichosos
cuanto es fértil y ha de ser productivo el territorio que poseéis,
tal es el sincero deseo de vuestro reconocido amigo y servidor,
COCHRANE.”
He traducido este documento para dar á conocer el espíritu que animaba
á lord Cochrane en sus relaciones con los pueblos de la América del
Sur. Nada de mezquinas intrigas ni de componendas para obtener ventajas
personales ó poderío, que en la situación en que él se hallaba podía
haber ensanchado á su antojo, sino que contentándose con las ventajas
que se derivaban simplemente del servicio á que se había consagrado,
dedicó todo su empeño á ilustrar á los pueblos que protegía y á
enseñarles los principios de una libertad racional.
Paso ahora á relatar su expedición á Acapulco, lo que me hará ocuparme
de los asuntos de Chile y de su escuadra hasta la fecha de mi arribo á
Valparaíso.
Aunque la escuadra dejó á Guayaquil el 20 de Noviembre, llegó el día
3 de Diciembre antes de que pudiera salir del río. La necesidad de
hacerse cuanto antes á la mar en busca de las fragatas enemigas no
había permitido, naturalmente, más que algunas reparaciones pasajeras
de los buques, y en el libro de navegación de la _O’Higgins_ he leído
que el buque tenía una vía de agua que hacía tres pulgadas por hora.
El 5, el almirante prosiguió su viaje, sin embargo, cerca de la costa
y examinando todos los puertos y bahías por si encontraba los buques
que perseguía. El 19, los buques fondearon en la bahía de Fonseca para
tomar agua y reparar las bombas de la _O’Higgins_, que por entonces se
hallaban inservibles á causa de su constante trabajo.
Como fuera muy salobre el agua que se descubrió primero, despachóse á
los botes en busca de otras aguadas, que se descubrieron el día 21, á
ocho millas del primer fondeadero; el 25, los buques se trasladaron
á ese punto, que fué denominado bahía de Pascua. Hubo que comenzar
por rozar los bosques para abrirse camino hasta la aguada, que era
abundante y agradable.
En el entretanto, la _O’Higgins_ había logrado habilitar dos nuevas
bombas, pero el agua había subido á tal altura en la bodega, que toda
la gente tenía que estar echándola á baldadas por las escotillas, y
aunque el 26 tenía ya compuestas todas sus bombas, hubo que aclarar la
bodega de popa y el pañol del pase para librar las provisiones. Durante
todo ese tiempo de dificultades y penurias el almirante fué el primero
en todos los trabajos para librar el buque y sostener á la gente, y el
último en acordarse comodidad alguna.
En cierta ocasión en que cada uno lo daba todo por perdido y el
carpintero declaraba por fin, con lágrimas en los ojos, que ya no podía
hacer más, lord Cochrane ocupó su lugar, trabajó en persona hasta que
las bombas pudieron funcionar é infundió en todos el valor y la energía
que permitieron asegurar la salvación del buque.
Pero la tripulación estaba tan gastada con el incesante trabajo de las
bombas y del baldeo, que hubo que pedir 30 hombres de la _Valdivia_
y 20 de la _Independencia_ para el servicio de las bombas; por fin,
habiendo vaciado el buque, la escuadra surgió el 28 de la bahía de
Fonseca.
El 6 de Enero de 1822 lord Cochrane entró á la bahía de Tehuantepec en
demanda de agua, donde observó cinco volcanes no lejos de tierra; se
dice que el distrito vecino es fértil; la ciudad del mismo nombre tiene
una bahía muy regular que, sin embargo, presenta el inconveniente de
estar atravesada por una barra á la entrada.
El 15 viraron de nuevo en dirección á una isla donde encontraron agua
fresca en abundancia; y después de haber refrescado y hecho agua
prosiguieron el viaje el 19 y anclaron el 29 en Acapulco. Esta ciudad,
que debe toda su antigua celebridad á las ricas flotas de Manila y de
España que acostumbraban anclar en su bahía, espaciosa y segura, apenas
si tiene ahora la importancia de una aldea. Tiene, sin embargo, una
fortaleza, una iglesia parroquial y dos conventos.
Su población permanente es de unas 4.000 almas, cuyo número se dobla
cuando llega el único buque que viene actualmente de Manila. Entonces
se celebra una gran feria, á la cual concurren todos los habitantes
del país, que permanecen algunas semanas en Acapulco para realizar sus
negocios, regresando lo más pronto posible á sus hogares para escapar á
la fiebre endémica de esos lugares.
A pesar del aire fresco que se hace pasar á través de la famosa _abra
de San Nicolás_, el clima es cálido, húmedo y malsano. Disgustado con
las miserias é insolencias del gobernador y avisado de que las dos
fragatas habían pasado para Guayaquil, lord Cochrane abandonó el puerto
el día 3 de Febrero para proseguir viaje al Sur.
Fué éste mucho más penoso que el viaje al Norte. A más de los
frecuentes y repentinos temporales de viento, había que sufrir la
escasez de agua, que era tal, que había que estar alertas á cada
chubasco para recoger en las velas el agua de la lluvia; y esta era
toda el agua con que se contaba para las tripulaciones en muchos casos.
El capitán Crosbie me ha referido que muchas veces se sentaba en uno
de los botes, con el sombrero extendido para recoger un buen trago de
agua, que en esos momentos, de un calor horrible, era la mayor delicia.
Durante todo este tiempo, la vía de agua de la _O’Higgins_ había
seguido agrandándose, y para colmo de desdichas, el 10 se descubrió en
la _Valdivia_ una vía de agua más peligrosa, que comenzó á hacer tres
pies de agua por hora.
La _Independencia_, que se hallaba bien recorrida, recibió orden de
permanecer en sus costas para su vigilancia y también para acechar á
los buques españoles que pudieran ir á rondar por allí.
Recaló en la bahía de San José para hacer agua, salar carne y
procurarse alumbrado, después de lo cual prosiguió en su inspección
y no llegó á Valparaíso sino el 29 de Junio. Durante este viaje, un
teniente, dos soldados y dos marineros de su dotación fueron asesinados
en tierra.
Lord Cochrane se detuvo en la bahía de Tacames cerca del río Esmeralda,
para tomar provisiones, y en compañía de la _Esmeralda_ prosiguió viaje
á Guayaquil, donde se había producido una decidida mudanza en el ánimo
del gobierno. Los agentes de San Martín habían estado allí, y en parte
con halagos y en parte con amenazas, habían inclinado al gobernador al
partido de su jefe, haciendo nacer en él recelos contra lord Cochrane,
que si podían tener algún justificativo, dadas su energía y actividad,
habríalos desvanecido en absoluto el conocimiento de su carácter y de
su conducta. Como se hicieran algunas intentonas para incomodarlo y aun
para intimidarlo, su señoría llegó con sus naves hasta la altura misma
de los fuertes, anclando delante de ellos, y los llamó al orden, ya que
no á la deferencia.
En Guayaquil encontró á la _Venganza_, á la cual tenía derecho para
considerar legítima presa, ya que la había hecho arrancar de todas
partes, forzándola á refugiarse en aquel puerto en estado de rendirse,
estado en que también había llegado la _Prueba_ al Callao. Pero los
agentes del Perú habían entrado en tratos con los comandantes de la
_Venganza_ y de la _Prueba_ y les habían prometido tierras y pensiones
si consentían en entregar sus buques al gobierno del Perú, á lo que
accedieron.
De esta manera le escamoteaba San Martín á Chile las presas que
pertenecían á su escuadra, é inducía á los jefes españoles á vender
los buques cuyo mando les había confiado su gobierno. Resuelto, sin
embargo, lord Cochrane á no meter al país que servía en dificultades
de ningún género con sus vecinos, mandó al capitán Crosbie á tomar
el mando de la _Verganza_ para Chile y el Perú unidos, y ante las
representaciones del gobierno de Guayaquil, dejó la fragata bajo
los colores de dicho Estado, obteniendo la promesa de que no sería
entregada á ningún otro gobierno sin el expreso consentimiento de
Chile, bajo una multa de 8.000 pesos.
Pero, para estos gobiernos de Sur-América, los compromisos son cosa
de risa. Al poco tiempo se rompió lo pactado, sin que jamás se pagara
la multa estipulada; de manera que los oficiales y tripulantes de
la Armada que los habían perseguido por su cuenta y habían pagado
las reparaciones, aparejos y provisiones necesarios, no sólo no han
recibido la recompensa debida por la captura de esos buques, sino que
han sido literalmente defraudados de las sumas que habían gastado en la
persecución. Las causas y las consecuencias de esta falta de probidad
pública quedarán de manifiesto con algunos datos que más adelante se
darán á conocer.
La escuadra recaló en Guambacho, pequeña bahía al Sur de Guayaquil,
para permitir que la _Valdivia_ pudiera carenarse. Reparósele la vía de
agua de babor, que era la más seria, manejándose con las bombas para
vaciar el agua que hacía la vía de estribor. Los buques prosiguieron
su viaje y el 25 de Abril llegaban al Callao[61], donde permanecieron
hasta el 8 de Mayo. A su arribo, San Martín hizo todos los esfuerzos
posibles para atraerse á lord Cochrane, pero sin resultado.
Monteagudo fué á bordo á visitar á su señoría. Le aseguró que San
Martín le profesaba la más alta estima y lo invitó á bajar á tierra,
donde el ministro Torre Tagle tenía dispuesta su propia casa para
recibirle. Propúsole que tomara el título de almirante de las escuadras
unidas del Perú y Chile, lo cual sólo era una treta para llegar á
entrar en posesión de los buques chilenos.
Desarrollóle el plan que ideaba San Martín para apoderarse de las
islas Filipinas, con lo cual podría adquirir una inmensa fortuna, y,
entre otros halagos que cuadraban muy bien en realidad con los gustos
semi-bárbaros de su amo, habló á lord Cochrane de una estrella de
diamantes de la Orden del Mérito que le tenían dedicada y que, junto
con una amable carta de San Martín, le habían reservado al recibo de
la carta que el día anterior había dirigido al ministro de la Guerra
anunciándole su arribo.
A todo esto respondió lord Cochrane que él no podía ni quería
aceptar título, empleo ni honores de un gobierno fundado en el
desconocimiento de la fidelidad, que había prometido la libre elección
de su constitución al pueblo del Perú y que sustentaba la tiranía, la
opresión y la violación de toda ley: que no se izaría á bordo de sus
naves otra bandera que la bandera de Chile, ni izaría su insignia á
bordo de la _Prueba_, porque no quería engañar al gobierno del Perú;
que agradecía á Torre Tagle el ofrecimiento de su casa, pero estaba
resuelto á no poner pie en una tierra gobernada no sólo sin ley, sino
contra toda ley, y que en cuanto á fortuna, eran modestos sus hábitos y
suficientes sus recursos.
He referido detalladamente esta conferencia, porque tuvo lugar el 26 de
Abril, seis semanas después de que García del Río y Paroissien habían
presentado al gobierno de Chile una serie de acusaciones contra lord
Cochrane, reclamando contra él una venganza especial en nombre de su
superior. Esto presenta el carácter y la conducta de San Martín bajo
un aspecto tan odioso, que permite dar entero crédito á la idea de
que haya sido él el instigador de dos tentativas que por entonces se
hicieron para asesinar al almirante por unos individuos que trataron de
introducirse furtivamente á bordo del buque. Uno de ellos era un inglés
que había estado preso durante algún tiempo en el Callao por un crimen
odioso, y que fué puesto repentinamente en libertad, sin que nadie
supiera cómo ni por qué.
Este facineroso, al ser descubierto en acecho junto al buque, no pudo
dar cuenta de quién era ni de cuáles eran sus propósitos, y sólo se
supo que estaba protegido por San Martín. Nadie que conozca el carácter
de Monteagudo podrá dudar de que sea él el agente oficioso de un plan
para ultimar á lord Cochrane con el propósito de hacerlo desaparecer,
y que, tanto él como San Martín usaran los más cortesanos halagos
para atraerlo á tierra para el mejor y más seguro cumplimiento de su
venganza.
No habrá de parecer esto extraño á los que recuerden la suerte de los
prisioneros de guerra que llevaban cartas para el gobernador de San
Luis, en las cuales se les deseaba fueran tratados con toda cortesía
y distinción y festejados tres ó cuatro días; pero había que tener
cuidado con que no pasaran por cierto bosque, en el cual muchos, y
entre ellos el coronel Rodríguez, habían desaparecido, sin que se
hubiese oído hablar más de ellos desde entonces.
Lord Cochrane permaneció delante del Callao hasta el 9 de Mayo; pero
en vano reclamó el pago de los sueldos y las presas que el gobierno
del Perú adeudaba á la flota chilena y los víveres y pertrechos
necesarios. El miedo que se apoderó de San Martín durante el tiempo que
el almirante permaneció allí era de lo más ridículo.
Hizo rodear á la _Prueba_ con amarras y cadenas y que se embarcara en
ella tanta gente, que de noche apenas si podía contenerla, haciéndose
todo lo posible para impedir que algo parecido ocurriera en la
_Esmeralda_; pero se ha dicho que su señoría había dado palabra de que
no intentaría apoderarse de ella, cosa que de otra manera hubiera
hecho en pleno día, á pesar de todas las precauciones.
El 2 de Junio, lord Cochrane llegó con la _O’Higgins_ y la _Valdivia_
á Valparaíso. El 4, el supremo gobierno le dirigió desde Santiago las
siguientes cartas de congratulación y de agradecimiento para él y sus
oficiales, presentándose todas las cosas lo más favorablemente que
podía desearse para el interés de la escuadra.
“MINISTERIO DE MARINA
_Santiago de Chile 19 de Julio de 1822._
Excmo. señor:
El arribo de su excelencia á la ciudad de Valparaíso con la escuadra
de su mando ha sido para el Supremo Director motivo de la más viva
satisfacción, y en los sentimientos de gratitud que ha despertado la
gloria adquirida por V. E. durante la última y prolongada campaña,
encontrará V. E. la prueba de la alta consideración que sus heroicos
servicios tan justamente merecen.
Cabe también una señalada distinción á los jefes y oficiales que,
fieles á su deber, han permanecido á bordo de los buques de esta
nación, y cuya nómina se ha servido V. E. hacerme el honor de
remitirme. Pueden estos señores tener la seguridad de que recibirán
la recompensa debida á su laudable constancia.
Sírvese V. E. aceptar las expresiones de mi mayor estimación.
JOAQUÍN DE ECHEVERRÍA.
A S. E. el honorable lord Cochrane,
vicealmirante y comandante en jefe de la escuadra.”
“MINISTERIO DE MARINA.
_Santiago de Chile, 19 de Junio de 1822._
Excmo. señor:
Su Excelencia, el Supremo Director, deseoso de hacer pública
demostración de los altos servicios que la escuadra ha prestado á la
nación, ha resuelto la acuñación de una medalla para los oficiales y
tripulantes de la escuadra, que llevará una inscripción que exprese
la gratitud de la nación para con los dignos sostenedores de su poder
marítimo.
De orden suprema, tengo el agrado de comunicar lo anterior á V. E., y
ofreciéndole mi respetuosa consideración.
_Firmado_:
JOAQUÍN DE ECHEVERRÍA.
A S. E. el honorable lord Cochrane,
vicealmirante y comandante en jefe de la escuadra.”
Lord Cochrane había pasado dos años y medio á la cabeza de las
fuerzas navales de Chile, habiendo capturado, destruído ó forzado
á rendirse á todos los buques españoles que surcaban el Pacífico y
limpiado de piratas la costa occidental de Sur-América. Bloqueándolas
ó asaltándolas á viva fuerza, había reducido las más importantes
fortalezas del común enemigo de los patriotas; había protegido el
comercio con las potencias neutrales y había añadido mayor lustre á la
causa de la independencia con hazañas dignas de su gran renombre y una
firmeza y humanidad hasta entonces muy raras en la noble lucha por la
libertad.
FOOTNOTES:
[1] Eso es error: se llama Coquimbo el puerto de mar que está á media
hora de camino del pueblo de Serena, por ferrocarril.--(_El editor._)
[2] Temo que se lleve la subdivisión de la propiedad á un extremo
perjudicial, como sucede ó está por suceder en Francia por la nueva ley
agraria. Sólo que en Chile las grandes haciendas son perjudiciales,
porque es imposible que un propietario, en el estado actual del país,
y quizás en cualquiera otra situación, pueda dedicarse á mejorar ni la
vigésima parte de su tierra.
[3] 5 de Mayo de 1810.--El virrey Cisneros, se siente incapaz de
resistir á la opinión pública de Buenos Aires y convoca á la primera
junta de gobierno con el objeto de rechazar las pretensiones francesas
y de establecer un gobierno provisional.--Desde 1811 comienza á
distinguirse Artigas--puede decirse que desde entonces no ha cesado ni
tres meses la guerra civil en esta extensa provincia.
[4] La relación que he hecho anteriormente de la primera época de
la vida de José Miguel Carrera y de la manera cómo se apoderó del
gobierno me fué comunicado por un caballero que ha residido durante
todo ese tiempo en Santiago, que profesaba una afectuosa adhesión á
Luis Carrera, su compañero de colegio, y que evidentemente suavizaba su
relación en lo posible respecto á varias cosas. Con todo, me refiero
al interesante folleto de Mr. Yates, que publicó como apéndice,
enteramente satisfecha de la verdad de todo lo que Mr. Yates ha
presenciado personalmente y sabiendo que lo demás es el eco de lo que
le ha referido la familia, que amaba á José Miguel con el más caluroso
afecto, á pesar de que hasta sus propios amigos confiesan que carecía
de cordura y que sus principios dejaban que desear hasta en su vida
privada.
[5] Los medios que se idearon para procurar caballos y otros recursos
para el ejército parecían más bien las acciones de un forajido que las
del jefe de un gobierno regular, porque la propiedad privada no era
respetada en ningún caso.
[6] D. Juan José Carrera era casado con doña Ana María de Cotapos,
mujer hermosísima, sobrina de D. Enrique Lastra. Debido á una disputa
de familia, Juan José se había ido á Mendoza, quedando don José Miguel
y D. Luis en el ejército.
[7] El ejército estaba tan desprovisto de armas, que se usaban como
mazas los yugos de los bueyes. O’Higgins ideó la fabricación de un
cañón de madera, rodeado de alambre, que hizo explosión al primer
disparo.
[8] Fueron sus colegas D. F. Muñoz y D. José Uribe.
[9] El solo regimiento de Talaveras constaba de 700 plazas.
[10] En Junio de 1818, Santa Cruz de Triana ó Rancagua, recibió en
memoria de lo que había sufrido, el título de muy leal ciudad de la
nación; también el permiso de tener por armas un escudo rojo rodeado de
laureles, con un fénix levantándose de sus cenizas y llevando el árbol
de la libertad en la garra derecha, y esta divisa: “Rancagua se levanta
de sus cenizas; el patriotismo la hizo inmortal.”
[11] Una vez oí á don Bernardo O’Higgins relatar con la mayor sencillez
la historia de esta acción, y estoy segura de que empleó en inglés las
mismas palabras que he citado. En esta ocasión fué cuando los patriotas
cargaron sus cañones con pesos fuertes.
[12] Nunca he podido averiguar con exactitud ni el lugar de su
nacimiento ni su verdadero parentesco. Estuvo en España, agregado á la
policía militar, y es una persona distinta del valiente general San
Martín, con quien muchas personas lo han confundido.
[13] 1.000 infantes, 1.000 de caballería, 360 húsares, cuatro piezas
de artillería de campaña con su dotación completa de artilleros,
sirvientes, etc.
La mayor parte de esta relación de la batalla de Chacabuco está sacada
de un interesante folleto escrito por un español con el título de
_Relación de los acontecimientos de la pérdida del Reino de Chile_;
el resto, lo he tomado de la relación verbal del director D. Bernardo
O’Higgins.
[14] Los comerciantes ingleses habían auxiliado eficazmente á los
patriotas proporcionándoles armas y bagajes. Un documento oficial del
gobierno realista de 1816 alega como razón para no permitir á los
extranjeros la entrada á los puertos, ni aun para traficar en cobre, el
que D. Juan Diego Bernad había proporcionado á los patriotas noventa y
ocho pares de pistolas.
[15] Después gobernador del Callao.
[16] En esta ocasión se echó al fuego todos los papeles públicos,
órdenes, documentos, informes, etc., á fin de que las familias no
quedaran expuestas á la venganza de París.
[17] Bergantín de guerra inglés, de 18 cañones, llamado antes _Hécate_,
que había sido comprado y conducido á Chile por los capitanes Guise
y Spry para negociarlo. El gobierno de Chile se lo compró después de
haber sido rehusado por el de Buenos Aires.
[18] Si yo tuviese menos motivos de gratitud para lord Cochrane, podría
hacerle probablemente más justicia; pero para hablar de él como se debe
se necesitarían no sólo una pluma más preparada, si no también juicios
más libres de esa sensibilidad que hace que un amigo al hablar de otro
amigo lo haga con la misma modestia que si se tratara de su propia
persona.
[19] Las ventas de terrenos y de agua en este llano han cubierto con
exceso el gasto y comienzan á ser una fuente de utilidades para el
gobierno.
[20] Se contaban también el _Galvarino_, el _Araucano_ y el
_Pueyrredon_.
[21] La razón (por tal la dan algunos) que se tuvo para entrar con dos
buques solamente, con los colores ingleses, fué que se tuvo noticias de
que debían arribar pronto dos buques que se esperaban de Inglaterra.
[22] La _O’Higgins_ y la _Lautaro_ estaban pintados como los buques de
guerra norte-americanos.
[23] El hijo menor de lord Cochrane pasó andando en cubierta durante
todo el tiempo, tomado de la mano de su padre. Como viera caer muerto
á un hombre de los que servían los cañones del alcázar, se dirigió á
su padre diciéndole: “Todavía no han hecho la bala que ha de tocarle á
Tomasito, papá!”
[24] Véase la _Gaceta_ extraordinaria del 2 de Agosto de 1819, en
la cual aparece que Mr. Smith había perdido todo título á que se le
considerara neutral, porque se había consagrado calurosamente al
servicio del virrey, conduciendo sus despachos y trasladando de un
puerto á otro á sus oficiales, servicios que el virrey reconoce en
documentos públicos.
[25] Véase la _Gaceta_ extraordinaria del 9 de Agosto de 1819.
[26] En cuanto llegó el almirante Blanco á Valparaíso, el 26 de Mayo,
se le puso arrestado por haber suspendido el bloqueo del Callao, sin
tomarse en cuenta que los buques carecían de provisiones. Juzgado por
una Corte marcial, que presidía lord Cochrane, sirviendo Jonte de
fiscal, fué absuelto honrosamente el 22 de Julio.