las órdenes del general Las Heras, con dos piezas de artillería, y
formó en dos cuadros de á 1.000 hombres cada uno, en la ardiente playa
de Paracas, donde permanecieron hasta la puesta del sol. En cierto
momento, avistóse una patrulla como de sesenta jinetes enemigos en lo
alto de una colina, que venían aparentemente á hacer un reconocimiento;
pero fueron dispersados por unos cuantos disparos de la _Moctezuma_;
y cuando, después de una marcha de seis horas, las tropas llegaron á
Pisco, se hallaron con que los españoles habían mandado sus esclavos,
su ganado y provisiones al interior, retirándose ellos mismos á Ica,
sin dejar tras de sí más que unos jarros de aguardiente del país,
llamado pisco, que fueron repartidos entre el ejército y la marina, con
vivo contento de los marineros, que tenían gran necesidad de alcohol ó
de vino.
Al día siguiente desembarcó el resto del ejército y se estableció el
cuartel general en Pisco, donde se publicaron boletines periódicos
que contenían pomposos detalles de los fastos de la expedición y
diversas proclamas relativas al buen orden y disciplina de la tropa.
En esos boletines aparecían disimulados á los ojos del público los
errores y deficiencias en la marcha, el orden y el mando del ejército.
Las patrullas de requisición traían caballos y ganado en cantidad
suficiente para el ejército; pero la armada continuaba escasa de
víveres.
Durante los cincuenta días que el ejército tuvo sus cuarteles en Pisco,
el coronel Arenales ocupaba á Ica, Palque, Nazca y Acari, apoderándose
de una cantidad de pertrechos militares y revolucionando el país á su
paso, mientras el capitán general se quedaba en completa inacción. En
realidad, desde el 26 de Septiembre al 4 de Octubre, estaba llevando á
cabo una negociación con el virrey, para lo cual se había celebrado un
armisticio en Miraflores. Cuáles han podido ser las expectativas que
cada parte contemplaba en la negociación, es cosa que no se explica
claramente.
La base sobre que discurría el virrey era, no obstante, la constitución
que el rey de España había jurado reconocer en el mes de Marzo
precedente. La misma constitución había sido promulgada en Lima el día
9 y jurada el 15 del mes en curso. ¿Sería de propia inspiración y con
motivo de la llegada de las fuerzas libertadoras que Pezuela había
dado instrucciones para que á todos los Estados que de hecho estaban
separados de la madre patria, se les invitara á adherirse á ella, bajo
el amparo de la constitución, asegurándoles á sus primeros magistrados
todos los honores y consideraciones compatibles con la dignidad de la
corona española.
Pero Pezuela debe de haber estado profundamente engañado respecto á la
índole de los sur-americanos si ha podido imaginarse que por tan vagas
invitaciones iban á renunciar su independencia, que tanto les costaba,
ó que un ejército como el que acampaba en Pisco, iba á retirarse
tranquilamente del territorio enemigo ante una simple petición de su
gobierno. Sin embargo, como no podía desecharse ninguna oportunidad
para asegurar pacíficamente la libertad, por la cual todo hombre había
jurado morir si España no la concedía, fueron oídas las proposiciones
del virrey, nombrándose al efecto plenipotenciarios al coronel Tomás
Guido y al secretario García del Río[36].
Pero, como el virrey insistía en la sumisión de todas las provincias
sud-americanas á la corona y cortes de España, la negociación fué
abandonada. El siguiente es el párrafo más conciliador que se encuentra
en las cartas del virrey, después de manifestarle á San Martín que
el mejor camino que puede seguir es someterse al rey y jurar la
constitución: “Si bien los americanos pueden tener ciertas objeciones,
ciertas quejas que formular respecto á algunos asuntos en que ellos se
creen perjudicados, ello es cosa de poco momento, porque puedo asegurar
á vuecencia que toda queja fundada será atendida con justicia por las
cortes y el rey.”
Además, el virrey rehusaba tratar sobre otros puntos si antes no se
prestaba el juramento de la constitución aprobada por las cortes,
mientras los emisarios de San Martín insistían en el reconocimiento de
la completa autoridad de Chile como país independiente regido por un
gobierno representativo. Así, pues, pronto se dió fin al armisticio, y
se declararon abiertas las hostilidades el 4 de Octubre, al reabrirse
las noticias de la revolución de Guayaquil.
El comandante en jefe, después de haber reforzado suficientemente sus
tropas durante los cincuenta días que pasó en Pisco, se embarcó de
nuevo el 28 de Octubre[37] y emprendió viaje hacia el Norte, pero no
directamente á Lima, como oficiales y soldados se lo figuraban en el
ejército.
Su primera intención era dirigirse á Trujillo, ciudad situada á
no menos de cuatro grados del Callao, donde el ejército no habría
reportado ventaja alguna, como no fuera el hallarse á salvo de un
ataque de Lima, ya que no era accesible por tierra, y que por mar
habría estado protegido por la escuadra; con alguna dificultad se
consiguió que el general San Martín abandonara su plan y se acercara un
poco más al principal punto de ataque. Si hubiera procedido así desde
un principio, hubiera asegurado el éxito; porque en todo el país estaba
la gente muy bien dispuesta para recibir al ejército libertador con los
brazos abiertos; pero él dejó correr el tiempo.
Algunos se declararon muy temprano en su favor, y fueron desterrados
ó aprisionados ó castigados corporalmente por el virrey; otros,
al acercarse las tropas de San Martín, pusieron dificultades para
proveerlas, y fueron tratadas por éste con todo el rigor militar, de
aquí que la gente se fastidiara y se sintiera tan hostilizada que
llegara á mirar como opresores á ambos bandos y perdiera el amor á la
independencia nacional, cuya introducción desvirtuaba la violación de
la libertad civil.
La conducta del general parece guiada por la idea de que con sólo
presentarse en la costa atemorizaría al virrey hasta la sumisión, y
que hostilizando á las pequeñas poblaciones de la costa llegaría á
apoderarse de las fortalezas del Callao. No obstante, como se ha visto,
se embarcó el 28, y el 29 la flota ancló en la bahía del Callao, y
habiendo satisfecho su curiosidad con un vistazo á los castillos y á
las fuerzas navales, el capitán general siguió viaje el 30 para Ancon,
donde permaneció con las tropas á bordo de los transportes durante diez
días.
Mientras tanto, el regimiento Numancia desertaba del campamento español
el día 2 de Noviembre y se juntaba á los patriotas. Mientras el
ejército permanecía así inactivo, lord Cochrane se había ocupado con
toda diligencia en el reconocimiento del Callao, habiéndose formado
el propósito de apoderarse de la fragata _Esmeralda_, de 40 cañones,
que estaba anclada entonces en la bahía bajo la protección de los
castillos. Aparte de las 300 piezas de artillería que había en la
playa, estaba defendida por fuertes cadenas y amarras; varias filas
de buques viejos armados como pontones la resguardaban, rodeábanla
27 cañones de distintos tamaños, y el enemigo, temeroso que pudieran
atacarla, había reforzado su tripulación y la de los pontones, de modo
que tenía á bordo 370 marineros é infantería de marina, los mejores
que se podían conseguir, los cuales dormían al pie de sus cañones y en
alcázar hacían seis semanas.
El 5 de Noviembre se hizo saber á los oficiales y tripulación de los
buques el objeto á que obedecían los preparativos hechos para esta
empresa y se les leyó la siguiente proclama:
“Soldados de marina y marineros:
“Esta noche vamos á dar un golpe mortal al enemigo y mañana os
presentaréis con orgullo delante del Callao. Todos nuestros camaradas
envidiarán nuestra buena suerte. Una hora de coraje y de resolución
es cuanto se requiere de vosotros para triunfar. Acordaos de que sois
vencedores de Valdivia y no os atemoricéis de aquéllos que un día
huyeron de nuestra presencia.
“El valor de todos los bajeles que se capturen en el Callao os
pertenecerá, y se os dará la misma recompensa que ofrecieron los
españoles en Lima á aquellos que se apoderasen de cualquiera de los
buques de la escuadra chilena[38].
“El momento de la gloria se acerca, y yo espero que los chilenos se
batirán como tienen de costumbre, y que los ingleses obrarán como
siempre lo han hecho en su patria y fuera de ella.--A bordo de la
_O’Higgins_, 5 de Noviembre de 1820.”
Todos los marineros y soldados de marina de la _O’Higgins_, la
_Lautaro_ y la _Independencia_ se ofrecieron voluntariamente para el
servicio; pero sólo fueron aceptados 240, y á las ocho de la noche
todos los botes, en número de 14, se reunieron al costado de la
_O’Higgins_ con sus tripulaciones vestidas de blanco, yendo cada hombre
armado de un cuchillo y una pistola. La primera división de botes fué
confiada al capitán Crosbie, y la segunda al capitán Guise, y á las
diez de la noche lord Cochrane, después de haber dado algunas órdenes
para guardar estricto silencio y para usar exclusivamente el arma
blanca, saltó á su bote y gobernó directamente hacia el Callao.
Una de las cañoneras, situada á popa de la _Esmeralda_, alerteó á los
botes, y entonces lord Cochrane se puso de pie en el suyo, y desnudando
la espada dijo en voz baja: “Silencio ó muerte” y fué obedecido.
Preguntó por el santo y seña de la noche, que era “Victoria, Gloria”,
lo que auguraba un buen presagio, y pasó en seguida sin ser molestado.
En pocos minutos los botes estuvieron al costado de la fragata,
abordándola á un mismo tiempo por babor y estribor. Lord Cochrane fué
el primero que saltó á bordo, é inmediatamente recibió un balazo en el
muslo derecho, poco más arriba de la rodilla; pero habiendo cogido por
las piernas al centinela que le hizo fuego, lo tiró al mar y se sentó
tranquilamente en un cañón y continuó dando sus órdenes; mientras tanto
los españoles se habían reconcentrado en el castillo de proa y parecían
resueltos á defender sus puestos. Dos veces los capitanes Guise y
Crosbie cargaron á la cabeza de sus divisiones y fueron rechazados.
Sólo al tercer ataque lograron vencer.
Los soldados de marina habían caído como un solo hombre; se habían
lanzado á ocupar el puesto que les correspondía. La lucha se renovó
en el castillo de popa; en comparación fué débilmente sostenida por
haberse refugiado la mayor parte de la tripulación en la bodega,
rindiéndose por fin el buque.
Lord Cochrane ordenó en seguida que se tripularan los botes, á fin de
seguir su plan de apoderarse del _Maipú_ y de algunos otros buques;
pero los hombres se habían entregado al saqueo, y la obscuridad y la
confusión hicieron imposible llevar á cabo sus órdenes. Además los
castillos habían comenzado un sostenido fuego sobre la fragata y aunque
había izado las mismas luces que los buques neutrales _Hyperion_,
fragata inglesa[39] y _Macedonia_, fragata de los Estados Unidos, el
fuego continuó.
De manera que para evitar que sufriera averías, se le cortaron las
amarras y fué trasladada fuera de tiro de cañón con dos cañoneras de
las más grandes, de que lord Cochrane se había apoderado.
Las pérdidas del enemigo fueron numerosas entre muertos, heridos y
ahogados. Todos los oficiales, de los cuales tres estaban heridos,
cayeron, y el capitán Coig, comandante, recibió una seria contusión de
una bala de las baterías; ciento cincuenta hombres de la tripulación
fueron también apresados, y á más de la insignia del comandante en jefe
una considerable cantidad de pertrechos navales y algún tesoro. La
pérdida por parte de los chilenos fué de 15 muertos y 50 heridos.
Si bien lord Cochrane no quedó en aptitud de proseguir su plan, el
resultado que había obtenido sobrepujaba á cuanto se había hecho ó
proyectado en aquellos mares, y en realidad, si se exceptúan sus
propias hazañas en servicio de su patria, no hay época ni nación que
haya presenciado un plan más atrevido, más hábilmente ejecutado.
Pero nadie como él poseyó una vista más certera para percibir todas
las ventajas, ni espíritu más resuelto para la empresa, y sobre todo
una más perfecta posesión de sí mismo en los momentos de las grandes
acciones.
El sigilo con que fué proyectado el golpe y lo súbito de su ejecución,
le aseguraron á lord Cochrane á la vez la reputación de político y
de guerrero. Por el yelmo de Plutón, dice lord Bacon, lo que hace
invisible al político en su marcha es el secreto en el consejo y la
celeridad en la ejecución; no hay secreto comparable á la celeridad; se
parece al movimiento de la bala en el aire, tan veloz en su trayecto
que la vista no la puede seguir.
Coroliano, cuando su país se portó ingrato con él, fué á ponerse al
frente del ejército enemigo, y así se vengó. Alcibíades huyó á la corte
de un tirano y asoló con sus excesos la tierra que había renegado, y
así muchos han seguido, sea el ejemplo del uno, sea el del otro. Lord
Cochrane, cuando salió de su amada patria, rehusó las espléndidas
ofertas de una corte extranjera, por no luchar contra los principios de
su pueblo, sino que se dirigió á una remota y débil nación á poner sus
talentos al servicio de la sagrada causa de la independencia nacional.
Y si bien Chile está lejos todavía de gozar de todas las ventajas que
debían derivarse del ideal por que luchó, él cumplió su parte; fueron
arrojadas de las costas del Pacífico las flotas de los opresores;
quedaron establecidos algunos principios y sembradas algunas semillas
de futuros beneficios que lo inmortalizarán como un benefactor de la
humanidad á la par que como un héroe, cosas ¡ay! que suelen ser tan
completamente diferentes. Pero volvamos á nuestro relato.
* * * * *
En la mañana del día 6, las mujeres del Callao cometieron una horrible
matanza entre los tripulantes de algunos botes de la _Macedonia_. No
se daba crédito á que lord Cochrane, sólo con los botes hubiera podido
zafar con la _Esmeralda_ sin el concurso de los buques ingleses, y como
el populacho no distinguía entre ingleses y americanos, cayó sobre los
tripulantes de los botes, que, como de costumbre, habían ido al mercado
en busca de carne fresca y de legumbres, y pasó á cuchillo á la mayor
parte de ellos.
En cuanto se tuvo noticia del suceso en el castillo, el gobernador
despachó tropas en protección de los extranjeros, y gracias á esta
precaución escaparon algunos con vida. En esta ocasión el almirante
propuso un canje de prisioneros.
En la misma tarde, el _Araucano_ llevó á Ancon las noticias del
triunfo, que fué recibido con el mayor entusiasmo por el ejército. El
8 llegaron también á Ancon la _O’Higgins_ y la _Esmeralda_ donde el
ejército volvió á aclamar al almirante, acariciando las más fundadas
esperanzas de que pronto se emprendería el ataque de la ciudad.
Guayaquil se había declarado independiente y el regimiento Numancia se
había incorporado al ejército libertador.
El mejor buque del enemigo había sido apresado, y los efectos morales
de estos acontecimientos, para no hacer mención de las diarias aunque
menos importantes ventajas que ganaban diversos oficiales, parecían
calculadas, no sólo para llevar el prestigio de los patriotas y
estimular á declararse á sus secretos amigos, sino más bien para
desalentar al enemigo. Sin embargo, á pesar de que todas las cosas
parecían invitarlo á la acción, no se conseguía inducir por medio
alguno á San Martín á que abandonara sus recelosos planes, y en
consecuencia, el 9 siguió viaje para Huacho, más lejos de Lima todavía,
y con todo su ejército desembarcó y fijó su cuartel general en Supe,
donde propuso despachar la mitad de su ejército para Guayaquil,
probablemente con el intento de asegurar esa provincia como una porción
de su futuro imperio.
Este imprudente proyecto fué, sin embargo, dejado de mano y el general
se contentó con hacer que el ejército se replegara á Huaura, en el
mismo momento en que se agregaba á las felices circunstancias ya
mencionadas la emancipación de Trujillo y la que el general Arenales
obtenía en Pasco, el 6 de Diciembre, con una victoria decisiva sobre
los realistas mandados por O’Reilly[40]. Pronto comenzaron las tropas
á sentir los malos efectos de la insalubre posición de Huaura, y cerca
de la tercera parte murió de fiebre durante los largos meses que acampó
allí.
Mientras tanto don Tomás Guido y el coronel Luzurriaga habían
salido para Guayaquil, comisionados para retornar los cumplimientos
presentados á la fuerza _libertadora_ por Escobedo, jefe de aquella
ciudad, al logro de cuyos propósitos había ofrecido todos los recursos
de la rica provincia de que Guayaquil es capital. Otras eran, en tanto,
las miras que contemplaba San Martín: los éxitos extraordinarios
de Bolívar en el Norte habían hecho nacer la idea de que su celo
infatigable habría de conducirlo á las provincias del Perú.
Pero no entraba por manera alguna en los planes de San Martín que una
expedición parecida llegase á tener la fortuna de privarlo de una
parte del imperio que comenzaba á ambicionar para sí. En consecuencia,
sus emisarios propalaron que, con la caída de Lima, Guayaquil sería
el puerto principal de un gran imperio, que el establecimiento de los
arsenales y diques que requería la armada de San Martín enriquecería,
no sólo á los individuos empleados en ellas, si no á la ciudad entera;
mientras que si Guayaquil quedaba sometido á Bolívar sería considerada
únicamente como provincia conquistada y de muy escasa importancia
para el inmenso estado de Colombia. Con este razonamiento se indujo al
gobierno existente á formar un cuerpo de milicia y á tomar todo género
de medidas para tener á raya á cualquier invasor colombiano.
No fué esta la única negociación que se condujo desde el cuartel
general de Supe; entre San Martín y el virrey tuvo lugar un cambio
de correspondencia voluminosísima, referente, á veces, al canje de
prisioneros, otras á los títulos honoríficos, y de vez en cuando
algunas quejas del Libertador sobre los triviales desacatos de los
diarios de Lima, quejas que el virrey replicaba.
Por su parte, la prensa de Supe no se estaba ociosa; fuera de los
boletines del ejército libertador se publicaban edictos llamando á los
esclavos á incorporarse al ejército, prometiéndoles que serían pagados
sus amos, y proclamas halagadoras dirigidas á los “Españoles Europeos”.
Desde que la expedición partió de Chile, el Director y el Senado habían
dedicado sus esfuerzos al aumento de las entradas públicas; pero su
ignorancia de los principios de la economía política no les permitió
nunca levantar sino recursos temporales.
En los ramos del gobierno anduvieron más afortunados; revisáronse las
leyes relativas al matrimonio, dándoles una base más liberal que antes,
se mejoró la policía de la capital y, generalmente hablando, se procuró
una más estricta ejecución de las leyes.
Sin embargo, las provincias del Sur sufrían las perturbaciones que
ocasionaba la actividad de Benavides, hombre de carácter feroz, que se
había hecho odioso, no sólo por su rigurosa obediencia á las órdenes
que tenía recibidas de España para no dar cuartel á los europeos que
fueren cogidos en armas en favor de los patriotas, sino por haber
extendido la crueldad de sus prácticas á los mismos hijos del país.
Las atrocidades que ambos bandos cometían afrentaban á la humanidad,
y no era de las menos odiosas señales del tiempo la manera escandalosa
con que los sacerdotes prostituían la religión cristiana ante las
conveniencias bélicas y políticas[41]; en una palabra, las postrimerías
del año 1820 distaban mucho de ser satisfactorias en la frontera del
Sur.
Por ese entonces ocurrieron dos incidentes que, si bien no tuvieron
importancia, eran característicos de la época. Habiendo recalado en San
Carlos de Chiloé un buque inglés para reparar las averías sufridas en
el viaje y renovar sus víveres, el gobernador apresó á la tripulación,
alegando que lord Cochrane y la mayor parte de los tripulantes de la
escuadra chilena eran ingleses, y que á no ser por ellos nunca habrían
triunfado los enemigos del rey su señor.
El otro incidente parece dar consistencia á la idea de que en cierta
época un partido había ofrecido á un príncipe de la casa de Borbón una
corona imperial en Sur-América. Los periódicos de Río Janeiro habían
dado cuenta del arribo á los mares del Sur de cierto número de buques
de guerra franceses que venían convoyando á un gran personaje, cuyas
expectativas habíanse visto desvanecidas por el estado actual de Buenos
Aires. Poco tiempo después de la llegada de estas noticias, doblaron
el cabo de Hornos varios buques de guerra franceses, que recalaron en
diferentes bahías de Chile, con cuyo motivo el ministro de Marina se
dirigió al comodoro francés para saber por qué motivo habían pasado al
Pacífico.
La respuesta acalló todos los temores. En una carta muy cortés, M.
Jurien aseguró al gobierno de Chile que el único objeto que había
tenido en vista S. M. C. Majestad al enviar aquí sus buques era la
preparación de los jóvenes oficiales de su armada y el reconocimiento
de estos mares.
Mientras tanto, lord Cochrane sostenía vigorosamente el bloqueo del
Callao; el 2 de Diciembre, 16 cañoneros salieron de la bahía á atacar
á la _O’Higgins_ y la _Esmeralda_, pero, después de una acción que
duró poco más de una hora, se vieron obligadas á retirarse, con serias
pérdidas. El día 26 se repitió una tentativa parecida, con el mismo
resultado, sin que hasta comienzos de 1821 ocurriera otra cosa de
importancia que el apresamiento de varias embarcaciones cargadas de
víveres.
El mes de Enero se empleó de la misma manera: la escuadra conservaba
estrechamente el bloqueo, y algunos destacamentos del ejército, á
las órdenes de Arenales y otros, ganaban pequeñas ventajas en las
inmediaciones, mientras el grueso del ejército continuaba en la más
completa inacción.
El mes de Febrero fué más notable, por varios motivos. En primer lugar,
el general La Serna sucedió al virrey Pezuela en el cargo de virrey
del Perú, por voluntad de la tropa; en seguida, San Martín publicó,
el día 12, un “Reglamento provisional para establecer los límites del
territorio actualmente ocupado por el ejército libertador y la forma
de administración que debe observarse hasta que pueda constituirse una
autoridad central por la voluntad de las ciudades libres”.
Merecen ser reproducidas algunas frases de esta pieza, para dar á
conocer el estilo y espíritu de las publicaciones del capitán general.
“Encargado de restituir á esta vasta porción del continente americano
su existencia y sus derechos, es deber mío consultar sin restricción
alguna todos los medios que puedan contribuir á esa grande obra. Por
más que la victoria conservara una estricta alianza con mis armas,
quedaría un peligroso vacío en los compromisos que he contraído si
no preparara con anticipación los elementos de la reforma universal,
que no es posible perfeccionar en un solo día ni es justo postergar
indefinidamente.
Los más brillantes resultados de la guerra y las más gloriosas
empresas del genio del hombre sólo pueden excitar en el pueblo un
sentimiento de admiración mezclado de ansiedad, si no descubre á su
terminación el mejoramiento de sus instituciones y una indemnización de
sus actuales sacrificios. Entre la confusión de una reforma prematura
y el peligro de dejar abusos sin corregir, hay un término medio, cuya
amplitud señalan las circunstancias del momento y la gran ley de la
necesidad.” Después de una cantidad de frases de la misma especie
siguen veinte reglamentos, sin que ninguno de ellos remueva ningún
mal, sino que todos se refieren al nombramiento de gobernadores y
recaudadores de impuestos y á los plenos poderes que él se arrogaba
para gobernar, y especialmente para _castigar_ á aquellas personas cuya
conducta política pudiera ser ofensiva para él ó contraria á sus miras.
Pero la envidia, que había comenzado á intrigar contra lord Cochrane
aun antes de su llegada, estuvo á punto de estallar por entonces
de una manera grandemente bochornosa para muchos de los oficiales
de la escuadra chilena y extremadamente perjudicial para la causa
que servían. Todos habían llegado más ó menos como aventureros
independientes, y no obstante haber adoptado Chile formalmente las
ordenanzas y reglamentos del servicio británico, se imaginaban
que el buque cuyo mando se les había confiado era cosa propia y
que su obediencia al almirante era en cierto modo facultativa,
particularmente, los asuntos concernientes á los oficiales de los
buques.