Paris, noviembre 1857.
#DE COMO UN PRÓLOGO ES A VECES NECESARIO.#
No es la moda la que coloca la pluma en mis manos: al contrario,
he tenido necesidad de discutir conmigo mismo para convencerme
de que al resumir en un volúmen las notas de mis viajes, me
obedezco, sin tener en cuenta para nada que la moda es esta.
Teniendo la pasion de la lectura y alentado por la buena acojida
que han obtenido los diferentes ensayos literarios que he dado á
la estampa, nada mas lógico que bosquejar el cuadro de
mis viajes.
¡El viaje! esta ha sido mi constante aspiracion desde que tuve
la edad de quince años. ¡Gracias mil á Dios que me ha otorgado
la realizacion de mis ensueños, acariciados tanto tiempo por mi
imaginacion!
Sucedíame siempre una misma cosa cada vez que me paseaba en el
campo. La idea del viaje, siempre compañera de mi memoria, era
constantemente el tema seguro de mi conversacion: mirando
siempre delante de mí, me impacientaba contra el horizonte que
cerraba el paso á mi vista.
Los límites que las encumbradas montañas trazaban naturalmente á
mi curiosa mirada siempre ávida de penetrar á traves de los
términos, cruzábales afanoso con el pensamiento; y solazaba mi
fantasía con el bellísimo lienzo que en mi ilusion dibujaba.
Un cielo nuevo, diferentes praderas y torrentes, aire mas
dilatado, otros espacios, un _mas allá_ distinto del que siempre
me encerraba en su estrecho ámbito; hé aquí mis deseos eternos.
Estas eran mis frases; esta mi necesaria conclusion cada vez que
regresaba del campo.
La idea de visitar nuevos paises, se presentaba constantemente á
mi imaginacion con un delicioso misterio que me fascinaba. La
lengua, los trajes, las costumbres, toda la vida analizada en
conjunto y en detalle, fingíala en mi deseo, como distinta y
nueva, en parangon con la que yo conocia.
Mas tarde, cuando entreví la utilidad de los viajes, por la
instruccion y conocimiento del mundo que reportan, tomó carta de
naturaleza dentro de mi cerebro--por decirlo así--la idea
de viajar.
Hoy, que afortunadamente he visitado algunos paises, dando
cumplida satisfaccion á mis aspiraciones, justo y hasta
necesario es que concrete en un solo cuadro los recuerdos de mis
excursiones.
No pretendo escribir un libro: si la frase no estuviera gastada,
yo llamaria á este epítome _impresiones de viaje_, pero tantos
son ya los que así han bautizado á sus apuntes, que yo me aparto
á toda prisa de semejante diccion y concluyo este mal hilbanado
prólogo rogando al lector que califique este trabajo del modo
que mas cuadre á su gusto.
Como quiera que sea, esta publicacion no es otra cosa que una
galería de cuadros naturales tomados á la vista: los colores que
empleo, tomados de mi pobre paleta, son débiles pero exactos.
Y basta para un prefacio: era indispensable consignar que este
libro no es hijo de la moda: si no me equivoco, lo he apuntado
ya, y si no se entiende bien, sépase al ménos que yo he
pretendido decirlo.
#ESPAÑA#.
La España, nuestra querida patria, tan calumniada por algunos
extranjeros que con trivial ligereza han querido juzgarla, sin
estudiar en modo alguno su estado actual, avanza rápidamente en
el camino del progreso, y dentro de muy pocos años ocupará el
importante rango que de hecho la pertenece en Europa.
Cualquiera otra nacion del mundo que hubiera tenido que pasar
por las duras pruebas que la nuestra, con sus revueltas
políticas tan frecuentes, con sus inútiles gobiernos, con su
fratricida y desoladora guerra civil de siete años, hubiera sido
borrada de los mapas y fundido en cualquiera otra su deshecha
nacionalidad. Nuestra querida patria, que á pesar de todo, ha
guardado incólume hasta hoy su santa independencia, que vive
vida propia, que trabaja y avanza y que toca ya las ventajas de
un magnífico porvenir, ha probado al mundo con esta demostracion
de pujante vitalidad propia, que se basta á sí misma y que
merece ocupar un gran puesto en el congreso de los pueblos
civilizados. Los dos altos y augustos sentimientos que viven en
su corazon y la han conducido á salvo por en medio de
tempestades y peligros, son el sentimiento religioso y el
nacional: aquí amamos á Dios y á la patria; y estas dos
poderosas virtudes que de luengos siglos poseemos, que guardamos
con religiosa exactitud y que de seguro trasmitirémos á nuestros
venideros, son dos poderosas palancas de porvenir y fuerza.
Nuestra legislacion municipal, la mas rica, la mas libre, la mas
antigua de Europa, nos ha dado una educacion intrínsecamente
democrática, que ha engendrado en nuestras almas el innato amor
á la libertad. En vano se nos hablará de la dinastía austríaca
que ha gobernado nuestra España con las formas del absolutismo:
nuestros ilustres comuneros de Castilla, combatiendo los
primeros del mundo en batalla campal contra la tiranía de los
Reyes, son una soberbia y altiva protesta que nuestro carácter
escribió en los campos contra todo lo despótico. Nuestras
costumbres, prácticamente libres, no importadas de parte alguna,
son las mas democráticas de Europa: y al decir esto, ni hablamos
de memoria ni avanzamos una aseveracion dudosa.
En nuestra vida de viajero y de diplomático hemos tenido ocasion
de estudiar de cerca y con detenimiento las costumbres de las
sociedades de Europa: en ninguna ni nunca hemos encontrado la
admirable igualdad práctica de nuestra España, donde en rigor no
existen clases: aquí, entre nosotros, lo mismo hoy que en tiempo
del absolutismo, todas las carreras y dignidades del Estado han
sido accesibles al pueblo; de sus filas han salido ministros,
generales, obispos, estadistas, todo: hoy, como siempre, están
abiertas á todas las clases de la sociedad española las carreras
todas: no tenemos aristocracia de hecho: el clero, el pueblo, la
nobleza, la clase media, se mezclan y confunden en sus
reuniones, en sus enlaces, en sus actos todos de la vida pública
y privada. Como nuestra educacion ha sido eminentemente
democrática, nuestras costumbres lo son tambien, y de ellas ha
brotado espontáneamente el sentimiento de amor á la libertad que
tenemos; y amando á Dios, á la libertad, y á la patria, el
filósofo y el estadista pueden regocijarse y estar tranquilos;
nosotros no podemos morir y el porvenir es nuestro.
Esto en cuanto á la España moral: ahora vamos á visitar, aunque
ligeramente, la España que los extranjeros han descrito, la
España de difíciles comunicaciones y de atraso material.
Madrid, que hoy empieza á ser conocido en toda Europa, es una
gran capital que de nada carece: cielo espléndido, sociedad
finísima y fácil, vida literaria pujante y fecunda, once teatros
públicos, donde tienen su templo todos los géneros de la
comedia, la música y el drama: artistas, literatos, filósofos,
academias, museos: caminos de hierro á diferentes ciudades de
importancia, abundancia de recursos literarios, paseos
admirables, monumentos, calles y plazas como las de las primeras
capitales de Europa, diferentes líneas férreas comenzadas que le
darán una inmensa importancia dentro de cuatro á cinco años que
todas estarán terminadas, movimiento periodístico inmenso,
animacion, fisonomía, grandeza. Ese es el Madrid de hoy: esperad
cinco años y será visitado por todos los viajeros de Europa, que
de seguro hallarán en él una de las mas bellas ciudades de hoy:
cuenta una poblacion de 300,000 habitantes.
Barcelona, segunda capital de España, con cuatro caminos de
hierro, abiertos al público hace años, con una vida industrial
asombrosa, con sus innumerables fábricas de cuanto la industria
conoce[1], con su puerto importante donde todos los dias tocan
vapores de todos los paises, con sus tres teatros públicos, dos
de ópera italiana, con sus doscientos treinta mil habitantes,
con sus magníficas plazas y calles, sus monumentos, su
prodigiosa animacion, su constante actividad, con sus buenos
hoteles, sus paseos, su creciente prosperidad; Barcelona,
concluimos, es una ciudad de alta significacion y de la
importancia de cualquiera otra ciudad de Europa que como ella no
sea capital de nacion.
Valencia, ciudad pintoresca y animada, con una poblacion
laboriosa y trabajadora, con su industria de seda tan avanzada,
puerto de mar concurrido, mucho comercio, caminos de hierro á
Játiva y al Grao, dos teatros públicos, muchas iglesias notables
bajo el aspecto del arte, la campiña mas deliciosa que
imaginarse puede, toda cultivada admirablemente palmo á palmo,
con museo, casinos, sus periódicos, sus hermosas mujeres, su
delicioso clima, su azulado cielo, su animacion habitual, y su
poblacion de ciento cinco mil habitantes.
Sus principales edificios son la catedral, el consulado, el
Temple, el Hospital General, la Aduana, el palacio del Arzobispo
y otros varios. Tiene universidad literaria muy concurrida,
escuelas gratúitas, y casas de beneficencia en brillante estado.
Entre los establecimientos penales descuella el presidio, que es
un verdadero modelo y merece ser visitado por los extranjeros.
Valencia ántes de un año estará unida á Madrid, Alicante,
Almansa y Albacete por medio de un camino de hierro.
Sevilla, con su Guadalquivir á los piés, con su célebre
catedral, las casas consistoriales, la Audiencia, la Lonja, y
otros muchos edificios notables; Sevilla es tambien una de las
ciudades mas mercantiles de España, comercia en grande escala, y
tiene una poblacion de ciento treinta mil almas. Su cultura es
superior á todo elogio, pues hasta en las filas del pueblo se
observan buenos modales y finura.
Tiene Sevilla excelentes periódicos de literatura, academias, y
aventajados artistas. Su cielo, su clima, sus mujeres son
renombradas en toda Europa: los frutos deliciosos de su campiña
son de lo mejor de su clase: tiene muy avanzadas las obras de
sus ferrocarriles á Córdoba y Cádiz.
Zaragoza la inmortal, la patria de los hijos esforzados, es
tambien otra ciudad importante de España que he visitado tres
veces. El camino de hierro que la pondrá en comunicacion con
Madrid y Barcelona, que ántes de cuatro años estará abierto al
público, pues en ámbas líneas se trabaja sin descanso, acrecerá
muchísimo su actual significacion y la dará nueva vida
é impulso.
Zaragoza tiene magníficas iglesias que llaman la atencion del
viajero y que merecen verse, como la Seo y Nuestra Señora
del Pilar.
Sus edificios mas notables son la Lonja y los palacios del
Arzobispo y del General. Entre sus calles ocupa el primer lugar
la del Coso, ancha, recta, despejada; hay muy buenos paseos al
rededor de la ciudad. La agricultura constituye la principal
riqueza de la capital de Aragon: tiene tambien sus periódicos y
sus teatros: la poblacion es de cincuenta mil almas. El pueblo
es eminentemente liberal, noble, esforzado, valiente, generoso.
Cádiz y Málaga, otras dos ciudades de nuestra España que he
visitado, se distinguen, la primera por su encantadora
situacion, por su blancura y su excesiva limpieza, por su
civilizacion avanzada.
Es grande la vida literaria de Cádiz, donde se publican muy bien
escritos periódicos y libros: tiene florecientes academias y
dase culto esmerado á las artes: su sociedad es una de las mas
cultas y finas de España.
Sus mujeres, poderosamente hermosas, son uno de los mejores
adornos de su sociedad. Cádiz tiene tres teatros públicos,
calles y plazas elegantes, y el aspecto general de la ciudad es
de lo mas agradable y pintoresco que idearse puede.
Tiene caminos de hierro en explotacion á Jerez y al Puerto, y en
construccion el de Sevilla.
Málaga, industrial, puerto de mar, fábricas de fundicion, de
tejidos, de hilados: buenos paseos, algunos edificios notables:
sus célebres vinos.
Hablo en mi libro únicamente de las ciudades que he visto; el
viajero tiene todavía algunas otras dignas de ser visitadas:
Granada, Córdoba, Toledo, Santiago, Leon, Salamanca.
Continuando nuestra rápida reseña sobre España, vamos á
consignar unos ligeros apuntes sobre algunas otras ciudades que
tambien conocemos.
Palencia, situada á ocho leguas de Valladolid y cuarenta de la
capital de España, es una ciudad que, aunque de tercer órden,
tiene una magnífica catedral, los palacios de Don Sancho y el
Obispo, un elegante teatro, casino, y algunas buenas calles: su
riqueza la constituye la agricultura.
Tiene fábricas de harinas. La primera universidad que hubo en
España se fundó en Palencia: se tiende á sus puertas el canal de
Castilla que la pone en comunicacion con Alar y Valladolid; y
hoy trabaja con fe en su camino de hierro.
Valladolid, patria de Felipe II, es sin disputa la primera
ciudad de la caballerosa y noble Castilla. Tiene universidad
literaria muy concurrida, audiencia territorial, es capital de
uno de los distritos militares de la Península, ciudad agrícola
é industrial.
Sus principales edificios son la catedral, obra magnífica del
grande Herrera, que no está terminada; la universidad, de formas
elegantes y de gusto arquitectónico; la célebre iglesia de San
Pablo, con sus lindísimos pórticos, su esbelta arquitectura y
lujo de ornamentacion; los arcos de Benavente, el palacio Real y
algunos otros.
Valladolid tiene muchas y buenas calles, algunas tiradas á
cordel; paseos excelentes, como el _Campo Grande_ y las
_Moreras_; bibliotecas públicas, teatros, sociedades literarias.
Hoy empieza á ser un centro industrial de importancia: muchas
fábricas de harinas, otras de tejidos de algodon, de loza, de
hilados, de fundicion. Tiene treinta mil habitantes, canal
navegable hasta Rioseco y Alar, y muy adelantadas las obras de
su via férrea.
Búrgos, ciudad de recuerdos y monumentos, merece tambien la
visita del viajero. Su renombrada catedral, una de las mas
bellas de Europa, es majestuosa, gallarda, elegante; ataviada
con el manto gótico que sus arquitectos la vistieron, se
presenta al espectador con todo el interes de un monumento
del arte.
Las _Huelgas_, célebre monasterio, fundado por Alfonso VIII,
llama tambien la atencion del que viaja para estudiar. La
iglesia de los Cartujos contiene un soberbio sepulcro consagrado
á Don Juan II, digno de ser visto: es obra de arte admirable,
fundido en mármol de Carrara, con rica pompa de relieves y con
lujo de estatuaria.
Búrgos tiene hoy poca importancia; su clima es sumamente frio y
sus recursos son muy pocos: se visitan con gusto sus edificios
notables y sus paseos, pero fuera de esto nada ofrece
al viajero.
Santander, ciudad perteneciente tambien á Castilla la Vieja, es
un centro muy activo de nuestro comercio; tiene una vida pujante
y animada y cuenta con grandes recursos y elementos de
prosperidad. Puerto de mar muy concurrido, y depósito general de
todas las harinas de Castilla, mantiene activas relaciones de
comercio con toda América, y en especial con nuestras Antillas.
Su muelle es uno de los mas bellos de España, un largo y
elegante lienzo de magníficas casas constituye su frente
principal. Cuando se terminen las obras del puerto, y esté
abierta al público la línea férrea hasta Alar, una de cuyas
secciones está ya en explotacion, Santander acrecerá mucho la
importancia y significacion que hoy tiene.
Cuéntanse en la ciudad algunos buenos edificios; las calles en
general son rectas y despejadas: hay un lindo teatro y sus
correspondientes casinos.
Vitoria, San Sebastian é Irun, son las tres poblaciones de
importancia que se encuentran en el camino de Madrid á Bayona.
Sabido es que nuestras Provincias Vascongadas son un modelo de
laboriosidad y cultura: allí la tierra no permanece ociosa, como
en Aragon, que solo puede visitarse por tener el honor de
penetrar dentro de los muros de la inmortal Zaragoza.
Las Provincias Vascongadas, como he indicado, tienen el
privilegio de atraer poderosamente la atencion de todo aquel que
las visita. Sus moradores, lo mismo que los aragoneses, reflejan
en sus expresivos rostros la honradez y franqueza.
El pais todo está cuidadosamente cultivado: en los picos de las
montañas ha plantado la vid la mano laboriosa del vasco.
Cuéntanse innumerables carreteras, anchas, cómodas y bien
construidas. La sencilla organizacion de sus tutelares gobiernos
de provincia, favorece el desarrollo de la buena fe que á todos
distingue, y los vínculos de la familia, santos en todas partes,
son allí sagrados: de aquí la bondad de los habitantes, porque
sabido es que el hogar doméstico es todo; si este es bueno, la
sociedad, que es su reflejo, no puede ménos de serlo tambien.
Vitoria, San Sebastian é Irun, son tres lindas ciudades, aseadas
y hermosas, notables por su animacion y riqueza: abundan las
fábricas de fundicion y el trabajo se hace _oir_ en todas
partes. Vitoria y San Sebastian cuentan buenas plazas y
edificios: Irun tiene una bonita casa de villa. De Irun á la
frontera de Francia solo debo hacer notar una santa emocion que
me conmovió. En el solemne instante de cruzar el puente del
Vidasoa, mi corazon conmovido profundamente envió desde el
extremo del puente un saludo de bendicion y de cariño á mi
familia y á mi patria. Mi queridísima España, representada en
Irun, que todavía devoraba con mis ojos, me atraía poderosamente
hácia sí, y por dos veces consecutivas avancé hasta la mitad del
puente para enviarla mis votos por su engrandecimiento y
prosperidad.
Habiendo dado demasiada extension al capítulo sobre España,
vamos á terminarle consagrando ántes unas cortas líneas al
estado actual de nuestros medios de comunicacion, y exponiendo
algunas otras consideraciones generales sobre el estado actual
de España.
En materia de comunicaciones, tenemos carreteras generales en
buen estado para las principales ciudades de España; los canales
de Castilla, Aragon y otros: vapores para todas las líneas, y
caminos de hierro de Madrid á Almansa y Alicante, de Valencia á
Játiva, de Barcelona á Tarrasa, Granollers, Arenys de Mar y
Martorell, de Cádiz á Jerez y al Puerto, de Reinosa á Alar, de
Valencia al Grao, de Langreo á Gijon, de Tarragona á Reus: todas
estas líneas están abiertas al público: en construccion
avanzada, próximas á terminarse, tenemos la de Almansa á Játiva,
y la de Madrid á Guadalajara tambien: estas dos líneas, ámbas
grandes y de suma importancia, se darán al público ántes de un
año: las líneas de Zaragoza á Barcelona, y de Madrid á
Valladolid, en las que se trabaja sin descanso, se abrirán
tambien á la circulacion pública ántes de tres años.
En resúmen, España, que por causas conocidas de todos, ha
tardado en comenzar sus vias férreas, toma hoy una noble
revancha trabajando en todas direcciones y sin levantar mano.
Esta es la España verdadera actual, no la que algunos viajeros
han pintado: pronto la Europa toda tendrá ocasion de conocerla.
Los inmensos recursos de todo género con que contamos, la
fabulosa riqueza de su favorecido suelo, sus dos mares, sus
rios, su delicioso clima, su próspera y floreciente agricultura,
su industria y su comercio, en progreso constante; su poblacion
de diez y ocho millones de habitantes, todas estas
circunstancias reunidas, con su red de caminos de hierro que hoy
construye aceleradamente, sus riquísimas y florecientes colonias
de América y Asia, sus posesiones de Africa, y su portentosa
riqueza, le aseguran un porvenir grande, digno de ella. Con un
buen gobierno que tuviéramos por una docena de años, nuestro
brillante porvenir llegaria mas pronto.
En España tenemos once universidades literarias, á las que
concurrieron en 1856 doce mil seiscientos tres estudiantes. Las
escuelas públicas de instruccion que se cuentan en España son
15,400, y los discípulos que asistieron á ellas en el mismo año
1856 fueron en número de un millon ochocientos mil. Estas dos
cifras hablan muy alto en favor del estado intelectual de
España: fíjense bien los que pretendan hablar de nuestro pais en
esas dos estadísticas, que son las que mejor traducen el estado
intelectual de un pueblo.
El número de periódicos políticos y literarios de todo género
que se publicaban en España en 1856 fué el de doscientos
ochenta. Esta elevadísima cifra, que tambien aboga en pro del
grande amor á la lectura que se ha dispertado en nuestro pueblo,
se aumenta todos los dias; cuéntanse muchísimas bibliotecas que
publican á volúmen diario, y alguna de ellas tiene mas de
cincuenta mil suscritores.
No hay una sola poblacion en toda España, comprendiendo las de
tercero y cuarto órden, que carezca de un teatro y de un casino
con gabinete de lectura.
Un pueblo que lee y que concurre al teatro, tiene una educacion
culta, y demuestra que es digno de ser estudiado por los
viajeros que se proponen conocer el espíritu de un pueblo,
primera aspiracion de todo el que viaja con un noble objeto.
Los establecimientos de beneficencia que el sentimiento
cristiano español ha levantado entre nosotros componen un número
crecidísimo y hablan muy alto en favor de nosotros. La España
cuenta actualmente mas de doscientas casas de beneficencia que
la caridad pública sostiene en su mayor parte. Las escuelas
gratúitas fundadas en España para la educacion del pueblo, y en
las cuales se da una instruccion esmerada, son en grande
número tambien.
Ya se comprenderá fácilmente que en este libro no nos ocupamos
con detencion de nuestro pais: si la índole de una obra como
esta, en la que solo están apuntadas las impresiones de un
viaje, nos permitiera entrar en el exámen de su espíritu
público, de la organizacion de la familia, de sus relaciones
sociales, de su carácter digno y altivo, de sus grandes
instituciones; entónces podríamos trazar un cuadro consolador y
admirable. En otro libro que preparamos sobre el estado actual
de la Europa, nos ocuparémos separadamente y con la extension
necesaria de nuestra amada España.
Aquí solo apuntamos detalles y algunos datos estadísticos de
verdadero interes para el que desee conocer un poco la patria de
Cervantes y Calderon.
Habiendo trazado el cuadro de nuestros viajes por Europa y
América, hemos creido de nuestro deber dar tambien un lugar en
nuestras páginas á la España, con el único objeto de darla á
conocer tal cual es, deshaciendo en cuanto podamos las
equivocadas opiniones que de ella se han formado por muchos
viajeros. Y como publicamos nuestro libro en Paris, haciendo
ademas una edicion francesa, esperamos que nuestra patria será
debidamente apreciada, con lo cual queda satisfecho nuestro
primer deseo. Nosotros no pedimos mas que imparcialidad: así
como en nuestro libro se encontrará un juicio desapasionado y
exacto de cuanto hemos visto en las diferentes naciones que
conocemos, del mismo modo reclamamos para España narraciones
verídicas y justas.
Nosotros para ser estimados y respetados no necesitamos mas que
una circunstancia, una sola, la de ser estudiados y conocidos.
Previa esta indispensable manifestacion, vamos á terminar
nuestro capítulo sobre España, no sin consignar ántes algunas
otras notas de importancia é interes para mejor conocer y
apreciar el estado actual de España.
El clero español, que en muchos pueblos de Europa suponen
poderoso, y á quien atribuyen una inmediata influencia sobre la
marcha social de España, ocupa una posicion inmensamente
diferente de la que hasta hace poco disfrutaba, y carece de esa
accion que los que no conocen nuestro pais le suponen.
La revolucion política y social operada en España á consecuencia
de la muerte de Fernando VII, ha emancipado para siempre al
pueblo español de la influencia clerical que de un modo
ilegítimo pesaba sobre él: las inmensas riquezas que la Iglesia
española poseia, han sido vendidas por la nacion en su mayor
parte: con la regeneradora medida de la desamortizacion, se ha
prodigiosamente aumentado la riqueza pública, se ha impreso un
poderoso movimiento de institucion al comercio y á la industria,
se han creado muchos propietarios, se ha dado mayor vida á la
agricultura, y se ha libertado el pueblo español de una
influencia que le entorpecia en su majestuosa marcha.
Yo, que me vanaglorio de ser cristiano, no quiero en modo alguno
para el clero otra influencia que la de su talento y su virtud,
ninguna otra; no quiero jamas un clero rico que influya bajo tal
consideracion.
Por fortuna la España no tiene que temer ese grande
inconveniente: declarados justamente bienes de la nacion los que
el clero retenía en su poder, y vendidos como están aunque por
desgracia no todos, la influencia del clero español es hoy
limitada y corta. Como en nuestra actual sociedad significa
tanto, por desgracia, la riqueza, el clero ha perdido con los
bienes que poseia la influencia que le daban: en los
presupuestos de la nacion figuran las sumas con que el Estado
atiende á los justos y necesarios gastos del culto y sus
ministros: con esto solo se prueba que el clero no es rico, y no
siéndolo como no lo es, no tiene otra influencia que la que de
derecho le pertenece, la que le da su augusto ministerio y la
que puedan prestarle sus virtudes y sus talentos.
Con esta manifestacion quedan victoriosamente contestados
cuantos suponen equivocadamente que el clero de nuestros dias en
España ocupa el mismo puesto que el de hace cien años: no hay
mas diferencia que la de un siglo, y la de un siglo de
constante progreso.
La clase media, que ántes que en ningun otro pueblo de Europa
tomó puesto y lugar, definiendo sus títulos y aspiraciones ante
el clero y la nobleza, porque nosotros apénas hemos conocido el
feudalismo, tiene hoy entre nosotros grande importancia y
significacion. Los mas ilustres representantes de la literatura,
la política, la filosofía, las artes, la iglesia y la milicia
han salido de sus filas: las eminencias todas del pais reconocen
por orígen á la clase media, que es rica, ilustrada, numerosa.
Nuestro ejército, aguerrido y valiente como el primero del
mundo, se halla hoy en un estado de organizacion admirable. Yo,
que soy enemigo de los ejércitos permanentes y que con profundo
dolor reconozco hoy como una fatal necesidad, hasta que los
gobiernos, cumpliendo con sus deberes, eduquen é instruyan al
pueblo, no puedo ménos de admirar el estado del ejército
español, que es brillantísimo.
La marina de guerra, que fué un dia la primera de Europa, y que
hace veinte años se hallaba en un lamentable estado de
postracion y abandono, se fomenta y engrandece
extraordinariamente en nuestros dias. Las construcciones de
buques de guerra ocupan hoy nuestros arsenales, y cada año se
aumenta nuestra armada, que muy pronto será respetable y
numerosa. La prosperidad creciente y asombrosa de nuestras
colonias de Asia y América, para cuya defensa tenemos
constantemente en ellas mas de treinta buques de guerra, hace
necesaria la grande proteccion con que hoy miramos á la armada.
Nuestro comercio exterior, que cada dia aumenta los círculos y
esferas de su accion, que se extiende y se presenta en remotos y
nuevos mercados, cuenta tambien con una numerosa marina mercante
que es un grande elemento de riqueza nacional.
Si al terminarse la guerra civil de los siete años nuestro
numeroso y aguerrido ejército hubiera ido á Africa, donde tanto
hemos poseido y á donde debemos ir, hoy tendríamos mas
posesiones que las que nos pertenecen; nuestro comercio se
hubiera desenvuelto en mayor escala; las ambiciones militares
hubieran tenido un noble palenque donde desarrollarse y crecer,
y por último, nos hubiéramos visto libres de muchas discordias
civiles que han trastornado la España.
Entónces los triunfos de nuestras armas no hubieran costado á la
patria tanto sacrificio, tanta desgracia. ¡Ojalá se hubiese
hecho así! ¡Qué _hoy_ tan claro alumbraria nuestros horizontes!
#FRANCIA#.
Es un error muy admitido, especialmente en España, el que
consiste en creer que la Francia toda es un pais de adelantos
y progreso.
La Francia, cuya iniciativa en los asuntos políticos de Europa
le concede mucha importancia, tiene bastante que progresar aun
para ponerse á nivel de otros pueblos en cuanto á ciencias,
filosofía y artes; y considerada bajo el prisma de mejoras
materiales, solo en estos últimos cuatro años es cuando ha
comenzado á progresar.
El sistema de centralizacion que el partido conservador
entronizó en Francia de un modo exagerado, ha hecho que Paris
sea la nacion, el corazon de la Francia, su brazo, su cabeza.
Para ello ha sido necesario ménoscabar las libertades de los
municipios y con ellas la vida de las provincias, su vida
política, su accion gubernamental. Como Paris es verdaderamente
una ciudad mágica y portentosa, donde se halla reunido todo lo
mejor de la Francia, sus poetas, sus filósofos, sus pintores,
sus literatos, sus hombres políticos; como en Paris vive el
arte, como es el centro de todas partes, como es la sola ciudad
que generalmente visita el viajero, de aquí el que se crea que
la Francia es el primer pueblo. ¡Error! y error lamentable,
porque Paris no es mas que la capital, y Paris no es la Francia
para el filósofo, para el que pretende estudiar el estado
del pueblo.
Cuando se visitan las ciudades de segundo y tercer órden, se ve
cuan atrasada está aun la Francia: la instruccion pública,
seguro barómetro de un pueblo, léjos de ser general como en
Suiza y Alemania, se encuentra rezagada y en un lamentable
estado, siendo general en todos los pueblos, aun los mas
próximos á las ciudades, encontrar una tercera parte del pueblo
que no sabe leer ni escribir, siendo las mujeres las que ménos
aprenden[2]. Hasta hace dos años, época del grande
desenvolvimiento de los caminos de hierro, las ciudades de
segundo y tercer órden estaban sin mas comunicaciones que las de
unas incómodas é insoportables diligencias: el extranjero
encontraba con mucha dificultad un hotel medio regular donde
hospedarse: hoy todavía se cuentan en Francia bastantes
diligencias, y en cuanto á los hoteles, son en mucho inferiores
los que hoy existen á los de la Suiza, Holanda y otros paises.
La filosofía del siglo XVIII, que ha dado al pueblo frances una
educacion materialista, ha producido los resultados que hoy se
tocan con gran desconsuelo de sus hombres pensadores. El pueblo
frances apénas cree en otra cosa que en los goces; toda su
ciencia se reduce á la duda y al sarcasmo. Sin fondo alguno, sin
educacion literaria, sin instruccion bastante, escapa el
espiritualismo á su corta concepcion; duda por sistema, y en vez
de estudiar para aprender algo, se duerme en la ignorancia mas
desconsoladora, en esa ignorancia estacionaria que no da un paso
adelante ni atras; ese es el pueblo frances considerado bajo el
aspecto de la inteligencia.
Las ciudades de Francia que yo he visitado, y de las que hablaré
ligeramente, son Bayona, Burdeos, Nancy, Strasbourg, Mulhouse,
Amiens, Marsella, Lyon, Lille, Poitiers, Angulema, Tours,
Perpignan, Narbona, Tolosa y Orleans.
Habiéndome dirigido á Francia desde Madrid por Búrgos y las
Provincias Vascongadas, segun he apuntado ya, la primera ciudad
que salió á mi encuentro fué Bayona.
Desde la misma frontera el viajero comienza á ver los hilos
eléctricos que ponen en comunicacion instantánea á todos los
departamentos con Paris.
Este notabilísimo invento, debido al ilustre español Salvá, que
en el año 1829 hizo en la Academia de Madrid los mas cumplidos
ensayos, cuando ninguna nacion de Europa tenia aun la mas remota
idea de él, le han utilizado los extranjeros ántes que nosotros.
La Francia, en materia de comunicaciones, está hoy muy avanzada.
En el mismo instante de entrar en su territorio, la policía se
encarga de hacer presentar su pasaporte á todo viajero. La
diligencia española que desde Búrgos llega hasta Bayona, sufre
tambien á la entrada de Francia un escrupuloso registro; todos
los equipajes son reconocidos, y lo primero que á los españoles
se pregunta por los encargados de la oficina aduanera, es _que
si llevan tabaco_.
Tan luego como esta enojosa ocupacion se terminó, continuamos
nuestro viaje hasta Bayona. Antes de llegar á esta ciudad, no
obstante ser el trayecto tan corto, tuve lugar de acordarme de
las casas de Beneficencia y de las formas con que se recibe á
los extranjeros. Digo esto porque desde la frontera hasta Bayona
encontré doce ó catorce mendigos que desde la carretera misma
imploraban la compasion del viajero; esto por lo que se refiere
á la organizacion del sistema de las casas de caridad pública;
respecto á lo de las formas, dos veces nos pidieron los
pasaportes, y dos veces fué detenida la diligencia desde la
frontera hasta Bayona en cuya ciudad nos hicieron entregarlos de
nuevo á las mismas puertas.
Esta vigilancia continua que ciertamente molesta, en especial á
los caractéres independientes, produce muy mal efecto. Mucho
aplaudiria yo á los gobiernos que despues de adoptar las medidas
necesarias que la tranquilidad de cada pueblo reclama,
recibieran á los extranjeros con ménos lujo de accion
gubernamental, con ménos formalidades.
Antes de ocuparme de Bayona, pláceme consignar una observacion
digna de ser notada. Algunos españoles traducidos que solo han
llegado á la frontera de Francia, se esfuerzan en hacer creer
que todo lo extranjero es bueno, é insoportable lo nacional. El
descrédito que quieren hacer caer sobre el pais que los ha
educado, se vuelve de rechazo sobre ellos. Yo, que me precio de
ser eminentemente imparcial, diré á propósito de comunicaciones
lo mismo que sobre todo, la verdad y nada mas que la verdad.
La carretera de Madrid á Zaragoza, la de Madrid á Santander por
Búrgos, la de Madrid á Bayona, la de Valencia á Madrid por las
Cabrillas, y por último, todas las que abundan en las Provincias
Vascongadas, son casi tan buenas y tan bien construidas y
cuidadas como las de Francia, Italia y Suiza, que son las
principales que he encontrado en Europa. El que diga lo
contrario habla con prevencion é injusticia.
Bayona tiene una soberbia campiña que hermosea
extraordinariamente todo su término: la ciudad presenta muy buen
aspecto; anchas y largas calles constituyen su elegante centro.
Desde luego se apercibe el viajero que Bayona es ciudad de
alguna importancia; la animacion que reina por todas partes
habla en pro de su riqueza y movimiento comercial: vida
literaria ninguna. Hoteles y algunos edificios notables
embellecen el interior de la ciudad: las plazas, en general
grandes y hermosas, entretienen agradablemente la atencion. Como
el interes de una poblacion como Bayona se gasta pronto para el
extranjero, tomé billete en la diligencia de Burdeos, que á las
dos de la tarde parte del Hotel del comercio[3].
Veinte horas poco mas ó ménos emplea la diligencia en su carrera
de Bayona á Burdeos. La carretera que separa estas dos ciudades
es buena como casi todas las de Francia. Es de notar que por
todas partes se recrea y deleita la vista contemplando la
cultivada campiña que se ostenta lozana en general. La Francia,
que se ha visto libre de las prolongadas y eternas luchas que
han desolado nuestra España; la Francia, que por otra parte
cuenta con la enorme poblacion de 36,000,000 de habitantes y se
halla muy bien enclavada en Europa, ha tenido tiempo y brazos
suficientes para hermosear su terreno, poblándole como lo está
de casas de campo, y cultivar con esmero y asiduidad la tierra
que embellece los términos, acrecienta la riqueza pública, da
ocupacion á sus moradores y adelanta el progreso público.
Sin episodio ni incidente alguno notable entré en Burdeos.
Esta populosa ciudad, una de las primeras de Francia, anuncia
ántes de entrar en su recinto lo importante de su significacion
política y comercial. El viajero que llega á Burdeos procedente
de Bayona, atraviesa una larga calle de tres cuartos de legua,
cerrada con imponentes y majestuosos lienzos, que desemboca en
una gran plaza.
Algunos elegantes palacios embellecen la ciudad; un considerable
número de hoteles, servidos regularmente, ofrecen comodidad
al viajero.
El comercio de la poblacion empujado por el grande sistema de
comunicaciones que por tierra y por mar facilitan allí las
relaciones, presta bastante vida á todo. Su celebrado víñedo,
que tanta riqueza supone, adorna de un modo espléndido la
campiña. Las tiendas de comercios de la ciudad, vestidas casi
con tanto lujo como las de Paris y Lóndres, comunican á su
aspecto ese aire de fiesta que tanto gusta á la moda de
decoracion actual.
El teatro de Burdeos es un vasto edificio de piedra con cuatro
fachadas de elegantes columnas, gallarda pompa de construccion y
con riqueza de detalles arquitectónicos. Visto solamente su
exterior, sobrepuja á los primeros de Europa tanto por su
grandeza material como por su bizarra contestura. La sala no
corresponde á la magnificencia que desde fuera anuncia:
recientemente se ha decorado el interior, ántes de que yo le
visitara, pero sin embargo es muy inferior á lo que prometen sus
espaciosos y elegantes vestíbulos, su soberbia galería circular.
Los palcos son desmesuradamente grandes y están vestidos con
chocarrera decoracion: las lunetas pobres y estrechas.
Lo que falta á Burdeos es poblacion: el número de habitantes que
contiene no está en relacion con la grandeza de la ciudad, así
es que el silencio la rodea. Las Catacumbas y algunos cuantos
edificios que embellecen la poblacion, son dignos de que el
extranjero los visite.
Burdeos puede considerarse como un gran pórtico que da entrada á
Paris: la idea que su conjunto imprime en el ánimo, prepara y
medio dibuja las colosales proporciones de la soberbia ciudad
que se llama Paris. Diferentes empresas de carruajes hacen el
servicio del interior de la ciudad.
El afan con que yo deseaba llegar cuanto ántes á la capital de
Francia, me hizo abandonar mas pronto á Burdeos. La grande
distancia que separa á estas dos capitales la recorre el viajero
en doce horas, merced al excelente camino de hierro que las une.
Al dirijirme desde mi hotel al embarcadero tuve ocasion de ver
un largo y bien construido puente próximo á la estacion, que mas
tarde he vuelto á ver y que se distingue por su elegante y
sólida construccion. Cerca de la ciudad existe un puente
colgante que vale una visita.
Elegante y espacioso es el embarcadero del camino de hierro;
tomé billete de primera clase en tren directo, cosa que aconsejo
á todos tanto por la economía de tiempo como por la mayor
seguridad que ofrece, y apénas sonaron las ocho de la mañana en
el reloj de la estacion, rompió su majestuosa marcha el tren.
Aquí podria combatir bajo cierto aspecto el sistema de viajes
por camino de hierro como prosáicos, en el sentido de que hacen
inútil la hermosura y juventud de la naturaleza, que al
rapidisimo vuelo con que uno marcha le es imposible admirar.
Efectivamente; la poesía de los paisajes diferentes que presenta
la naturaleza, así como el encanto de sus cuadros variados y
frescos, pasan completamente desapercibidos á traves del rápido
curso con que se precipitan los carruajes arrastrados por
el fuego.
En cambio y compensacion casi suficiente, pueden á su vez
objetar los que no se cuidan de las bellezas del campo, que vale
mucho mas prescindir de la poesía que soportar las incomodidades
casi insoportables en un largo viaje, de la vetusta y molesta
diligencia.
Mi voto en esta cuestion pertenece sin vacilar un momento á las
locomotoras. Me entusiasma y complace leer los prodigios que
Dios ha escrito en ese libro majestuoso que se llama la
naturaleza, pero no es ménos cierto que me asusta y desalienta
ese cerrado cajon de madera que se llama diligencia y yo
apellido tortura. Sí, no ofrece la menor duda: los caminos de
hierro son los preferidos por todo el mundo; aparte de sus
inmensas ventajas de inaudita y pasmosa celeridad, ademas de su
cómoda disposicion, tienen tambien su poesía especial. Las
columnas de humo blanquísimo que suben en forma de corona desde
el momento en que rompe su marcha majestuosa el tren, el vuelo
solemne é imponente de su carrera, que parece conducir por el
aire á los carruajes, tiene tambien su poesía.
Elegantes coches de ocho asientos, anchos, cómodos, espaciosos,
ofrecen al viajero la mas cumplida comodidad: una tupida
alfombra recoje los piés, que pueden colocarse del modo y forma
que mas acomode: de noche tiene dentro cada carruaje luz
clarísima para que el viajero lea. Desfilan á su vista durante
el dia con la prodigiosa celeridad de un sueño, las campiñas y
los pueblos. Si estas magníficas ventajas pueden parangonarse
con el penoso encarcelamiento del estrecho calabozo que con
nombre de _berlinas_ (algo propio sin duda) ofrecen las
diligencias, dígalo alguno si se atreve.
La via férrea de Burdeos á Paris es rica en obras notables:
hállanse abiertos en su carrera trece ó catorce túneles de
consideracion, sólida y elegantemente construidos. Pasan de
treinta los puentes ligeros que le hermosean; el terraplen y la
nivelacion hábilmente verificados, prestan á la marcha de los
carruajes movimiento suave é igual. De corta en corta distancia
adornan é interrumpen el camino elegantes estaciones de forma
graciosa y moderna, donde se sirven con el mismo lujo que en los
mas afamados hoteles, comidas y almuerzos. Los numerosos
dependientes que por toda la línea llenan el servicio, pregonan
en alta voz á la llegada de los trenes, los nombres de las
estaciones. El plazo que en los trenes directos se concede á los
viajeros para comer, es sumamente corto. De Burdeos á Paris, que
hay una distancia de cien leguas castellanas, solo nos detuvimos
á comer en dos estaciones, permitiéndonos solamente quince
minutos en una y treinta en otra: todo es necesario para cruzar,
como se cruza, tan larga distancia en el brevísimo término de
doce horas.
Sin que se sepa por qué, pues la via está perfectamente acabada,
es frecuente en averías el camino de hierro de Burdeos á Paris.
La semana ántes de atravesarle yo hubo un tren descarrilado, si
bien afortunadamente no ocurrieron desgracias. Esta escena,
acaecida diferentes veces ya á pesar de haberse empezado á
explotar hace poco tiempo, se repitió el dia en que yo le crucé.
Eran ya las ocho de la noche, y despues de haber tenido un
felicísimo viaje, nos hallábamos á poca distancia de Paris
cuando de repente advertimos que el tren se habia detenido.
Despues de aguardar un cuarto de hora sin preguntar la causa,
porque suponíamos que instantáneamente comenzaria de nuevo su
marcha, y viendo que continuábamos en el mismo sitio, nos
decidimos á preguntar la razon. El tren que nos habia precedido
hallábase detenido despues de tres horas porque la máquina se
habia descarrilado. Los carruajes estaban en medio de la via y
el paso del nuestro era imposible. Tres horas poco mas ó ménos
sufrimos la inesperada detencion que el tren anterior nos
originó: ninguna desgracia felizmente hubo de lamentarse. Una
vez despejada la via, avanzó nuestra máquina y á la una y media
de la noche entramos en la ciudad que se llama Paris.
De Burdeos hasta la capital de Francia halla el viajero una
campiña soberbia, por todas partes cultivada, pueblos grandes,
vegetacion lozana, y las importantes poblaciones de Libourne,
Anguleme, Poitiers, Tours y Orléans.
Ya lo he apuntado mas de una vez y todavía tendré ocasion de
repetirlo: he atravesado la Francia en toda su extension, desde
la frontera de España hasta la de Suiza, cruzando una distancia
de trescientas leguas. Por todas partes, sin exceptuar un palmo
de tierra, todo está cultivado: los alambres telegráficos no se
pierden jamas de vista: estas dos consideraciones hablan muy
alto, son las que me llamaron sin tregua la atencion: las
quisiera encontrar en toda España.
La verdadera civilizacion consiste en el trabajo, que engendra
buenos ciudadanos, ennoblece las almas, acrecienta la pública
riqueza y mata la holganza. Los gobiernos que han construido las
vias férreas, y los pueblos que han abierto los senos de la
tierra con el arado, merecen una alta estima.
Vamos á entrar en Paris.
#PARIS#.
Así como en los siglos de fe religiosa hacíanse peregrinaciones
de todas partes para ir á visitar los Santos Lugares, la tumba
de Santiago el Apóstol, ó las venerandas reliquias de Roma,
actualmente se dirijen todos los curiosos de todas las naciones
á _Paris_, la ciudad de las ciudades.
Y en verdad que merece la pena: el arte que nació en el Oriente,
que tuvo mas tarde por patria á Grecia y que por último se
guareció en Roma, habita hoy en Paris. En este poderoso bazar
del lujo y de la pompa, tiene en nuestros dias su templo. El
extranjero que llega por vez primera á Paris está seguro de
fastidiarse los tres primeros dias con el tumulto de su
incansable movimiento y la febril agitacion de aquella vida.
Pero muy pronto la reaccion comienza, y la idea que primero se
presenta es la de continuar en su recinto todo el
tiempo posible.
Vuelvo á recordar al lector que no pretendo bosquejar
sucintamente la historia de los lugares que visito: prescindo
del Paris antiguo, y voy á limitarme á reseñar algunas de sus
principales maravillas: no consulto ni abro ningun libro, de
memoria escribo, y solo los recuerdos dictan mis descripciones.
Esto no quiere decir que habrá inexactitudes; eso no: yo hago
mencion solamente de lo que he visto por mí mismo: lo que quiero
significar es que no mencionaré todo, porque ni ese es mi objeto
ni corresponde á un libro de esta índole. Yo visité en la
capital de Francia lo que quizá muchos no se acuerdan de ver; en
esto como en todo, el gusto especial de cada uno forma regla
aparte. Yo haré relacion de lo que he visto.
Al dia siguiente de mi llegada á la capital de Francia, fuíme al
Cuartel Latino á visitar dos casas célebres: la que habitó
últimamente Robespierre y aquella en que vivia Marat cuando la
heróica Carlota Corday libró á la humanidad de tan
furibundo demagogo.
Los recuerdos viven por todas partes en Paris: los barrios
situados del otro lado del Sena encierran muchos monumentos y
edificios notables. Allí está la celebrada Sorbona, de donde han
salido hombres eminentes; la Escuela de Medicina, donde ha
brillado últimamente el ilustre español Orfila; la Escuela de
Artes, en la que se da muy buena enseñanza.
Allí está el Panteón, donde descansan los restos de Rousseau y
otras muchas notabilidades; es un sólido y elegante edificio de
piedra con dos órdenes de columnas corintias y esbelta
arquitectura; allí está la iglesia de Nuestra Señora, que Victor
Hugo ha inmortalizado y que hoy profanan con reparaciones
bárbaras: es un templo colosal y majestuoso que hace pensar en
la fe de nuestros mayores; gótico y riquísimo en decoracion,
presenta un soberbio é imponente golpe de vista. A su lado se
encuentra el Hotel-Dieu, vasto hospital, bien organizado, pero
algo sombrío; le falta aire, ventilacion.
Hállase tambien del otro lado del rio el famoso Luxembourg, con
sus recuerdos eternos, sus lucidos jardines y su pompa
arquitectural: allí está tambien la magnífica iglesia de San
Sulpicio, con una gran plaza delante, adornada con una
elegantísima fuente que tiene las estatuas de Fenelon, Bossuet,
Massillon y Bourdaloue. Todos los cuatro frentes de la plaza
están cerrados con bellos edificios: allí está tambien el
Instituto, morada de los sabios de la Francia: allí está tambien
el palacio del nunca olvidado cardenal Mazarino: allí está el
teatro del Odeon, donde trabajaba en 1854 el distinguido
Laferriere, que en el teatro de la cruz de Madrid dió algunas
funciones hace siete años. Por último del otro lado del Sena,
aparte de muchos monumentos y edificios notables que yo
prescindo de mencionar, aparte de sus elegantes plazas y calles,
donde el comercio abre sus lujosas tiendas; en el cuartel
Latino, digo, habita la gente mas alegre de Paris, los
estudiantes.
El Sena, que divide las dos grandes ciudades que componen Paris,
es un lindo rio; y digo lindo, porque se encuentra adornado con
muchos y elegantes puentes, entre los que descuellan el Nuevo y
el de las Artes, el del Instituto y el del Carrousel. Solo
viendo el rio puede formarse una idea exacta de su belleza, de
su animacion. Un número increible de ómnibus y carruajes que
jamas concluye cruza eternamente por sus puentes; la gente que
de dia y de noche les atraviesa es tambien innumerable. Figúrese
el lector el Sena, con sus ondas tranquilas surcadas por vapores
de corta fuerza, cubierto de trecho en trecho por elegantes
puentes, con espaciosas casas de baños, iluminado profusamente
por el gas, con un mundo de gente y carruajes que hacen vacilar
los puentes, con árboles frondosos á derecha é izquierda, y por
último, con la decoracion de dos ciudades que le cercan y le
sitian presentando cada una en línea paralela de sus riberas á
lo largo, un lienzo soberbio de palacios y monumentos que la
vista no puede abarcar.
El Louvre y las Tullerías por un lado, con la plaza de la
Concordia, la primera del mundo, los Campos Elíseos, dichosos y
afortunados jardines que no tienen rival por el otro, el palacio
de los Diputados, _Notre-Dame_, Santa Capilla, el Instituto,
etc., etc. Figúrense, digo, si pueden con la imaginacion un
cuadro semejante, y hallarán la verdad de lo que es el Sena
observado desde el puente de las Artes á las doce de un
dia sereno.
El Paris del lado de acá del rio, el Paris moderno, contrapuesto
al del Cuartel Latino, es la residencia del mundo elegante. Se
compone de inmensos é innumerables barrios, á cual mas ricos en
palacios suntuosos y elegantes casas. Las calles rectas, anchas
y ventiladas, presentan un aspecto siempre agradable; las
tiendas elegantes que hacen de Paris un solo comercio con muchas
puertas, la edificacion alta y de moderno gusto, el paso
constante de una multitud que siempre varía, todo reunido forma
un bello y animado cuadro.
La gran calle de Rivoli, que tiene una prodigiosa extension, y
que dará la vuelta á la ciudad, es la mas majestuosa y soberbia
via que puede hallarse despues del Boulevard. Este, que cruza el
corazon de Paris, largo de una legua, es lo que no puede
describirse, es lo que se necesita ver. Anchísimo, recto,
sembrado de árboles á derecha é izquierda, con aceras tan
capaces por sí solas como las calles de muchas ciudades,
cubierto de un extremo á otro por una red de carruajes que de
dia y de noche se precipitan los unos tras los otros, henchido
del millon y medio de habitantes que cuenta Paris, pues todo el
mundo cruza al ménos una vez al dia por él, vestido de un
extremo al otro con el oriental lujo de sus millares de tiendas;
este boulevard merece verse con preferencia á cualquiera
capital, y digo capital, porque Paris es el boulevard, y el
boulevard por si solo és una capital.
Con la iglesia de la Magdalena, que mas que templo cristiano
semeja un edificio griego consagrado al culto de las artes,
ábrese por un lado ese animado teatro que se llama boulevard[4].
Todo lo que puede contener una opulenta ciudad se encuentra
reunido en esta hermosa calle de una legua de extension,
anchísima y recta como he apuntado ya. Palacios, monumentos,
estatuas, teatros, arcos de piedra colosales, lienzos de
altísimas casas de bella forma, pasajes de asiática elegancia,
hoteles y cafés en fabuloso número, todo lo que puede soñarse
reside allí. Su movimiento no tiene imágen ni término: á todas
horas está cubierto de gente y carruajes desde el principio
hasta el fin. Al cruzarle durante el dia, se acuerda
involuntariamente el que compara y estudia de esas descripciones
que aun nos quedan de las ciudades de la antigüedad oriental,
que aunque de otro género, mas elevado, se componian de
magnificencias y grandezas. El boulevard es una calle
cosmopolita: en él se oyen hablar todas las lenguas, y se ven
todos los trajes.
Ya que he mentado la iglesia de la Magdalena, voy á señalar al
extranjero el sitio desde el que puede experimentar una emocion
de entusiasmo como la que yo sentí.
Colocado el observador en el vestíbulo de la entrada principal
de la iglesia, mirando á la calle Real, se desplega delante de
su atónita vista un verdadero panorama. A la izquierda el
boulevard, que por sí solo forma un majestuoso cuadro: á la
derecha una dilatada y espaciosa plaza, y en frente lo que el
pincel apénas puede reproducir. Hé aquí el frente: la calle
Real, recta, ancha, elegante, casas altísimas y bellas,
palacios, carruajes, árboles: al concluir la calle, y todo en
línea recta, las esplendentes fuentes de la plaza de la
Concordia, el obelisco traido de Egipto, el puente del mismo
nombre de la plaza, y cerrando el cuadro, el Palacio de los
Diputados, por detras del cual asoma su alta cabeza la cúpula
del cuartel de Inválidos.
Si puede reunirse mas riqueza de accidentes y detalles, es
cuestion que solo puede resolverla favorablemente la plaza de la
Concordia, á la cual voy á conducir inmediatamente al lector.
Desconfío de poder dibujar con tintas exactas tan portentoso
sitio. Es cosa sabida que no tiene rival en el mundo. Héla aquí:
colocándose en el centro, que mira al arco de la Estrella, se
destacan á la derecha los opulentos palacios del Ministerio de
la marina y del Guarda-Muebles: en medio de ellos, la calle
Real, cerrada por la iglesia de la Magdalena: á la izquierda el
palacio de los Diputados. Frente por frente del sitio en que
estamos colocados, el gigantesco Arco del Triunfo, monumento
admirable de arte en cuyos muros se hallan inscritos todos los
nombres de las batallas de Napoleon; y haciendo una vuelta
completa desde nuestro punto de vista, dando exacto frente al
Arco, se alcanza el inmenso palacio de las Tullerías rodeado de
jardines y de estatuas.
Añadamos ahora que á nuestro mismo pié se levanta orgulloso el
obelisco de Lucsor. Miremos las pródigas fuentes que nos cercan:
el Sena que corre á muy poca distancia, los grupos de estatuas
que por todas partes vemos, los monumentos, iglesias y palacios
que se divisan, los bosques de árboles que nos rodean, el Paris
de la izquierda y el Paris de la derecha, los Campos Elíseos que
se extienden á nuestros piés, y una vez reunida en un solo golpe
de vista tan profusa copia de bellezas, llamemos, que ya es
tiempo de hacerlo, _hermosa_ á la plaza de la Concordia.
Cuenta Paris mil y doscientos hoteles de primer órden, y
respecto al número de _maisons meublées_, que nosotros podemos
llamar casas de huéspedes, es incalculable.
Las diferentes empresas de ómnibus que hay en la capital tienen
doce mil carruajes: el número de los coches particulares no
tiene cifra. Parten de Paris líneas de caminos de hierro para
todas las fronteras, y los embarcaderos de las estaciones son
otros tantos palacios: merece especial mencion el de
Estrasburgo, al cual se va por la calle del mismo nombre que
desemboca en el Boulevard. Esta calle, larga y ancha, se ha
abierto y construido de exprofeso, para dar frente á la
magnífica estacion de la citada via férrea. Hoy comunica con el
boulevard de Sebastopol.
El Escorial de Francia, ó lo que es mas propio, el panteon de
los reyes franceses, se halla situado en la abadía de San
Dionisio, fuera de Paris á distancia de una media legua. Para
irle á visitar hay como para todo una grande facilidad. En la
calle del mismo nombre que sale al boulevard, hay dos empresas
de ómnibus que de hora en hora mandan un carruaje: tambien hay
via férrea.
La abadía, severa, imponente y majestuosa, es uno de los mejores
templos de Francia. Su arquitectura elegante es gótica, sin
mezcla de escuelas, y cautiva y sorprende su belleza. En las
bóvedas subterráneas del templo reposan en tumbas de mármol
todos los que fueron monarcas de la Francia.
Los mercados de Paris son tambien dignos de ser vistos[5].
La moda de los pasajes, fuerte en Paris, mas que en parte
alguna, embellece extraordinariamente la capital. Existe un gran
número y todos por la noche brillan como una ascua con su
pródiga iluminacion de gas.
La plaza del _Hotel-de-Ville_, célebre por el increible número
de ejecuciones que allí se han hecho, ántes y despues de la
revolucion, presenta el majestuoso palacio que la da nombre;
palacio que puede considerarse como el cuartel general de todas
las revoluciones. Allí estuvo el sanguinario tribunal de que fué
presidente Robespierre, y allí se formó el gobierno
provisional de 1848.
Una de las mas bellas calles de Paris es la de la _Paz_, que
desemboca en la plaza de _Vendóme_, donde se levanta la altísima
columna de hierro que sustenta á la estatua de Napoleon[6].
Merecen citarse tambien las calles de Richelieu, Vivienne,
Saint-Denis, Chaussée-d'Antin, Saint-Martin, Rivoli, Sebastopol,
y otras ciento, todas hermosas, rectas, largas, y aun
_estratégicas_.
Las obras del Louvre, hoy terminadas, y en las que en 1854 se
trabajaba de dia y de noche, aturden y admiran. Los dos palacios
de las Tullerías y el del Louvre reunidos, forman un todo que
dificulto tenga igual. Aconsejo á los amantes de las artes que
visiten los museos riquísimos del Louvre, de los que mas
adelante me ocupo.
En los Campos Elíseos, aparte de los infinitos espectáculos que
allí se ofrecen, acaba de construir la competencia nacional,
puesta frente á frente de la inglesa, un soberbio palacio de
cristal, mejor dicho de piedra, para templo de la exposicion
universal que debe verificarse en mayo de este mismo año. El
palacio es inmenso y magnífico, aunque de formas un tanto
pesadas; riqueza y arte, nada se ha omitido.
Los teatros de Paris, en número de veinte y seis, están
constantemente llenos: aparte de ser mucha la aficion de los
franceses hácia todo lo que distrae y entretiene, siquiera sea
lo mas fútil y ligero, hay en los teatros muy buenos actores, y
en la capital un considerable número de extranjeros que sin
cesar se renuevan y acuden á todas partes.
El teatro frances, situado al extremo de la calle de Richelieu,
merece verse con preferencia á los demas porque embellece y
honra su escena la célebre Rachel, reputada en toda Europa como
la primera trágica de la época[7]. Ademas de contar el teatro
con esta inspirada actriz, todo el cuadro de la compañía es lo
mas selecto de Francia, porque para ser actor de él se necesita
haber adquirido muchos triunfos.
La sala del teatro de la grande ópera, la mas elegante y capaz
de todas, no es ni con mucho tan bella y majestuosa como la de
nuestro teatro Real; bien es cierto que el teatro de Oriente no
tiene rival. En Paris hay teatros para todos los géneros y
públicos: teatro para la ópera francesa, teatro para la ópera
italiana, teatro para la grande ópera, para vaudeville, para la
tragedia, para los furibundos melodramas de horca y cuchillo,
para la buena comedia, para todo.
Existe ademas un gran número de teatros pequeños donde hacen sus
habilidades los discípulos de Cagliostro, los Macallisters _et
tutti quanti_. En el Hipódromo, próximo al arco de la Estrella,
se parodiaban en 1854 las batallas de la guerra de Oriente, pero
con suma precision y verdad.
En los mismos Campos Elíseos, aparte de sus jardines, bosques y
palacios, cuéntanse innumerables cafés, fondas, salones de baile
y todo lo que idearse puede: tambien adorna el citado paseo el
Circo de la Emperatriz, de sólida y esbelta construccion.
Hay tambien muchas sociedades de baile donde las sueltas y
alegres modistas danzan con los estudiantes. El salon de Santa
Cecilia, situado en el Boulevard, es uno de los mejores así como
el de Barthelemy y Vauxhall. En materia de espectáculos de todo
género, Paris sobrepuja á todas las capitales de Europa, inclusa
Lóndres: sabido es que los franceses aman lo ligero sobre todas
las cosas.
Mas tarde hablaré del Paris moral.
Paris tiene muchos y buenos templos, admirables paseos, riqueza
de monumentos y grandes edificios: plazas portentosas y barrios
elegantes como ciudades: teatros, carruajes, animacion,
bullicio, grandeza. Ese es Paris tal como yo le ví, verdadero,
atolondrador, entusiasta, portentoso. No sé lo que he escrito
porque lo hago sin órden. Apunto todo lo que mi memoria me va
recordando.
No pretendo en manera alguna haberlo dicho todo: Paris necesita
un libro, estos son _recuerdos_. Continuemos.
El Paris moral, del cual se ocupan muy poco los que le visitan
una vez, es un Paris sombrío y terrible, digno de ser estudiado
por un filósofo que pretenda conocer el porvenir de un pueblo.
La sociedad francesa, merced á su educacion materialista, apénas
cree otra cosa que en los goces materiales, que son como si
dijéramos su dogma. Como el dinero sea el objeto del culto, la
sociedad francesa, y en especial la de Paris, es presa del
lucro, de la ganancia fácil, inmediata, sea ó no moral.
La fuente de la riqueza es el trabajo: fuera de él se busca en
Paris y se adquiere con los auxiliares que se ofrecen, ora la
prostitucion ora el vicio. Los hombres, las mujeres, corren
desatentados en confuso torbellino en busca del dinero, y un
vértigo les empuja, una sed hidrópica de oro los consume.
Así se encuentran otros muchos pueblos de Europa, próximos á un
tempestuoso desquiciamiento que necesariamente ha de traer el
agio de las bolsas. El feudalismo del dinero pesa hoy sobre los
pueblos, mas terrible aun que el de la edad media; este oprimia
á nombre de ciertos principios, que aunque ridículos, tenian
algo de noble y de grande en la forma; el de nuestros dias es
miserable y torpe, no tiene mas lema ni escudo que el dinero,
que es su religion, su política, su moral, su blason, todo: el
dinero, y nada mas que el dinero. Con él oprimen á las
sociedades, imponen la ley á los gobiernos, hacen imposible la
libertad: una docena de banqueros judíos presta dinero á todos
los gobiernos de la cristiana Europa; dan la ley á todas las
bolsas, favorecen y estimulan la ambicion del dinero, á
cualquier precio adquirido. La fiebre del oro encenaga las
fuentes de la moralidad pública, y esclaviza á los pueblos,
porque un pueblo corrompido no puede llegar á ser libre:
sustituyen á Dios con el dinero, al que se da culto público en
todas partes y en especial en sus templos-bolsas.
La revolucion, el dia en que pida cuentas, demolerá hasta en sus
cimientos las bolsas, y hará imposible el reinado del oro, el
mas miserable de todos.
Volviendo á Paris, del que una digresion casi involuntaria me ha
separado, en la capital de Francia, es donde recibe mas culto
que en parte alguna del mundo el dinero; allí se santifican
todos los medios para adquirirlo, allí ese ardiente deseo habita
los corazones, allí es absolutamente necesario adquirir dinero,
y el que no lo alcanza es considerado como hombre sin talento,
¡es horroroso!
La sociedad francesa corre presurosa á un abismo. Un gobierno
que fecunde los manantiales de la moralidad pública con buenas
leyes y con ejemplos, que mate el agio, que ennoblezca el
trabajo, que predique la augusta santidad de las modestas
fortunas del pueblo, noblemente adquiridas con el sudor de la
frente, detendria quizá la catástrofe que nos amenaza.
Un gobierno libre conoce, interviene, examina todo, se da
trasparencia á los actos todos; la discusion y la publicidad
libérrimas matan esas secretas miserias que componen la vida de
los agiotistas; con un gobierno libre, se pregonan y
anatematizan todas las concusiones; la libertad ocupa los ánimos
en cosas elevadas, hace vivir á los ciudadanos en una esfera de
aspiraciones nobles, de sentimientos grandes.
Al estudiar las estadísticas se ve que la corrupcion se propaga
rápidamente en Paris, y á la manera de una asquerosa lepra, que
amenaza consumir el cuerpo social. En Paris apénas existe la
familia, y sin esta la sociedad no es posible: los hoteles y los
restaurants son los que reunen en su mayor parte á los
habitantes de la capital á la hora de la comida: una gran parte
de la poblacion de Paris come todo el año fuera de su casa, y
careciendo de hogar, santuario de las afecciones, se disuelve
en la calle.
Puede asegurarse que casi la mitad de la poblacion de Paris come
fuera de su casa todo el año.
¿Cómo se forman los vínculos santos de amor que deben unir á los
individuos de una misma familia, á los ramos de un mismo árbol?
Imposible: imposible la educacion de los hijos, que se
perfecciona en casa, al calor del hogar; imposibles las
afecciones que nacen, crecen, se desarrollan y viven dentro de
casa, y solo allí; imposible la familia, que se dispersa y vive
en la calle, y siendo imposible la familia, imposible es tambien
la sociedad; y esto es lo que sucede en Paris, esto es lo que yo
he visto, estas son las costumbres sociales de la capital de
Francia, que muchos presencian sin pararse á deducir
consecuencias; esto es lo que ven todos los extranjeros.
Medítese bien sobre su significacion; esto es importante, por
eso lo deduzco y apunto.
En Paris se compran y se venden fácilmente las afecciones, se
trafica con todo, y el culto único y universal es el que se
consagra al dinero. Todos los dias se registran procesos
escandalosos capaces de desconsolar al filósofo que ménos crea
en la perfectibilidad del humano linaje; se suceden unas á otras
las bancarrotas que ponen en desolacion á las familias y asustan
al observador; los suicidios se repiten con una tremenda
frecuencia que pone susto en el alma: los tribunales se ocupan
casi sin tregua en conocer asuntos infamantes que reprueba toda
moral, por poco sólida que sea: y todos estos actos que acabo de
enunciar pasan á la luz del dia y se registran en las
estadísticas: ¿quién será capaz de ocuparse de las acciones que
no se juzgan, de las escenas secretas que desgarran el alma
todos los dias en el interior de las familias?
Si se estudian las estadísticas de la vida moral de Paris se ve
que las cifras desconsoladoras y terribles se aumentan cada año:
los matrimonios deshechos, los suicidios, las nuevas casas de
juego, las grandes fortunas que se desploman, las aterradoras
miserias que aparecen, los procesos de los tribunales que se
duplican, las casas de correccion que se llenan, en una palabra,
los datos que cada año se publican referentes al estado moral de
la sociedad de Paris, son bastantes para desalentar el ánimo y
casi postrar la fe en el progreso.
Este es el Paris moral que nosotros hemos visto, y apartándonos
de tan triste cuadro, vamos á continuar nuestra visita á traves
de sus principales monumentos y de su fisonomía material,
animada y brillante en sumo grado.
Las iglesias mas notables que yo he visitado en Paris, son la
Catedral, San Sulpicio, la Magdalena, San Germain l'Auxerrois,
la Santa Capilla, San Vicente de Paul, San Esteban del Monte, y
Santa Clotilde.
La Magdalena, de la que en otro lugar me ocupo ligeramente, es
un lindísimo edificio artístico, que presenta sus cuatro
fachadas elegantes, con su respectivo órden cada una de columnas
corintias; es un monumento esbelto y airoso, que semeja un
templo griego, un liceo, una academia. El interior corresponde á
la que anuncia su gallarda presencia de fuera, y participa
tambien del gusto poco cristiano de su fachada. En el cuadro del
altar mayor aparece Napoleon, á quien nosotros no teniamos
noticia de que se hubiera canonizado: bien es verdad que tambien
le hemos visto en Milan, coronando una de las elegantes agujas
de su magnífica catedral.
Notre-Dame, de la cual tambien hablamos en otro lugar, es un
imponente y majestuoso templo, donde hacen actualmente
reparaciones bárbaras que desfiguran su venerable fisonomía.
Tambien la iglesia de San Sulpicio merece ser vista.
La iglesia de San Esteban del Monte, cuyo magnífico interior
sorprende por su elegancia arquitectural y su gusto y severo
estilo, ha sido teatro últimamente de un gran crímen que puso en
conmocion á todo Paris. Dentro de esta iglesia el asesino Vergé
sepultó un cuchillo en el corazon del venerable arzobispo de
Paris Monseñor Sibour.
San Germain l'Auxerrois merece tambien la visita del viajero; su
elegante construccion, aunque de formas un tanto aplastadas, sus
estilos diferentes que constituyen un conjunto bizarro, su
belleza interior, forman un todo muy bueno y hacen de San
Germain una de las mas hermosas iglesias de Paris.
San Vicente de Paul, con su elegante y airoso pórtico de
columnas, sus dos torres, y su cuerpo principal tan gallardo,
llama tambien la atencion del que busca el arte y el gusto
monumental: el interior es severo y religioso.
La Santa Capilla, tocando con el Palacio de Justicia, es un
prodigio de arte: de formas airosas y orientales, de pureza de
líneas, de severidad arquitectural. La ligera y graciosa torre
que se levanta como una corona, seria doblemente bella si los
modernos, que pretenden adornarlo todo, no la hubieran
desfigurado convirtiéndola en un objeto de quincallería, tantos
son los dorados con que la han vestido. De todos modos, el
viajero no puede dispensarse de visitar el templo; es magnífico
y venerable. Prescindo aquí de su historia porque no es ese mi
objeto en este lugar.
Santa Clotilde, situada del otro lado del Sena, es una verdadera
joya: al observar su juventud, escrita en su construccion, se
experimenta un sentimiento de asombro. En nuestro siglo que
marcha tan aprisa, y en esta época en que las construcciones
para ser buenas han de exigir poco tiempo, se ha levantado en
Santa Clotilde un templo gótico puro, sin mezcla de gustos ni
estilos. Es una iglesia bellísima y digna de ser vista: acaba de
ser terminada y entregada al culto público. Delante de su
elegante fachada principal, se extiende una espaciosa plaza
sembrada de jardines, que embellece el cuadro.
El verdadero monumento que cuenta hoy Paris, es el Louvre, unido
como está ya á las Tullerías. Parece mentira que en este siglo
ligero que tan aprisa marcha, sin detenerse jamas en obras de
larga duracion, hayan podido verificarse y en tan corto plazo
las obras colosales del Louvre.
Ya se ha unido con las Tullerías, y forma un todo sin rival: la
gran plaza del Carrousel, portentosamente admirable, es quizá la
mas imponente de Europa: el arte, del cual se prescinde con
sobrada frecuencia en las modernas construcciones, brilla
majestuoso en las obras increibles del Louvre: los buenos
arquitectos italianos y franceses que han dirijido los trabajos,
han levantado un templo glorioso para el arte: las formas, el
gusto arquitectural, las buenas tradiciones conservadas, la
severidad de los estilos, la lujosa construccion, el aire
imponente que respira, todo el conjunto así como los detalles,
sorprenden y admiran. Digna de aplauso es la constancia con que
el actual primer magistrado de la Francia ha emprendido y
terminado tan gigantescas obras.
Aconsejo á los que visitan Paris que se detengan con frecuencia
delante del Louvre, hay mucho que estudiar, hay mucho
que admirar.
Tambien merecen una visita especial y detenida los ricos museos
que embellecen el interior, en particular los de pintura y
escultura. Este último, bien ordenado y bastante rico, contiene
entre otras obras admirables las estatuas griegas del Gladiador
y de la Vénus, que llenan de asombro el ánimo y hacen la
apología de la Grecia artística: imposible cosa mas admirable,
son modelos, son obras eternas, son prodigios de arte.
El museo de pinturas, donde brillan las diferentes escuelas que
conocemos, reclama muchas visitas de todo aquel que ama el noble
arte de Rafael y Murillo. La escuela mas rica que se ostenta en
las galerías del Louvre es la flamenca, con sus pléyadas
brillantes de inspirados artistas, con sus lienzos animados.
La escuela italiana, poderosamente espléndida, luce tambien en
el Louvre con toda su pompa: en el salon cuadrado, el mas rico
de todos, se leen al pié de lienzos sin rival, las ilustres
rúbricas de Rafael, Ticiano, Rubens, Pablo Verones, Tintoreto,
Leonardo de Vinci, y Murillo, que en medio de aquellos hijos del
genio, proclama con dos inmortales Vírgenes la pujanza de la
escuela española, que tambien brilla con todo su valiente
esplendor en los salones del Louvre.
La escuela francesa, mas rica allí que en ningun otro museo,
cuenta tambien con las principales obras de sus inspirados
maestros: en resúmen, el que visita Paris, no puede dispensarse
en modo alguno de ver los museos del Louvre.
Los teatros de Paris, estudiados con detencion, contristan
profundamente el ánimo: la moral pública sale eternamente mal
parada: es sumamente difícil asistir á la representacion de una
comedia en la cual no haya una mujer que engaña á su marido, es
un detalle casi indispensable.
Verdad es que el escritor dramático que vive en Paris, que
estudia la sociedad y la traduce en la escena, no encuentra á
todas horas nobles tipos que retratar ... pero de todos modos
las formas del diálogo, el público español, el público ingles,
no las puede aceptar nunca.
En España comprendemos de otro modo el teatro, será sin duda
porque nuestra familia es otra. Esto por lo que hace al teatro
moralmente considerado: si hablamos de sus salas y orquestas
nada bueno podemos apuntar, absolutamente nada; en todo Paris,
no hay un gran teatro, ni uno; orquestas, solo pueden oirse las
de la Opera, que es magnífica, y las de los Italianos y
Opera-Cómica; las demas son orquestas de provincia.
Las formas del diálogo, un tanto desenvueltas y libres,
contribuyen tambien á la impresion de disgusto que producen las
citadas comedias en el ánimo del que está acostumbrado á una
literatura dramática digna y moral, que sin ser fanática ni
supersticiosa, respeta siempre la moral, enseña máximas
consoladoras, ofrece tipos nobles, y no ofende jamas el pudor de
las madres ni de las hijas.
El estudio mas consolador que yo he hecho en Paris ha sido el de
la lectura diaria de la seccion de _pérdidas_ que contienen los
periódicos. El alma descansa y se regocija leyendo como yo he
leido todos los dias los anuncios que hacen las personas pobres
de haber encontrado braceletes de oro, billetes de banco,
alhajas preciosas, y lo que es mas aun, monederos y bolsillos
con cantidades respetables en metálico: lo publican para que
llegue á conocimiento de sus dueños y pasen á recojerlos. ¡Es
admirable, es magnífico, es consolador! Ejemplos como los que
cito se ven todos los dias, y los que les dan en general, son
personas que carecen de todo recurso, pobres trabajadores,
desgraciados. ¡Magnífico! ¡yo recojo este dato con mucho placer
en mi libro! ¡es un dato consolador!
El alumbrado público de Paris deja mucho que desear y está muy
léjos de corresponder á la grandeza de la capital. El que quiera
persuadirse de la verdad de esta asercion, que se pasee un
domingo por Paris despues de la una de la noche, ó cualquiera
otro dia de la semana. Hay mas faroles en las tiendas que en la
calle: esto sucede en el mismo boulevard: tan luego como se
cierran las tiendas y hoteles que tienen alumbrado, las calles
de Paris se ofrecen un tanto oscuras porque de farol á farol hay
una gran distancia, y la luz llega con mucha dificultad. Las
calles de Richelieu, Vivienne, Montmartre y otras ciento,
tienen, despues de las doce de la noche, una luz dudosa y opaca;
esta es la verdad.
Continuemos nuestro paseo por la gran ciudad.
La fisonomía de Paris cambia todos los dias, hermoseándose; el
que hace seis años visitó sus monumentos y sus calles, encuentra
hoy tantas reformas y novedades, que apénas puede reconocerle.
Aparte de los trabajos colosales del Louvre, que la imaginacion
no acierta á comprender hayan sido ejecutados en tan corto
plazo, la calle de Rivoli, majestuosa y soberbia, viene á
aumentar la admiracion del viajero. En todos los barrios de la
gran capital, se han derribado centenares de casas miserables,
sobre cuyas ruinas se levantan hoy palacios y elegantes
edificios.
Las obras del mercado de los granos, delante de la iglesia de
San Eustaquio, sitio que afeaba Paris, se han realizado en breve
término, y hoy existen magníficos mercados. El boulevard de
Sebastopol, obra que en cualquiera otro pais hubiera durado ocho
ó diez años, está próximo á terminarse del todo, embelleciendo
mas y mas Paris. El Bois de Boulogne, los Campos Elíseos, los
barrios todos han cambiado de aspecto: el Paris del año 40
desaparece completamente para dar lugar á una nueva ciudad.
El que se propone estudiar en Paris tiene mas medios que en
parte alguna del mundo, y por teatros de observacion provechosa
y útil, tiene, ademas de sus bibliotecas, periódicos, teatros y
academias, tiene, decimos, el boulevard, libro de mil capítulos
de profunda enseñanza, tiene los barrios de los obreros, los de
la aristocracia, los del comercio, los de los desgraciados, el
curiosísimo de los traperos: las estadísticas, el alta y baja de
la bolsa, las oscilaciones de la política europea, el vuelo de
los periódicos, el tumultuoso estruendo de sus orquestas y
bullentes placeres: la tremenda soledad de la desgracia y la
miseria, las grandes fortunas pasando al lado de las heróicas y
sufridas desgracias, el volcánico y abrasador placer que bulle
agitado por todas partes y que grita sin tregua para que no se
oiga la desentonada voz de la desgracia: los contrastes mas
tremendos, las ruinas y las miserias, la gloria y el dinero: la
calma mas perfecta, siempre pronta á convertirse en furiosa
tempestad, el oscuro porvenir y el incierto presente: la
creencia y la fe al lado del escepticismo y la burla: lo grande
mezclado con lo pequeño, todos los contrastes, enfin, todos.
Ningun estudio mas provechoso, ninguna enseñanza mas útil que la
que se adquiere estudiando esa ciudad monstruo que se
llama Paris.
Entre los paseos deliciosos de Paris, descuella en primer
término el Bois de Boulogne, el sitio de recreo mas admirable
que capital alguna de Europa puede ofrecer.
Sus frondosas calles de árboles cortados con el arte mas
acabado, sus lagos y cascadas, sus praderas deliciosas, sus
jardines y artísticos bosquecillos componen un conjunto tan
alegre y risueño, tan bello y elegante, que cualquier pintor
delicado no podrá ménos de contemplar absorto y complacido, sus
proporciones, sus cuadros, sus luces y sombras, su
poesía, enfin.
Dentro de su prodigiosa extension se ostenta con el lujo de una
primavera privilegiada, el soberbio _Pré Catelan_, deliciosísimo
sitio de recreo que reune la mas rica y variada coleccion de
flores de Europa. Las fiestas de noche que allí se dan en medio
del incendio de luces con que brillan, semejan un cuento de
hadas: sus orquestas y teatros, entre los que ocupa el primer
lugar el llamado de las flores, por serlo así en realidad: sus
canales y puentes, sus montañitas y cascadas, le convierten en
un jardin encantador. Al Bois de Boulogne acuden en número
fabuloso los carruajes mas elegantes de Paris, y la multitud se
pasea y se esparce complacida en medio de su grandeza.
En el Bois de Boulogne existen ademas otros varios jardines; hay
restaurants, casas suizas, cafés, etc., etc. Al lado de la gran
cascada se extiende la llanura de _Longchamps_, donde tienen
lugar las carreras de caballos.
Las líneas de ómnibus que recorren Paris en todas direcciones
pasan de treinta, todas cuentan un crecido número de carruajes y
prestan un gran servicio al público ademas de animar la capital
con su movimiento y su vida. La tarifa de sus precios es lo mas
cómodo imaginable; por tres sueldos en la imperial y seis dentro
del ómnibus, se recorre toda una línea, que generalmente se
compone de una gran distancia cruzando Paris de un extremo
á otro.
Los coches de plaza, regidos desde el último mes de agosto por
una nueva tarifa, ofrecen tambien en su bien entendido servicio
cuantas comodidades pueden apetecerse: su número es grande, sus
estaciones se reparten por toda la capital; así es que el
viajero encuentra tan luego como lo desea un carruaje á su
servicio. Entre los coches de propiedad particular, las líneas
de ómnibus, las empresas de coches de plaza, carros y vehículos
de toda especie, el número de carruajes que circula por el
interior de Paris se eleva al fabuloso de ciento setenta mil.
Segun la nueva tarifa puede tomarse actualmente un carruaje por
minutos, no teniendo obligacion de pagar como ántes una hora,
sino el tiempo empleado; cada carruaje tiene un reloj fijo para
indicar el momento en que se toma.
Los alrededores de la colosal metrópoli son tambien dignos de
ser visitados por mas de un concepto. Aparte del esmero y gusto
con que está cultivada la campiña, amenizan y hermosean sus
términos los muchos y alegres pueblos que aparecen por todas
partes. Como las comunicaciones son tan fáciles, merced á los
caminos de hierro, el extranjero que desea estudiar y conocer
los alrededores de Paris puede conseguir su objeto en pocos
dias. En el embarcadero de la calle de San Lázaro encontrará de
cuarto en cuarto de hora trenes que le conducirán á _Asnières,
Ville d'Avray, Sevres, Versailles, San Cloud, San Germain_, por
precios sumamente cómodos. En la misma estacion de la calle de
San Lázaro hay una línea férrea para visitar _Passy_ y
_Auteuil_, pasando por _Batignoles, Courcelles, Porte Maillot_ y
_Bois de Boulogne_. Dirigiéndose el extranjero al camino de
hierro del Norte, puede tambien visitar en media hora tres
deliciosos pueblos, entre los que descuella por su belleza
Enghien, con su tranquilo lago, que cercan lindísimas casas de
campo. A cualquier punto que el viajero se dirija y cualquiera
que sea la direccion de sus excursiones, tiene la seguridad de
encontrar cafés, hoteles y restaurants en abundancia. Como tanto
se han impulsado en estos últimos años los trabajos de las
líneas férreas de Francia, Paris está en comunicacion
instantánea con todas las capitales de Europa, así es que
diariamente llegan en gran número los viajeros que de todas las
partes del mundo vienen á visitarle. El número de extranjeros
que afluye de todas las partes de la tierra se eleva á una cifra
verdaderamente increible, y en Paris, moderna Babilonia, óyense
hablar todas las lenguas y se ven todos los trajes.
Las cárceles de Paris que hace muy pocos años dejaban mucho que
desear, han mejorado bastante su sistema y organizacion, y hoy,
aunque no pueden servir de modelo, valen ciertamente una visita
detenida cuando se pretende aprender comparando.
Las estaciones de las líneas férreas, edificios que tienen para
mí mas importancia que cualquiera otro establecimiento público,
por su alta significacion en la cruzada santa de las ideas, que
ellos trasmiten á los pueblos, haciéndolos conocer entre sí, son
verdaderos palacios en Paris. Las de _Strasbourg_ y _Lyon_, la
del _Norte_ y la de la calle de _San Lázaro,_ todas son
espaciosas y grandes, todas hermosean Paris y todas le animan,
depositando en la gran ciudad todos los dias innumerables
viajeros que de todas las naciones conocidas se presentan
impacientes de conocerla gran metrópoli: el movimiento
es inmenso.
Las bibliotecas públicas con que cuenta Paris son muchas y
notables, mereciendo ser citadas la Imperial de la calle
Richelieu, la del Instituto, Escuela de medicina, Santa
Genoveva, Louvre y otras varias.
La prensa periódica de Paris, que desde el advenimiento de Luis
Napoleon está regida por leyes restrictivas que hacen muy
difícil su existencia, apénas merece mencionarse, contándose
únicamente periódicos literarios de algun valor y vida propia,
uno de cuyos órganos principales es el _Fígaro,_ redactado por
escritores de verdadero ingenio.
Los jardines públicos donde tan alegremente se baila en el
verano, así como los salones de conciertos, reunen en sus
fiestas un gran número de extranjeros, que ávidos corren tras el
bullicio y el placer que Paris ofrece en una copa de oro siempre
llena. Los jardines de _Mabille_ y _Château des Fleurs_, las
fiestas de noche del _Pré Catelan_, los conciertos que dirije
_Musard_ son otros tantos centros de animacion y movimiento que
ninguna ciudad en el mundo presenta como Paris, Roma moderna.
Todo lo que halaga los sentidos, cuanto puede satisfacer la
vista, el refinamiento mas acabado, en fin, de los placeres
todos, bulle y se ostenta por todas partes y bajo todas formas
en esa ciudad soberbia que aventaja en corrupcion como en
grandeza á todas las capitales. En Paris se satisfacen todos los
gustos, todos los deseos, porque se da culto al placer y se ha
estudiado hasta la perfeccion la manera de aturdirse en
lo frívolo.
Los cafés y restaurants de Paris no pueden contarse, tan
fabuloso es su número. Al notar la afluencia tumultuosa que se
disputa la entrada en los citados sitios, diríase que Paris come
en la calle, que la familia no existe: y á la verdad que no
seria muy aventurada semejante asercion; pues todo pensador que
estudie la familia en Paris estamos seguros que se desconsolará
profundamente. El soplo de duda con que los enciclopedistas
empañaron las creencias todas, el tremendo ridículo con que
agobiaron el matrimonio, han hecho profundamente escépticos á
los franceses, que creyendo en la soberana fuerza del dinero,
apénas sospechan en la mujer, la madre, la esposa, la compañera.
Otra costumbre hay en Paris y en toda la Francia en general que
no dudamos calificar de bárbara y cruel: nos referimos á la
ceremonia de acompañar al cementerio el mas próximo pariente del
finado. Es ciertamente terrible y da lugar á sospechar falta de
afecciones; marchan á pié detras del convoy fúnebre que guarda
una persona adorada, á otra que le fué inmediata y querida:
ninguna ley, ninguna costumbre del mundo pueden obligar al
corazon á que se quiebre y se rompa en tan tremenda prueba;
jamas el alma apasionada podrá prestarse á un suplicio tan duro.
Marchar á pié á la última morada conduciendo un sér amado, y
ofreciendo su dolor al público indiferente en tan solemne
trance, es una terrible lucha que necesariamente ha de producir,
ó una muerte al alma, ó una indiferencia glacial: no hay medio.
Y haciendo aquí un punto final, miremos otra fisonomía de Paris
que sea mas consoladora y alegre; visitemos esos sitios que la
revolucion gloriosa del 93 ha hecho célebres é inmortales.
Aquí se reunia la Convención: Luis XVI pasó por esta calle al
dirigirse á la guillotina: desde aquí alcanzo la plaza de la
Bastilla, donde el pueblo desplegó su omnipotencia; esta casa
que sale á nuestro paso cobijó á Mirabeau, palanca poderosa de
la revolucion que trabajó en pro de sus triunfos mas de lo que
él suponia; aquí vivió Marat; Camille Desmoulins soñó tiernas
escenas de amor al lado de su amada Lucila en el cuarto que
estamos visitando; en este palacio de la plaza de la Greve, se
reunia el tribunal que presidió Robespierre; hé aquí la morada
de Danton; miremos en nuestro derredor al pueblo que nos cerca,
es el mismo que con el pendon de la libertad por guia ha paseado
la Europa; estos que nos rodean son los del año 30, los de las
jornadas del 48; aquí se resuelven hoy todas las cuestiones de
Europa; Paris es en nuestros dias la capital del mundo; aquí
vive el secreto del porvenir: Voltaire vivió en la casa que
ahora contemplamos; mirad esa modesta vivienda que cobijó á
Rousseau; el arte habita hoy esta metrópoli; Rossini y
Meyerbeer, Verdi y Auber, los poetas y los filósofos, los
artistas y los políticos, toda la aristocracia europea del
talento, pasa á nuestro lado; los monumentos nos cercan, la
actividad nos aturde.
¿Dónde van tan precipitados esos miles de carruajes que se
atropellan en tumulto los unos tras los otros? ¿Por qué tanto
ruido, tanta alegría?
¿Dónde está Dios? ¿le habeis visto en Paris?... Y las
estadísticas de los tribunales, ¿las habeis consultado con
detencion? ¿ Visitais la _Morgue_ y la buhardilla del obrero al
salir de la Opera ó de casa de Vachette?
¿Ois como hablan todas las lenguas á vuestro lado? ¿Habeis
entrado en los templos de todos los cultos que allí viven? ¿Por
qué esa fiebre que agita Paris? ¿ No es verdad que la gloria
tiene tambien allí su asiento?
¡Ah! ciudad encantada y deliciosa! yo te aclamo y te conjuro á
la vez; tú me das alegrías bullentes, delicias al espíritu y
dolores á la reflexion! Tú eres una y múltiple, tú eres un
monstruo y una joya: en tí se estudia y se aprende, tú eres un
libro colosal, yo quiero vivir contigo, yo quiero leerte, yo
quiero verte acostar y levantarte, yo quiero estar cerca de tí.
Aunque el lector lo sienta como yo, es preciso abandonar Paris:
siguiendo mi itinerario hemos visitado Bayona, Burdeos, y la
gran ciudad: ahora, continuarémos nuestra corta expedicion por
Francia y acto continuo nos trasladarémos á la patria de
Guillermo Tell.
Habiendo hecho ya una ligera mencion de Burdeos y Bayona,
apuntaré algunos detalles ántes de terminar el capítulo de
Francia, sobre algunas otras ciudades de la misma nacion, que
he visitado.
Lyon es importante por su floreciente industria: mucho
movimiento: algunas calles elegantes, hoteles regulares, buenos
paseos y edificios: recuerdos históricos de interes.
Marsella, fisonomía animada y bulliciosa, muy concurrido puerto
de mar, líneas férreas de pujante vida, edificios modernos de
importancia, buenos hoteles, elegantes tiendas, aménos
alrededores.
Lyon, Burdeos, Marsella, Estrasburgo, son sin duda alguna las
principales ciudades de Francia: las de segundo y tercer órden
que conozco no valen en verdad una descripcion separada, á no
ser Narbona, que por lo pobre y mezquina, ni puede compararse
con la mas desvalida de nuestra España: en Narbona se carece de
todo, es una aldea grande; y bueno es dejar sentado, para los
que sospechan que la Francia es Paris, que pueden contarse otras
varias ciudades que en nada aventajan á Narbona.
Yo no extraño que así sea: todas las naciones del mundo están
aun en via de progreso: en Francia, como en todas partes,
existen todavía ciudades antiguas que no han sido mejoradas:
hago mencion de estas ciudades atrasadas para contestar á los
que conociendo solamente Paris, se atreven á afirmar que la
nacion toda se encuentra en un estado perfecto de mejoras y
adelantos.
Por lo demas, esta es la Francia que yo he visto: este es el
Paris que conozco, el Paris que he visitado detenidamente cinco
veces con objeto de estudiarle.
El lector, mal que le pese abandonar la opulenta metrópoli que
se llama Paris, se viene conmigo á visitar otros paises, á
contemplar otras bellezas. El sitio donde ahora nos dirijimos,
es sobradamente pintoresco para excitar el interes y la
curiosidad: vamos á trasladarnos á la renombrada y poética
Suiza, al suelo donde vive la libertad, á la patria de Guillermo
Tell. Allí la naturaleza desplega cuadros tranquilos y
admirables: allí tiene grandes escenas que copiar el pintor,
allí tiene consoladoras reflexiones que recojer el estadista:
en marcha.
La bellísima estacion del camino de hierro de Estrasburgo, de la
cual he hecho ya mencion, fué mi punto de partida.
Como desde Bayona á Burdeos, tomé asiento de primera clase en el
tren del correo, que sale á las ocho de la noche. De Paris á
Basilea, que es la primera ciudad de Suiza, entrando por
Estrasburgo, hay una distancia de ciento cuarenta leguas, que
recorrí en el brevísimo tiempo de diez y seis horas, con la
mayor comodidad, y sin el mas ligero accidente, pues el camino
de hierro de que hablo es quizá el mejor de la Francia.
Es ciertamente prodigioso y admirable el vuelo de las vias
férreas. El dia cinco de noviembre, á las ocho de la noche,
estaba yo en Paris; el dia seis, es decir el siguiente, á las
doce de la mañana, almorcé en Basilea, Suiza.
Esto no necesita comentarios; con nada se recompensa tal manera
de viajar. Carruajes magníficos, elegantes y mullidos, de ocho
asientos, donde cojen doce, lo que permite un gran desahogo,
tubos de hierro, llenos de agua caliente, perfectamente
forrados, se renuevan en cada estacion. Puestos á lo largo,
sobre la alfombra de los carruajes, sirven para apoyar los piés,
y conservar un grato calor durante la travesía. El servicio de
toda la línea no deja nada que desear. La campiña desde Paris
hasta la frontera suiza, con mucho esmero cultivada, palmo
á palmo.
Cerca de los límites de Francia, se asienta la ciudad de
Estrasburgo, patria del inmortal Guttemberg, que sin pensarlo
emancipó la humanidad. Estrasburgo es una ciudad rica y
populosa, con su celebrada catedral y su torre difícil; hay
buenos hoteles. En este punto se descansa un cuarto de hora; los
viajeros, y los equipajes que siguen á Suiza, se trasladan á
otro tren.
De Paris á Basilea, la Champagne, admirable y rica, y Nancy,
ciudad importante.
A las ocho de la mañana, doce horas justas despues de haber
salido de Paris, parti de Estrasburgo, entrando en Basilea á las
cuatro horas.
De Estrasburgo á Basilea, los Vosges, deliciosas montañas; la
Alsacia, castillos, ruinas góticas, monasterios, capillas:
Mulhouse, industria floreciente y paisajes alegres y variados.
Al entrar en Suiza, empieza á disfrutarse ya de la libertad de
aquel pais. Nadie me pidió el pasaporte, nadie me dijo una
palabra, ni registró mis cofres persona alguna.
La decoracion de la naturaleza cambia de repente al entrar en
Suiza.
Vamos á Basilea.
#SUIZA.#
El que ha visitado nuestras Provincias Vascongadas, tiene una
idea muy aproximada ya de la pintoresca Suiza.
Lagos numerosos, interminables cordilleras de montañas,
caprichosamente cortadas, valles por todas partes de eterna
verdura, praderas espaciosas y torrentes artísticos, cascadas, y
bosques de árboles, paisajes risueños sembrados de elegantes y
ligeras quintas esparcidas por todo el pais: los históricos
Alpes coronados de blanquísima nieve, la limpidez de los rios
que corren por su centro; todos estos accidentes bellísimos que
la naturaleza ofrece por todas partes en Suiza, forman un
conjunto delicioso, orígen de las seductoras descripciones que
en tantos libros se encuentran de ella.
Viéndola con alguna detencion, se comprende que haya sido teatro
fecundo de admirables escenas para los pintores.
Basilea, situada á corta distancia de la frontera de Francia,
que concluye en el pueblecito de San Luis, es la primera
poblacion importante que se encuentra en la antigua Helvecia.
Célebre en lo antiguo, por haberse celebrado en su recinto dos
concilios ecuménicos, y por haber sido cuna de muchos hombres
notables, se ofreció á mi recuerdo con mas interes del que en
efecto dispierta en el ánimo del viajero.
Una de las principales bellezas que tiene para mí Basilea, es el
celebrado Rin, rio, que como elegantemente dice madame de Stael,
semeja el genio tutelar de la Alemania, con sus ondas puras,
rápidas, majestuosas, como la vida de un antiguo héroe.
El Rin efectivamente es magnífico, parece inalterable, á juzgar
por la eterna serenidad de sus cristales. Los sitios que él
recorre participan de su quietud. En Basilea, punto en que le ví
por primera vez, se presenta tranquilo, é imponente por su
grandeza. Corre silencioso á los piés de la catedral, y á la
izquierda se pierde en lontananza, como una inmensa sábana de
luz: á la entrada de la ciudad hay un larguísimo puente que
salva toda la anchura del rio.
La catedral de Basilea, situada en la plaza del Mercado, merece
visitarse bajo diferentes aspectos. Su arquitectura es gótica, y
por lo tanto notable y digna de verse. Consta de tres naves: en
su sacristía actual, se celebró el famoso concilio, en el cual
fué destronado el papa Eugenio IV. La tumba del famoso filósofo
Erasmo, autor del _Elogio de la Locura_, se encuentra dentro de
la misma iglesia.
Apénas llegué á Basilea, hice lo que en las demas ciudades que
visito por vez primera: me lanzo á la calle para ver lo que haya
digno de atencion. Para llegar á la Catedral me condujo la
casualidad por la plaza del Mercado, y la impresion que me causó
oir el detestable aleman que en dicho punto se habla, no podré
describirla; solo recuerdo perfectamente que es tan áspero y
gutural como la música mas destemplada y ronca.
Basilea es una de las ciudades mas ricas de Suiza; sus
relaciones comerciales, y su próxima situacion á la Francia, la
dan mucha importancia. La ciudad tiene algunos edificios
notables: la construccion de las casas, diferente de la de los
demas paises, y especial de la Suiza, es muy digna de
atencion[8].
La madera, abundantísima y excelente, puesta allí por todas
partes por la mano sabia de la Providencia, en compensacion de
las nieves y los hielos que hacen tan frio el pais, es el
elemento principal de la edificacion.
Esbeltas y graciosas son efectivamente todas las casas; con sus
lienzos de incrustaciones en madera, pulida y hábilmente
trabajada, ofrecen un espectáculo tan nuevo como curioso.
Limpias y brillantes lucen á los rayos del sol, porque con el
frio y la nieve la madera conserva eternamente su tersura y
solidez, sin que jamas suceda lo que en los paises meridionales
que hacen de la madera un fácil combustible, volviéndolas el
calor esponjosas y dispuestas siempre á inflamarse.
El frio de quince grados bajo cero que se experimenta en algunos
cantones, como el de Berna, ha hecho sabios á los indígenas en
materia de precauciones contra su rigor. Es de notar la
costumbre acertadísima de colocar dobles puertas en todas las
habitaciones de las casas; cada una se abre y se cierra en
sentido inverso. Como la madera es tan sólida, y no está sujeta
á las influencias atmosféricas, que pueden aumentar ó disminuir
su volúmen, ajustan herméticamente, haciendo imposible la
entrada de la mas insignificante columna de aire. Con las
ventanas sucede lo mismo. Las componen dobles vidrieras que
abrigan mucho las habitaciones, porque son impenetrables á la
temperatura de fuera.
Los poêles, estufas que yo llamaré, son unos aparatos
admirablemente dispuestos, que se encuentran en todas las casas
de Suiza: cada dos habitaciones tiene regularmente un poêle:
fabricados con ladrillo, y muy bien preparados, se calientan por
la mañana, y templan la estancia para todo el dia: aproximando
las manos á los azulejos limpísimos que forman su capa exterior
se experimenta un gratísimo calor.
En la Biblioteca de Basilea ví un ejemplar del _Elogio_, con
notas marginales del mismo Erasmo, con dibujos de su
amigo Holbein.
En el Museo el retrato de Lutero, y el de Holbein.
Para ir á Berna desde Basilea es preciso resignarse á la
diligencia, pues el camino de hierro que ha de unir ámbas
ciudades, se encuentra solo en proyecto: felizmente la travesía
se hace en doce horas, y con todas las comodidades posibles[9].
Lo primero que me ocurre consignar, es el admirable estado de
las carreteras de Suiza. Sin ceder á ningunas de las mejores de
Europa, las sobrepujan en número. De Berna solamente, ciudad que
solo cuenta treinta mil habitantes, parten diez y nueve
carreteras, tan sólidas, tan lisas, tan cuidadas, tan bellas,
que nada dejan que desear.
Admira doblemente semejante estado de las vias públicas,
recordando que el pais, subdividido en tantos gobiernos como
cantones, y pobre como es, apénas se comprende quién y cómo las
ha hecho. Hay verdadera profusion de carreteras, lujo de
comunicaciones, todas buenas: los hilos eléctricos cruzan la
Suiza entera en todas direcciones. Caminos de hierro desde
Basilea á Estrasburgo, Paris, Francfort, Berna.
Durante los meses de febrero y marzo, en los que todo el pais
semeja una sábana sola con tres palmos de nieve, lo que hace el
paisaje monótono, porque es el mismo en todas partes, las
diligencias tienen la originalidad de rodar sin ruedas, y con
gran velocidad. Unos trineos de madera, dispuestos en forma de
cajas, reciben sobre sí el carruaje, y los dos listones que
forman su base, resbalan admirablemente bien sobre el pavimento,
de nieve y hielo. Los caballos arrastran las diligencias con mas
facilidad que si estuvieran armadas como en el resto del año,
con ruedas, y el movimiento es tan igual y tan suave como el de
los caminos de hierro.
A las ocho horas de haber salido de Basilea[10], entré en Berna,
notando la extraña costumbre que tienen todos los mayorales de
diligencias de la Suiza de tocar una corneta al entrar y salir
en las poblaciones: hace muy buen efecto, porque todos ejecutan
algun aire del pais que da mas suavidad al movimiento.
Estamos en Berna.
#BERNA.#
La capital federal de la Suiza, bañada por el rio Aar, que la
cerca por todas partes, cuenta treinta mil almas de poblacion.
El interior de la ciudad ofrece muy poco que observar: se
compone de sesenta á ochenta calles solamente, tan uniformes y
parecidas, que molesta y fatiga la monotonía de su conjunto:
todas tienen soportales cubiertos, necesarios para la nieve.
Entre los edificios mas principales de Berna, descuella la
Catedral, que aunque pequeña, es bella, porque es gótica.
El ridículo protestantismo, que blasona de liberal, y protector
de las obras de la inteligencia, cuya omnímoda supremacia
proclama, se ha ensañado estúpidamente con todas las imágenes de
santos tallados en piedra, que embellecian y decoraban todo el
exterior de la catedral, dejando únicamente intacta una alegoría
escrita en piedra, que corona la puerta principal de la iglesia,
y sobre la cual se ven algunos papas que se han condenado por
sus crímenes: hé aquí el protestantismo, que en nombre de la
libertad, mutila con la picota de la burla y la ignorancia, la
riqueza arquitectural con que la estatuaria gótica bordaba las
fachadas de los templos. Inútil pretension; el escarnio que
pretendieron arrojar sobre el catolicismo, patrono de las artes,
se volvió de rechazo contra ellos. Desfigurando la catedral como
lo han hecho, dejan atras á las tribus de Atila, que se
prosternaban llenas de entusiasmo delante de las maravillas del
arte arquitectónico-cristiano.
El palacio Erlack, que contiene la oficina del presidente de la
confederacion, es otro edificio notable. El grande hospital,
situado en una ancha calle, que puede llamarse plaza, merece ser
visitado por mas de un concepto: el servicio interior no deja
nada que desear: la belleza del edificio es digna del objeto á
que está destinado. El lema escrito sobre su puerta es
magnífico, _Christo in Pauperibus_: es un modelo[11].
Sobre todos los edificios de Berna, sobresale por su hermosura y
grandeza el nuevo palacio del Parlamento, recientemente
terminado. Es una soberbia mole de piedra, de tres cuerpos, de
esbelta arquitectura, gótica en su mayor parte: el interior
corresponde á lo que desde fuera anuncia. No está terminado
completamente.
Berna tiene universidad literaria á la cual concurren de 150 á
200 estudiantes por año. A propósito de letras, pláceme
consignar que la Suiza tiene organizada la instruccion como
ninguna nacion de Europa. Y séame permitido protestar que en
esta asercion nada hay exagerado: tengo el hábito de estudiar
ántes de emitir un juicio.
He visto por mí mismo las universidades y escuelas de Suiza,
casi en su mayor parte: he leido las estadísticas, he comparado,
y encuentro que la Francia está muy atras, sumamente rezagada, y
á una larga distancia de la Suiza.
Tan extendida está la instruccion en la antigua Helvecia, que es
sumamente difícil, sino imposible, encontrar un hombre del
pueblo que no sepa leer y escribir. Casi todos, ademas de su
lengua, hablan el frances en la Suiza alemana. Por su parte la
Suiza francesa, con la ciudad de Ginebra á su cabeza, una de las
mas avanzadas de Europa, no se queda detras.
Bueno es apuntar aquí mismo una observacion digna, que en este
momento se me ocurre. La instruccion en Francia, y en otros
paises, ha servido para aumentar la cifra de las estadísticas
criminales, por estar mal dirigida: en Suiza sucede lo
contrario. En el momento en que escribo estas líneas, recuerdo
que hace mas de medio año que estoy en Berna, ciudad de treinta
mil habitantes. Este número de personas, en el plazo de seis
meses, dia por dia, no han visto cometer ni siquiera un robo, ni
un asesinato, ni una herida, ni una disputa. Esta reflexion
aislada y sin comentarios, habla muy alto: agreguemos otra que
aumenta su importancia. El proletarismo es la plaga social de
Suiza, abundan por todas partes los mendigos....
La pobreza y la instruccion ¿no engendrarian por todas partes
desbordamientos sociales? estudien los políticos miopes sobre
este contraste.
No sucede así en Francia; allí el pueblo es bastantemente
grosero, literariamente hablando; tiene un barniz de cortesanía
que está en la sangre, pero lee y escribe en corto número y con
dificultad.
Los alrededores de Berna son, como toda la Suiza, admirables:
praderas de eterna verdura, cascadas, torrentes, montañas, casas
de campo. Las carreteras, á nivel de las mejores de Europa, se
ofrecen en abundancia por todas partes, con una verdadera
prodigalidad.
Hay en Suiza, volviendo á la instruccion pública, el fabuloso
número de cinco mil quinientas escuelas, á las que acuden
cuatrocientos mil discípulos. Estas dos cifras, teniendo en
cuenta que la poblacion de toda la Suiza se compone solamente de
dos y medio millones de habitantes, habla con incontestable
elocuencia en pro del estado intelectual del pais.
Los establecimientos penales de Berna se hallan muy bien
organizados: tanto los hombres como las mujeres de las
prisiones, son empleados con especialidad en los trabajos
del campo.
En Suiza existe la verdadera libertad política á que aspiran en
vano las demas naciones. La accion del gobierno, que en todos
los paises se siente á todas horas y en todas las operaciones,
no interviene en los hábitos del pueblo suizo. En ninguna parte
se encuentra un soldado; los agentes de policía en corto número,
tolerantes y humildes, en contraste con los de otras naciones,
apénas se dejan ver, absteniéndose muy bien de prácticar esa
serie de ataques á la libertad individual que parece constituir
su principal instituto en ciertos paises.
Los agentes del poder en Suiza, empezando por el presidente de
la Confederacion Federal, son extremadamente humildes y
modestos. He conocido dos, el coronel Frey-Herosée, y el doctor
Furrer, ámbos instruidos, modestos, hombres de Estado, probos y
rectos. Desconocen el lujo, viven como el último ciudadano, y se
mezclan con todos. ¡Tienen _seis mil_ fr. de sueldo anual!
La estadística, que forma la verdadera historia de los pueblos,
presenta en la antigua Helvecia con respecto á instruccion y
moralidad caractéres propios de la civilizacion, datos
consoladores, cifras envidiables.
Entre los lagos mas notables de la Suiza, sobresale y descuella
el de Lucerna, ciudad católica, y una de las primeras. A todas
horas encuentra el viajero que llega á Lucerna lindísimos
vapores que cómoda y económicamente le conducen á los mas
pintorescos sitios de la Suiza. Durante el verano, los
extranjeros de todos los paises, es decir, los viajeros de toda
Europa, recorren el lago de Lucerna.
La villa de Thun [12], distante cinco leguas de Berna, tiene
tambien un precioso lago, como lo son todos los del pais, patria
de ellos. Thun tiene su hermoso hotel de Buenavista y está
rodeado de deliciosas montañas.
Ginebra, ciudad la mas avanzada de la Confederacionon Helvética,
es sin disputa bajo el aspecto literario uno de los primeros
centros de Europa. Calvino fundó una universidad. La Biblioteca
principal de Ginebra contiene 60,000 volúmenes. Patria de muchos
hombres notables, entre ellos Rousseau, Calvino, madame Stael,
Lesage, Huber y otros muchos, conserva hoy sus tradiciones
literarias. Hay en Ginebra un buen número de periódicos
políticos, gabinetes de lectura, sociedades literarias,
academias y demas centros de inteligencia, brillando en su seno
muchos hombres distinguidos. Allí conocí muchos profesores
eminentes, y el político Fazy. El mejor paseo de Ginebra es el
de la Isla con una estatua dedicada á Rousseau.
Bajo el aspecto político, es Ginebra la verdadera capital
federal: cierto es que en Berna reside el gobierno, cierto que
allí se reune la Asamblea Federal, pero no lo es ménos que en
Berna nada se dice ni discute como en Ginebra: en la ciudad de
Calvino la política dramatiza todo, la discusion se mantiene
siempre animada.
El comercio de Ginebra es tambien mas importante que el de
Berna: dentro de tres años acrecerá la importancia de esta
ciudad con el camino de hierro que la unirá con Lyon; hoy está
terminado y abierto al público: hay escelentes hoteles como el
de _Lóndres_ sobre el lago de Leman. Los mejores hoteles de
Berna son el de la _Couronne_ y el del _Faucon_.
El lago de Ginebra es delicioso [13]: surcado por lindos y
cómodos vapores, que hacen la travesía de Lausanne, ofrece un
espectáculo admirable. Comodidad y economía encuentra el viajero
para ir á Ginebra desde Lausanne por el lago: el golpe de vista
es admirable; se ve la altísima cabeza del Monte Blanco, los
_Glaciers, Chamouny_, los _Alpes_.
La celebrada relojería de Ginebra merece ciertamente la pena de
verse; se construyen cien mil relojes cada año, casi todas las
tiendas ofrecen relojes del pais. La Suiza exporta muchos miles
para toda Europa y América.
Friburgo, ciudad católica tambien, tiene unos paseos y
alrededores asombrosos: casi todos los extranjeros que visitan
la Suiza, se dirijen á Friburgo para oir los célebres órganos de
la catedral y ver su atrevido puente colgante.
Los lagos de Interlaken y Brienz, cerca de Thun: los once que se
divisan desde Righi, el de los cuatro cantones, todos, porque
esa es la verdad, todos merecen seguramente un viaje: tienen los
lagos una belleza especial que seduce y enamora.
Nada mas admirable que su aspecto: están casi todos rodeados de
azules y transparentes montañas coronadas de blanquísima nieve:
la suavísima tranquilidad de sus azules ondas, que surcan
lindísimos vapores, el cielo límpido azul que le sirve de
cúpula, cerrado por las altísimas montañas que le sirven de
marco, como el de Interlaken, hacen del lago un deliciosísimo
recreo que la imaginacion no alcanza, que solo su vista ofrece.
Los espléndidos y abundantes hoteles que por toda la Suiza se
encuentran, servidos como ningunos de Europa, la lujosísima
opulencia de carreteras admirables, y digo opulencia porque ese
nombre conviene á un pais donde por todas partes se multiplican:
lo cómodo y bien dispuesto de sus muelles diligencias, todo esto
unido á sus pintorescos sitios hacen de la Suiza en el verano la
residencia escojida de todos los viajeros de Europa.
La Suiza, que á pesar de su cortísima riqueza pública, de sus
insignificantes impuestos y de su exagerada modestia posee tan
fabuloso número de carreteras-modelos, ha entrado tambien ya en
la mejora de los caminos de hierro, y no se halla todo el pais
cruzado de caminos férreos porque carece de recursos pecunarios,
no por otra cosa, y porque el terreno todo es montañoso.
A pesar de los cuantiosos gastos que exigen obras de esta
naturaleza, y de los poquísimos elementos del pais, cuéntanse ya
abiertas al público y en explotacion cinco líneas diferentes,
que aunque de corta extension son utilísimas. De Bâle ó Basilea
parten dos; de Zurich otra, y de Lausanne é Yverdun las
restantes, ademas de la de Ginebra á Lyon. Se trabaja mucho en
su continuacion, y se emprenden otras nuevas.
Lo que es un verdadero secreto para el viajero, es el admirable
estado de todas las carreteras de Suiza, á pesar de que por
ninguna parte se encuentra un peon caminero, gendarme ni
cosa parecida.
Parece ciertamente cosa de magia: la Suiza ni tiene ni puede
sostener mas que un reducidísimo número de empleados en razon á
su facilísima organizacion y su modestia y falta de recursos
combinados: con mucho trabajo se encuentra un peon caminero de
los pocos que hay. Es sumamente raro ver uno: pues bien, á pesar
de todo, no hay en Europa mejores carreteras. La seguridad que
ofrecen es absoluta, un año próximamente he habitado la Suiza,
en ese largo tiempo no se ha cometido ni siquiera un robo, ni
una tentativa. Pues con esto sucede como en las carreteras:
admirables sin peones camineros, segurísimas sin un gendarme.
Las praderas y las fuentes abundan por todas partes: no se andan
veinte pasos en todo el territorio de la Confederacion sin
encontrar airosas casas y poéticos prados. Puede decirse que la
poblacion reside en el campo. Con esta circunstancia, unida á
sus valles, cascadas, lagos y montañas, los viajes por la
antigua Helvecia son un verdadero placer.
De los tres millones próximamente de habitantes que constituyen
la nacion, hay una tercera parte de católicos: el resto se
compone de protestantes y judíos, estos en corto número. El
protestantismo en Suiza, está, como en todas partes, subdividido
en infinitas sectas, cada una de las cuales pretende poseer la
verdad ... lo que basta para juzgarle, pero en Suiza existe la
verdadera tolerancia religiosa, y todos los cultos se respetan y
se estimulan mutuamente.
En Berna, ciudad que yo he habitado ordinariamente, como
residencia del cuerpo diplomático, solo existe una iglesia
católica: las demas, inclusa la Catedral, están destinadas al
culto protestante, que carece de ceremonias y solemnidades de
todo género. Durante el verano, se dan conciertos en la
Catedral, como en un teatro, con objeto de hacer oir á los
extranjeros el celebrado órgano de dicha iglesia.
La legislacion civil y criminal de cada canton es diferente;
como lo son la lengua y la religion. Entre otras muchas
sentencias que he tenido la curiosidad de leer, resalta la
siguiente por su originalidad.
Un ciudadano suizo, del canton de Zurich, avecindado en el de
Schwitz, el mas antiguo de la Helvecia, fabricó cuarenta monedas
falsas, de veinte centimos cada una de valor, lo cual, reducido
á nuestro modo de contar, forma la insignificante suma de
treinta reales. Descubierto su crímen y reducido á prision, ha
sido condenado á «cinco dias de ayuno en la prision,
extrañamiento del canton por diez años y cuarenta palos.» Este
es el tenor testual de la sentencia. Como esta he tenido ocasion
de leer otras de diferentes cantones. Como documento original,
he creido conveniente apuntarle en mi libro.
Esta sentencia, con otras muchas de este género, que con
frecuencia se pronuncian en Suiza, da muy mala idea de la
cultura del pueblo en general. A pesar de esto, el estado del
pais es floreciente, y la estadística criminal mas reducida que
en ninguna otra parte de Europa. ¿Puede esto explicarse?
difícilmente: este es uno de los muchos fenóménos que la vida de
los pueblos ofrece en su conjunto, y que escapan al análisis.
Las universidades de Suiza son tres: Basilea, Zurich y Berna: el
año 1855, asistieron á ellas 166 estudiantes de medicina, 350 de
teología, 400 de derecho y 500 de filosofía.
Publícanse en Suiza 225 periódicos en las tres lenguas del pais,
alemana, italiana y francesa; hay diferentes bibliotecas,
sociedades literarias y academias.
Ginebra, segun he apuntado ya, es la primera ciudad de la
Confederacion Helvética, considerada como centro de las
ilustraciones literarias del pais, como residencia de los
hombres políticos mas avanzados. Tan luego como se concluyan las
líneas férreas que han de reunir Ginebra á Lyon y Berna, la
patria de madame Stael, importante ya bajo todos aspectos,
acrecerá prodigiosamente en significacion.
El carácter pacífico de los suizos, rasgo peculiar de las razas
germánicas, que tan gobernables las hace, en ninguna ocasion le
he estudiado mejor que en las reuniones del pueblo todos
los domingos.