Mal inspirado está V., amigo mio, deseando que sea yo quien le
escriba un prólogo para sus _Viajes_, libro que, por una parte,
no necesita de ajenas recomendaciones por ser tan curioso y
entretenido, como elegante y concienzudamente escrito; y que
versa por otra sobre un asunto en el cual, mas acaso que en otro
alguno, soy incompetente.
Y ¡por Dios santo! que no se me alarme V. ni crea que hablo así
ó por intempestiva modestia, ó por placer de sentar
una paradoja.
Nada de eso, amigo mio, nada de eso: dígole á V. lo que pienso,
lo que es cierto: soy en materia de Viajes el mas incompetente
de los mortales. Y sin embargo, ni puedo ni quiero negar, que
pocos españoles hay tan _asendereados_ como yo; porque en
efecto, desde el «primer sollozo de la cuna» hasta la fecha,
pocos dias ha y quincuagésimal de mi vida, estoy corriendo por
montes y valles, yendo de _Ceca_ en _Meca_,
«Sin encontrar en la tierra
Un punto donde parar,»
como dice al Don Juan del _Hombre de Mundo_ el protagonista de
aquella excelente comedia. Todo eso es cierto: niño aun, una
persecucion política me traia primero á Francia, y luego á
Inglaterra me enviaba: de regreso á España la vida militar
paseándome primero de guarnicion en guarnicion, mas tarde con la
guerra civil teniéndome siempre á caballo, hacíame correr una
gran parte de nuestro pais, que despues acabé por decirlo así de
visitar como empleado ó por negocios propios: cinco
emigraciones, en fin, y algun viaje voluntario desde el año de
1840 hasta el dia, me han obligado de nuevo y repetidamente á
visitar las antiguas Galias y la Gran Bretaña, y dádome ocasion
para ver la Bélgica, Portugal y una parte de la Alemania.
Pero ni eso es _viajar_ ni Dios me ha hecho _viajero_, que entre
los que tal nombre merecen y los simples _viandantes_ como yo,
hay una diferencia inmensa. ¿Viajan por ventura el correo de
Gabinete, aunque pase su vida entera corriendo los caminos
reales, ó el fatuo que á Paris viene á barnizarse las uñas y
olvidar el castellano, sin aprender el frances?
_Viajar_ es un arte que supone un gran fondo de filosofía, un
razonable capital de instruccion, el talento natural y la
vocacion del observador, mucha rectitud de juicio, y tiempo
ademas, y medios pecuniarios para utilizar todos los enumerados
elementos.
Suponga V. á un hombre siempre en movimiento mal de su grado;
siempre habiéndoselas con la policía ó recelando tener que
habérselas; preocupado el entendimiento por aspiraciones
políticas; y con el corazon constantemente en el pais de que su
mala suerte le aleja; y dígame en conciencia si tal hombre es ni
puede ser nunca _viajero_ aunque mas tierras corra que el
mismísimo _Judío Errante_.
Tal es mi caso, amigo mio: he caminado mucho y viajado poco: y
no obstante, tambien como V. soñaba yo allá en mis juveniles
años en el placer de los viajes; extasiábame con _Robinson_,
deleitábame con _Rolando_, no me detenia en engolfarme en el
_Viajero universal_, y acaso acaso tuve mis tentaciones de tomar
por modelo al _Jóven Anacársis_. Los únicos viajes que nunca me
cautivaron fueron los del atildado alumno del insoportable
_Mentor_, y todavía confieso á V. que no he podido reconciliarme
con el célebre y para mí empalagoso libro del Sr. Fenelon. Pero
vinieron los años y con ellos los trabajos; comencé á vagar y
disipáronse naturalmente mis ilusiones de viajero.
Mas dichoso V. que yo, mas perseverante en su vocacion, mejor
dotado para su propósito por la naturaleza, va, jóven aun, á
enriquecer nuestra literatura con un libro original y bien
escrito de _Viajes_, género que se ha cultivado poco en España
hasta el presente.
Apruébolo sinceramente por el asunto y la feliz manera de
desempeñarlo: lo aplaudo ademas porque creo que el conocimiento
de los paises extranjeros puede ser para el nuestro un poderoso
estímulo de adelanto en las vias del progreso en que con razon
dice V. que ha penetrado hace ya años, y tambien un argumento
para responder victoriosamente á los que nos acusan de estar aun
en la barbarie sumidos.
Hay ademas hoy en el mundo una señalada tendencia á suprimir las
distancias, borrar las distinciones y confundir los intereses.
Van desapareciendo poco á poco las antipatías de raza, van
suavizándose las rivalidades de nacionalidad; las corrientes de
la humanidad se muestran en su curso convergentes; y si la
_unificacion_ está léjos todavía, no tan remota que el anteojo
de la filosofía no la divise en lontananza.
En tales circunstancias, amigo mio, el libro de V. que
_presenta_ los Españoles á los extranjeros, y á estos aquellos,
como es costumbre en la buena sociedad inglesa, cuando entre
personas que no se conocen se halla un tercero con ámbas
relacionado: el libro de V., digo, fácil y corrientemente
escrito, observador sin pesadez, filósofo sin pretensiones,
_presentándonos_ unos á otros, facilita el trato, y
consecuentemente prepara la amistad.
¡Cómo no ha de aplaudir el libro de V. quien como yo desea con
toda su alma una union de todos los pueblos, que acabe, si es
posible, hasta con el nombre de la guerra, y en consecuencia
haga que de uno á otro polo no haya mas imperio que el de la
ley, y que esa sea siempre la expresion de la voluntad
universal!
Si no me es dado pues ni disertar científicamente sobre los
viajes en general: si no me atrevo á decir á V. _pluma á pluma_
ya que no cara á cara, todo lo bien que pienso, y que si no me
engaño pensará el público de su interesante libro: puedo por lo
ménos en conciencia, y sin temor de ofender la modestia del que
le ha escrito, asegurar que no ganaríamos poco en que todos los
jóvenes que viajan lo hiciesen con el fruto que V. y sobre todo
en que, comprendiendo la deuda que todos con la patria tenemos,
la pagaran como V. haciendo á su pais partícipe del resultado de
sus estudios y observaciones.
En la imposibilidad de hacerle á V. un prólogo, le escribo lo
que pienso de sus _Viajes_: acepte V., amigo mio, acepte el
óbolo de la incompetencia, y crea sobre todo que solo por
aquello de que _impossibile nemo tenetur_, deja de complacerle
tan por completo como lo deseara su sincerisimo y
apasionado amigo: