con plumas como las de Bonald, Lamennais, Chateaubriand, que sustentan
los principios conservadores, mientras el liberalismo tiene a Cousin,
Guizot, Royer-Callard, Foy, Miguet, Thiers, etc. Más tarde, típicos
representantes aparecerán, maestros como Janin y el gran Louis Veuillot.
Girardin, como dice en una buena frase M. Edmond Pilon, crea _la Presse
d’un coup de plume et tue Armand Carrel d’un coup d’épée_. A través de
los cambios políticos, brillan los Louis Blanc, los Raspail, Hugo mismo,
que fué colosal periodista. El segundo imperio llenó los diarios de
literatos y poetas. Nacieron los Scholl, los Saint-Víctor, los Gautier,
los Vacquerie. La guerra y la Comuna pasaron. Hubo una transformación en
todo. Los diarios cambiaron de ideas, de rumbo, o suavizaron sus
tendencias. El número ha aumentado largamente. Y un soplo venido de los
Estados Unidos, ha propagado últimamente el espíritu yanqui en el
diarismo, como ha creado el _magazin_, fotográfico, de actualidad y de
curiosidad.
¿Quién no sabe que el _Temps_ es el más serio y autorizado de los
diarios parisienses? Sus cortos artículos editoriales resumen en
juicios, casi siempre acertados, los movimientos de la política
mundial. En cada número un redactor representa el pensamiento
espiritual, la crítica fina, Pierre Mille o Nozieres, por ahora. Allí se
publican las «interviews» famosas, «los paseos y visitas» de un eminente
reporter: M. Adolphe Brisson. La crítica literaria y dramática cuenta
siempre con dos «normaliens» de fuste. Los que han firmado, firman, o
firmarán esas secciones, han sido, son o serán de la Academia Francesa.
Los asuntos militares los tratan en largos artículos dos militaristas
fuertes, como los hermanos Margueritte. Un reposado gentleman-farmer
envía de cuando en cuando agradables cartas sobre agricultura. En el
folletín hay casi siempre una novela extranjera.
En cuanto a información, el _Temps_ es de los más adelantados, y sus
noticias son siempre de buen origen. Antes de pasar adelante, he de
advertir que es inútil buscar aquí una información semejante a la de los
grandes diarios yanquis, ingleses y argentinos.
El _Figaro_, que ha pasado recientemente por una crisis resonante,
guarda su carácter tradicional, moderado y mundano. Se conserva la
usanza de los «sonetos políticos», de Magnard. Siempre, el redactor en
jefe, da su opinión sobre la situación, si no en catorce versos, en más
o menos espacio que el que ellos ocuparían. El primer artículo es
literario, o de actualidad, firmado por un nombre célebre, o en vísperas
de serlo. Un redactor hay, cuotidianamente, para un asunto de interés
actual en la vida parisiense, y, entre la legión de sus reporteres,
cuenta con el reporter parisiense por excelencia M. Chincholle, y con un
hábil interviewista, M. Huret. Mantiene en la mayor parte de las
capitales europeas corresponsales que están, o aparentan estar, en todos
los secretos de cancillería y de salón. Como crítico teatral firmaba
Henry Fouquier; hoy llena la tarea Emanuel Arene. Recientemente el
_Figaro_ ha llamado a Catulle Mendés a su colaboración literaria fija, y
el buen poeta dice, en prosa y verso, cada quince días, impresiones,
sensaciones e ideas.
El _Gaulois_ es el rival mundano del _Figaro_. Su clientela es
monárquica y de alto rango. En su redacción se guardan todas las
conveniencias. Tiene una sección muy interesante, sus _blocnotes_
parisienses. Como el _Temps_ y el _Figaro_, se vende a quince céntimos.
Manifiesta también preferencia por la literatura y el arte. Conservador
y todo, tiende a mejorar como empresa. El _Journal des Debats_ es el
viejo periódico sabio y correcto de antaño. Tiene una clientela especial
y distinguida. Guarda la tradición del folletín de crítica dramática.
Sus colaboradores son casi todos miembros del Instituto. Es el periódico
senador, antiguo par de Francia. El _Journal_ ha comenzado con gran
éxito y ha seguido una vida de éxitos. Diario cuyo director literario es
M. José María de Heredia, tiene un estado mayor de excelentes literatos
como redactores. Cuenta también con buenos periodistas, en el sentido
exacto de la palabra. Se distinguen en esto su redactor policial y su
vulgarizador científico. En cuanto a sus plumas principales, las hay
fuertes, admirables para la revista y para el libro, como la de M. Paul
Adam, cuyos artículos muy sesudos, atrevidos y macizos, no son muy
propios del diario; Michel Prince publica sus diálogos picantes; André
Theuriet, sus impresiones y cuentos campestres; «Severine» hace su
propaganda humanitaria; Mezervy dice sus historietas voluptuosas; Hugues
la Roux, sus viajes e impresiones, y así otros cuantos colaboradores
fijos. La crítica teatral la hace el poeta Mendés. Tiene buenos
reporteres, como Naudeau, y tres escritores risueños: Pouchon, famoso
sacerdote de Baco; Alphonse Allais, que es en París lo que Luis Taboada
en Madrid y Eustaquio Pellicer en Buenos Aires, y Franc Nohain, un
humorista en versos amorfos, que recibe las confidencias de las
cafeteras, de los billares, de las muñecas y de otras cosas así, y que
agarra una rima y no la suelta hasta no acabar con la paciencia de sus
lectores.
El _Matin_, que en su nueva época ha iniciado un movimiento de
información y de actividad diarística que le ha sido muy provechoso, y
el _Français_, que aparece por la tarde, en dos o tres ediciones, son de
una misma empresa. Publican siempre un artículo de actualidad, un cuento
y muchas noticias locales y extranjeras. Sus redactores principales son
Ch. Laurent y H. Harduin. Tienen un crecido número de colaboradores y
reporteres que han tenido ingeniosas ideas e iniciativas, como el que se
tiró al Sena para ver si lo salvaban los perros de la policía, y se
quedó una noche escondido en un sarcófago del Louvre, y George Daniel
que se ha disfrazado de mil maneras y ha ejercido cien oficios para
contar sus aventuras a los parisienses. El _Echo de Paris_, órgano del
nacionalismo, es un diario bien hecho, bien informado, con una buena
sección de telegramas del extranjero, y que se distingue como _L’Eclair_
por sus interviews. Hay otros cuantos diarios, pero se harían estas
líneas interminables si hablara de todos.
El establecimiento del _New York Herald_, en París, la invasión yanqui,
las relaciones más estrechas con los Estados Unidos, han traído al
periodismo nueva vida. Ya son señalados los redactores políticos que
hacen su largo editorial, los extensos capítulos, de antes, o las
dilatadas vociferaciones. Se busca decir en pocas líneas mucho. No se
declaman las antiguas tiradas. En cambio, en todo, en literatura, en
arte, en sport, se aumenta la parte informativa, el elemento curioso, la
anécdota inédita. Con esto ha llegado también la _réclame_. Hay diarios
que dan primas a sus suscriptores; otros, como el _Journal_, han
inundado de carteles vistosos los muros de París, recomendando tal o
cual folletín espeluznante, y ofreciendo un premio de valor a la persona
que averiguase el final de la novela y la suerte de cada uno de los
personajes, después de publicados los primeros capítulos. El _Matin_ y
el _Français_ han iniciado las _sorpresas_. Los redactores del
periódico, desde el redactor en jefe hasta el último reporter, han
salido por las calles a ofrecer un sobre cerrado a las personas que
andan con el diario ostensiblemente. Los sobres contienen billetes de
mil francos, automóviles, una _villa_ amueblada y otros regalos de
mayor o menor precio. El _Journal_ siguió el ejemplo, y lanzó una
especie de combinaciones que eran simplemente una lotería, por lo cual
la ley cayó sobre la tentativa. Hoy hace lo mismo que el _Matin_.
Naturalmente, esa _auto-réclame_ no la hacen diarios graves y estirados.
Entre esos, el _Figaro_ ofrece a sus suscriptores el aliciente de las
invitaciones a sus fiestas y recepciones. Hay otros medios. El _Matin_
envió a un redactor a dar la vuelta al mundo en el menor tiempo posible;
el _Journal_ hizo lo mismo. Luchan a quien más acapara la atención
pública. El _Journal_ acaba de lograr una gran victoria: ¡ha sacado del
presidio a un condenado a perpetuidad, inocente, según se ha probado; le
ha traído a París, le ha banqueteado, le ha hecho aclamar por el pueblo
en la estación del ferrocarril! El _Matin_ se ha puesto pálido... Sería
necesario algo más sensacional: un condenado a muerte, inocente también,
arrancado a la guillotina... Pero eso no es fácil.
* * * * *
¿El papel político de cada diario? Conforme a los intereses del partido
que lo sostiene. ¿El tono habitual de ellos? En un curioso estudio de M.
de Noussanne, sobre la prensa francesa, hay una serie de frases y
palabras usuales en el repertorio de cada uno. _La Croix_: «Este
gobierno nefasto... El ejército encarna la patria... No queremos por
prueba... En cambio... Los francmasones... La francmasonería...
Revuelta... Los revoltosos... Dios... Castigo... Misericordia...
Cólera... Cristiandad... Anticristiana... Obolo... Pequeño óbolo...
Documentos... Escándalo... Perfidia...» _L’Aurore_: «Los gobernantes,
explotadores y ladrones... Los bandidos, los asesinos galoneados...
matadores... carniceros y violadores... Yo quiero... Yo... Yo haré... Yo
he dicho... Yo he citado... Yo repito... Las órdenes de la conciencia...
Las luces de la razón... Los pretorianos... Brutos... Policía...
Malhechores civiles y militares... Cadáveres... Barbarie... Fuego y
sangre... Cobardías... Atrocidades... Infamias...» _La Libre Parole_,
órgano, como se sabe, de los antisemitas: «Este Ministerio de muerte y
de ruina... El ejército desorganizado... Yo... Yo soy... Yo sé... Ya
veis... Ya veréis... Imaginad... Notad... Escuchad... Desde el punto de
vista de... Hay... Hay más... El ejército... Los judíos... La judería...
El oro... Los cosmopolitas... Israel... El país... Canalladas...
Traidores... Abominable... Inmundo...» El _Figaro_: «Cuando se tiene el
honor de ser un hombre de gobierno... Es preciso... Respetamos demasiado
el ejército... El respeto de las instituciones... El respeto de las
leyes... El respeto del orden... La libertad... Las libertades... La
masonería... Los jacobinos... Las pasiones... Sospechas...
Sospechosos...» _La Patrie_: «El Ministerio de vergüenza y de
traición... El ejército francés sobre todo... Así pues... Ved aquí...
Ved... Desde la guerra... La lección del pasado... Parlamentarismo...
Incoherencia... Fe... Ley... Odiosos sectarios... Sin patria... Nuestros
adversarios... Los peores bandidos... La libertad... Las libertades
violadas... Este pueblo... Un gran pueblo... Las conciencias
francesas... Deber patriótico... Derechos imprescriptibles... Esperanzas
invencibles...»
Por sus palabras los conoceréis.
Las naciones, decía Littré, tienen, en bien o en mal, el periodismo que
merecen.
II
Las revistas.
Hay en el mundo intelectual ciertas mentiras convencionales, una de
ellas ésta: la _Rue de Deux Mondes_ es un cuadernote ilegible; no se
puede tener en la mano sin que el sueño no llegue a rendir al lector; es
una revista vieja para viejos; cuartel de inválidos, refugio de
veteranos. Nada de esto es cierto sino en parte muy relativa. La noble
revista ha contado siempre entre sus colaboradores autores jóvenes y
brillantes: es una publicación no extraña a la amenidad y
suficientemente valiente para dar acogida a obras a veces arriesgadas,
desde las de la Sand hasta las de D’Annunzio; es abierta a las
corrientes de ideas extranjeras, y en sus páginas han tenido lugar en
toda época trabajos de escritores de todas partes del mundo. Siempre ha
habido en su redacción una pluma hábil cosmopolita: antes era M. de
Mazade, hoy es M. de Wizewa. En ella fueron juzgados, a su tiempo, los
libros de Sarmiento, entre otros americanos.
Lo que sí es cierto es que la _Revue de Deux Mondes_ es la academia de
la prensa. Los autores franceses que escriben en ella son candidatos
para un asiento bajo la Cúpula, cuando no figuran en el número de los
Cuarenta. Su opinión oficial, representada siempre por un crítico de
seso, no es ciertamente revolucionaria ni independiente. Para eso están
las revistas de otra índole. De Buloz a Brunetière, la dirección es la
misma. La revista que lleva como norma la seriedad y el buen sentido no
pretende, por otra parte, más que ser leída por el grupo que constituye
su especial clientela. Y en cuanto al color de sus ideas es invariable,
como el salmón de su cubierta.
* * * * *
En realidad, la revista más respetable, si el respeto se mide por la
edad, sería el _Mercure de France_, cabalmente la revista más
independiente, más atrevidamente intelectual, más sólidamente moderna.
Su fundación data de 1672. Goldoni, en sus citadas Memorias, dice: El
_Mercurio de Francia_, llamado antes el _Mercurio Galante_, ha variado
ahora el orden de su distribución. En vez de un volumen al mes, da una
parte cada sábado. Este trabajo es hecho por una sociedad de literatos:
comprende cuanto se refiere a las artes, las ciencias, la literatura,
los teatros, las noticias políticas, y ha siempre conservado el antiguo
uso de los enigmas y logogrifos, de los cuales da la explicación en el
volumen sucesivo. El vocablo _enigma_ debe entenderlo cualquiera, pero
el de _logogrifo_ puede muy bien ser desconocido de muchas personas:
yo, por ejemplo, no tenía de él noticia alguna en Italia. He aquí la
explicación que se encuentra en el diccionario de Trevoux: «Logogrifo:
especie de símbolo en palabras enigmáticas; consiste en cualquier
alusión equívoca, o mutilación de palabras, por el cual se varía el
sentido literal de la cosa significada: de manera que está entre el
equívoco, o el verdadero enigma o emblema.» Las palabras de Goldoni
toman hoy un picante valor, cuando se sabe que ha sido en su reciente
época el _Mercure de France_ el campo de aparición y el lugar de batalla
de los simbolistas de la literatura, de los enigmistas del arte. Los
ingenuos emblemas de antaño se cambiaron en prosas extraordinarias y
raras, en poesía misteriosa y cabalística, con el curso del tiempo. La
verdad: esa revista, en su período contemporáneo, ha sido la _Revue de
Deux Mondes_ de los intelectuales en el mundo entero, de Rusia a los
Estados Unidos, de París a Tokio, de Roma a Buenos Aires. Es ella la
causante principal del movimiento de ideas que en arte y filosofía
adquirió en estos últimos tiempos una expansión internacional y una
potencia cosmopolita. El decadentismo desapareció con señaladas
individualidades: el simbolismo dejó de ser una escuela para dejar en la
obra personal de sus principales sostenedores la verificación del
triunfo de una tendencia, de la victoria de una lucha mental que ha
influído en todas partes en las creaciones del espíritu y en el arte de
exteriorizar las ideas. Ya pasó el tiempo en que se hablaba de esta
publicación como una de las tantas tentativas de los «nuevos», de los
«jóvenes»; los nuevos de ayer son hoy casi viejos; los jóvenes,
reconocidos maestros. Desapareció Verlaine, desaparecieron Mallarmé y
Villiers de l’Isle Adam, dejando en la historia de las letras francesas
el resplandor de su luz indiscutible. Quedan los fuertes en su madurez:
Henry de Regnier, altísimo poeta; Remy de Gourmont, cuya obra compleja,
profunda, sabia, vigorosamente encantadora, dentro de poco tiempo, como
la de Nietzsche, quizá conmueva al mundo. Madame Rachilde, la
inteligencia más rara, a mi entender, que ha tenido una mujer sobre la
tierra; Jules de Gaultier, hábil manejador de ideas, filósofo
inesperado, cuyos recientes libros _De Kant a Nietzsche_ y _El
Bovarismo_ recomiendo a nuestros espíritus de meditación, a nuestras
inteligencias que no temen el vértigo de las altas especulaciones;
Barthélemy, que ha escrito una obra sobre Carlyle que es una obra
maestra, y una pléyade de estudiosos, de trabajadores, exploradores en
plena selva de ideas, o mineros de futuro. El _Mercure_ tiene la
particularidad de tener una redacción cosmopolita, y en cada número hay
una reseña del movimiento intelectual universal en secciones especiales.
Los «epílogos» de Gourmont y los juicios de Mme. Rachilde son verdaderos
atractivos para los sibaritas de las letras.
* * * * *
El _Correspondant_ es una revista admirablemente dirigida, de gran
mérito por la calidad de su colaboración y que sostiene las ideas del
elemento conservador y religioso. Es poco leída en el gran público,
pero muy leída en las clases altas, en que no soplan vientos de _fronde_
ni se agitan otros problemas que los del sostenimiento de los antiguos
ideales y regímenes.
La _Grande Revue_ fué fundada a raíz de la famosa cuestión Dreyfus, y su
director es el célebre abogado Labori. Según su programa, se señala esta
publicación por dos caracteres esenciales: «desde el punto de vista
intelectual, la independencia absoluta de toda escuela, pues conviene
acoger lo que hay de excelente o de verdaderamente original en todos los
géneros: desde el punto de vista material, la periodicidad mensual, pues
en presencia de las múltiples ocupaciones de la vida moderna y del
número creciente de obras de toda suerte que hay que recibir a veces,
solamente para recorrerlas, una publicación consistente en un grueso
volumen mensual, compuesto con cuidado para que todo interese, y por lo
tanto completo y menos costoso que las obras similares, no tiene sino
ventajas». A lo cual se puede observar que hay una buena cantidad de
revistas mensuales tan nutridas o más que esa revista y que su lectura
se resiente de pesadez y de sequedad.
La _Revue Bleu_ es hebdomadaria, como su _adlátere_ la _Revue
Scientifique_. Se distingue por la variedad y la actualidad de sus
temas, y asimismo por lo escogido de su cuerpo de colaboradores. Por lo
que toca a sus ideas, se adorna de un sabio eclecticismo que no le aleja
ninguna simpatía.
No se puede decir lo mismo de la _Revue Blanche_. Esta es una de las más
intelectuales y, sin disputa, la más combatiente, emprendedora y activa.
Es anárquica, demoledora y nutrida de ideas. Su colaboración es
cosmopolita, como la de _Mercure_, y puede asegurarse que jamás se ha
escrito en ella una sola página en que no haya audacia y talento. Lo
subido de su color--¡a pesar de su candidez apelativa!--le ha atraído
los odios de los reaccionarios, pero le ha dado también una inmensa boga
en el mundo pensante, tanto en Francia como en el extranjero. Ha hecho
campañas sonoras y memorables, como la de Montjuich, dirigida por
Tarrida del Mármol, y la del descubrimiento de las crueldades cometidas
en las prisiones militares francesas. Es uno de los órganos que más han
dado a conocer el actual pensamiento ruso; y toda idea nueva y osada
tiene en él un defensor y un propagandista, así en literatura, como en
ciencia, como en política. En ella nació a la vida de la celebridad el
combatiente Gohier.
La _Revue Universelle_ es una continuación perpetua del diccionario
Larousse. Es un término medio entre la ilustración y la revista. Mezcla
la colaboración de ideas con las actualidades y curiosidades, aumentando
su prestigio de divulgación con sus numerosos fotograbados.
La _Revue de Paris_ es aristocrática, de un mundano intelectualismo y
ofrece a sus lectores de cuando en cuando lo más celebrado de autores
extranjeros en boga. No se distingue por ninguna particularidad. Parece
que, sin embargo, tiene una, y no la menos interesante para los
escritores: es la que más caro paga la colaboración entre todas las
revistas publicadas en París.
_La Plume_ es de hermosa historia. Fué un tiempo, con el _Mercure_, el
palenque de los poetas y escritores nuevos. Ha pasado por mil
vicisitudes: en ella nacieron a la vida de la gloria muchos autores hoy
ilustres. Actualmente ha adquirido fuerzas y se presenta flamantemente
como una de las mejor escritas y más artísticamente presentadas. _La
Plume_ daba en sus primeros tiempos banquetes, en realidad modestos
ágapes, pero que tenían la especialidad de ser presididos por una
celebridad del arte, de la ciencia, de la literatura. Hoy ha acentuado
su carácter artístico: inicia exposiciones, publica muy interesantes
monografías sobre los mejores pintores o escritores, y aunque ha vuelto
a las antiguas comidas, éstas no tienen ni la resonancia ni la alegría
de las otras, según parece. La juventud, _hélas!_, ha pasado.
Como su nombre lo indica, la _Revue Hebdomadaire_ aparece cada semana.
Es de un formato reducido, un cuadernito siempre lleno de curiosos
artículos, poesías y novelas. Antes daba la preferencia a las novelas y
reproducía obras conocidas. Hoy todo lo que publica es inédito, y la
dirección procura mejorar cada día. Lástima es que se insista en el
tamaño reducido, que, indudablemente, no hace bien a la revista.
La _Revue Brittannique_ desapareció. Es una lástima, pues desde que
Pichot la fundara, no dejó de ser una publicación seria, informada
intelectualmente y bien organizada como empresa. Era también una de las
revistas que más se ocupaban de la actividad mental extranjera, siempre
tan poco conocida entre los escritores de este país.
Hay una enorme cantidad de revistas especiales, desde las sabias
filosóficas y profesionales hasta las que son órganos de grupos y
escuelas, como _L’Effor_ o la _Revue Naturiste_, sin contar con las
innumerables de letras y artes que se fundan, viven un poco de tiempo y
se acaban. Fundación y _fundición_.
[Illustration]
[Illustration] LA EVOLUCIÓN DEL RASTACUERISMO
Monsieur Charles Wiener, el muy estimable diplomático francés, tan
conocido en la América del Sur, dió en una ocasión una conferencia sobre
el Uruguay; en la cual conferencia, publicada después, se leen estas
palabras: «El número enorme de los animales matados permite juzgar la
importancia del comercio de las pieles secas o saladas, en gran parte
acaparado por un _trust_ norteamericano. Permitidme aquí una explicación
etimológica: los hombres que manipulan las pieles de los animales
desollados, y que, además, no son destazadores artistas, constituyen una
categoría de obreros llamados «arrastracueros», de donde viene, por
corrupción, la palabra extraña de _rastaquouère_. Aprovecho ese
paréntesis filológico para hablaros algo sobre la palabra y sobre la
cosa».