En la primera acometida se desertaron los soldados de una avanzada, y
desde la torre fue visto del Tirano:
--¡Puta madre! ¡Bien sabía yo que al tiempo de mayor necesidad, habíais
de rajaros! ¡Don Cruz, tú vas a salir profeta!
Eran tales dichos porque el fámulo rapabarbas, le soplaba
frecuentemente en la oreja cuentos de traiciones. A todo esto no
dejaban de tirotearse las vanguardias, atentos los insurgentes a
estrechar el cerco para estorbar cualquier intento de salida por parte
de los sitiados. Habían dispuesto cañones en batería, pero antes
de abrir el fuego, salió de las filas, sobre un buen caballo, el
Coronelito de la Gándara. Y corriendo el campo a riesgo de su vida,
daba voces intimando la rendición. Injuriábale desde la torre el Tirano:
--¡Bucanero cabrón, he de hacerte fusilar por la espalda!
Sacando la cabeza sobre los soldados alineados al pie de la torre, les
dio orden de hacer fuego. Obedecieron, pero apuntando tan alto, que se
veía la intención de no causar bajas:
--¡A las estrellas tiráis, hijos de la chingada!
En esto, dando una arremetida más larga de lo que cuadraba a la
defensa, se pasó al campo enemigo el Mayor del Valle. Gritó el Tirano:
--¡Solo cuervos he criado!
Y dictando órdenes para que todas las tropas se encerrasen en el
convento, dejó la torre. Pidió al rapabarbas la lista de sospechosos,
y mandó colgar a quince, intentando con aquel escarmiento contener las
deserciones:
--¡Piensa Dios que cuatro pendejos van a ponerme la ceniza en la
frente! ¡Pues engañado está conmigo!
Hacía cuenta de resistir todo el día, y al amparo de la noche intentar
una salida.