Mediada la mañana, habían iniciado el fuego de cañón las partidas
rebeldes y en poco tiempo abrieron brecha para el asalto. Tirano
Banderas intentó cubrir el portillo, pero las tropas se le desertaban,
y tuvo que volver a encerrarse en sus cuarteles. Entonces, juzgándose
perdido, mirándose sin otra compañía que la del fámulo rapabarbas, se
quitó el cinto de las pistolas, y salivando venenosos verdes, se lo
entregó:
--¡El Licenciadito concertista, será oportuno que nos acompañe en el
viaje a los infiernos!
Sin alterar su paso de rata fisgona, subió a la recámara donde se
recluía la hija. Al abrir la puerta oyó las voces adementadas:
--¡Hija mía, no habés vos servido para casada y gran señora, como
pensaba este pecador que horita se ve en el trance de quitarte la vida
que te dio hace veinte años! ¡No es justo quedés en el mundo para que
te gocen los enemigos de tu padre, y te baldonen llamándote hija del
chingado Banderas!
Oyendo tal, suplicaban despavoridas las mucamas que tenían a la loca en
custodia. Tirano Banderas las golpeó en la cara:
--¡So chingadas! Si os dejo con vida, es porque habés de amortajármela
como un ángel.
Sacó del pecho un puñal, tomó a la hija de los cabellos para
asegurarla y cerró los ojos. Un memorial de los rebeldes dice que la
cosió con quince puñaladas.
V
Tirano Banderas salió a la ventana, blandiendo el puñal, y cayó
acribillado. Su cabeza, befada por sentencia, estuvo tres días puesta
sobre un cadalso con hopas amarillas, en la Plaza de Armas: El mismo
auto mandaba hacer cuartos el tronco y repartirlos de frontera a
frontera, de mar a mar. Zamalpoa y Nueva Cartagena, Puerto Colorado y
Santa Rosa del Titipay, fueron las ciudades agraciadas.
ACABÓSE DE IMPRIMIR ESTE LIBRO
EN LA IMPRENTA RIVADENEYRA
DE MADRID A XV DÍAS
DEL MES DE DICIEMBRE
DE MCMXXVI
AÑOS