III

Doña Lupita, achamizada, zalamera, servía en un rayo de sol el iris de

los refrescos. Niño Santos, alternativamente, ponía los labios en el

vidrio de limón y fisgaba a la comadreja, sartas de corales, mieles de

esclava, sonrisa de Oriente:

--¡Chac! ¡Chac! Doña Lupita, me está pareciendo que tenés vos la nariz

de la Reina Cleopatra. Por mero la cachiza de cuatro copas, un puro

trastorno habéis vos traído a la República. Enredáis vos más que el

honorable Cuerpo Diplomático. ¿Cuántas copas os había quebrado el

Coronel de la Gándara? ¡Doña Lupita, por menos de un boliviano me

lo habéis puesto en la bola revolucionaria! No hacía más la nariz de

la Reina Faraona. Doña Lupita, la deuda de justicia que vos me habés

reclamado ha sido una madeja de circunstancias fatales: Es causa

primordial en la actuación rebelde del Coronel de la Gándara: Ha

puesto en Santa Mónica al chamaco de Doña Rosa Pintado: Cucarachita

la Taracena reclama contra la clausura de su lenocinio, y tenemos

pendiente una nota del Ministro de Su Majestad Católica. ¡Pueden

romperse las relaciones con la Madre Patria! ¡Y vos, mi vieja, ahí os

estás, sin la menor conturbación por tantas catástrofes! Finalmente,

cuatro copas de vuestra mesilla, un peso papel, menos que nada, me

han puesto en el trance de renunciar a los conciertos batracios del

Licenciadito Veguillas.

--¡Cua! ¡Cua!

Nachito, por congraciarse hostigaba la befa, mimando el canto y el

compás saltarín de la rana. Con cuáqueros vinagres le apostrofó el

Tirano:

--No haga el bufón, Señor Licenciado. Estos buenos amigos que van

a juzgarle, no se dejarán influenciar por sus macanas: Espíritus

cultivados, el que menos ha visto funcionar los Parlamentos de la Vieja

Europa.

--¡Juvenal y Quevedo!

El ilustre gachupín se acariciaba las patillas de canela, rotunda la

botarga, inflado el papo de aduladores énfasis. Se santiguaba la vieja

rabona:

--¡Virgen de mi Nombre, la jugó Patillas!

--¡Pues hizo saque!

--¡De salir siempre tan enredada la madeja del mundo, no se libraba ni

el más santo de verse en el Infierno!

--Una buena sentencia, Doña Lupita. ¿Pero su alma no siente el

sobresalto de haber concitado el tumulto de tantas acciones, de tantos

vitales relámpagos?

--¡Mi jefecito, no me asombre!

--Doña Lupita, ¿no temblás vos ante el problema de nuestras eternas

responsabilidades?

--¡Entre mí estoy rezando!

Tirano Banderas: Novela de tierra caliente · 第 158 / 179 题