--¡Cua! ¡Cua!
Nachito, adulón y ramplón, asistía en la rueda de compadritos, por
maligna humorada del Tirano. La mueca verde remejía los venenos de una
befa aún soturna y larvada en los repliegues del ánimo: Diseñaba la
vírgula de un sarcasmo hipocondríaco:
--Licenciado Veguillas, en la próxima tirada va usted a ser mi socio.
Procure mostrarse a la altura de su reputación, y no chingarla. ¡Ya
está usted como un bejuco temblando! ¡Pero qué flojo se ha vuelto,
valedor! Un vasito de limón le caerá muy bueno. Licenciadito, si
no serena los pulsos perderá su buena reputación. ¡No se arrugue,
Licenciado! El refresquito de limón es muy provechoso para los pasmos
del ánimo. Signifíquese, no más, con la vieja rabona, y brinde a los
amigos la convidada: Despídase rumboso y le rezaremos cuando estire el
zancajo.
Nachito suspiraba meciéndose sobre el pando compás de las piernas,
rubicundo, inflada la carota de lágrimas:
--¡La sílfide mundana me ha suicidado!
--No divague.
--¡Generalito, me condena un juego ilusorio de las Ánimas Benditas!
¡Apelo de mi martirio! ¡Una esperanza! ¡Una esperanza no más! En el
médano más desamparado da sus flores el rosal de la esperanza. No vive
el hombre sin esperanza. El pájaro tiene esperanza, y canta aunque la
rama cruja, porque sabe lo que son sus alas. El rayo de la aurora tiene
esperanza. ¡Mi Generalito, todos los seres se decoran con el verde
manto de la Deidad! ¡Canta su voz en todos los seres! ¡El rayo de su
mirada se sume hasta el fondo de las cárceles! ¡Consuela al sentenciado
en capilla! ¡Le ofrece la promesa de ser indultado por los Poderes
Públicos!
Niño Santos extraía de su levitón el pañuelo de dómine y se lo pasaba
por la calavera:
--¡Chac! ¡Chac! Una síntesis ha hecho muy elocuente, Licenciadito.
El Doctor Sánchez Ocaña le ha dado, sin duda, sus lecciones en Santa
Mónica. ¡Chac! ¡Chac!
Hacían bulla los compadres, celebrando el rejo maligno del Tirano.