II

Nachito y el estudiante traspasaron la poterna, entre la escolta de

soldados. El Alcaide los acogió sin otro trámite que el parte verbal

depuesto por un sargento, y enviado desde la cantina por el Mayor del

Valle. Al cruzar la poterna, los dos esposados alzaron la cabeza

para hundir una larga mirada en el azul remoto y luminoso del cielo.

El Alcaide de Santa Mónica, Coronel Irineo Castañón, aparece en las

relaciones de aquel tiempo como uno de los más crueles sicarios de la

Tiranía: Era un viejo sanguinario y potroso que fumaba en cachimba y

arrastraba una pata de palo. Con la bragueta desabrochada, jocoso y

cruel, dio entrada a los dos prisioneros:

--¡Me felicito de recibir a una gente tan seleccionada!

Nachito acogió el sarcasmo con falsa risa de dientes y quiso explicarse:

--Se padece una ofuscación, mi Coronelito.

El Coronel Irineo Castañón vaciaba la cachimba golpeando sobre la pata

de palo:

--A mí en eso ninguna cosa me va. Los procesos, si hay lugar, los

instruye el Licenciadito Carballeda. Ahora, como aún se trata de una

simple detención, van a tener por suyo todo el recinto murado.

Agradeció Nachito con otra sonrisa cumplimentera y acabó moqueando:

--¡Es un puro sonambulismo este fregado!

El Cabo de Vara, en el sombrizo de la puerta, hacía sonar la pretina de

sus llaves: Era mulato, muy escueto, con automatismo de fantoche: Se

cubría con un chafado kepis francés, llevaba pantalones colorados de

uniforme, y guayabera rabona muy sudada: Los zapatos de charol, viejos

y tilingos, traía picados en los juanetes. El Alcaide le advirtió

jovial:

--Don Trini, a estos dos flautistas vea de suministrarles boleto de

preferencia.

--No habrá queja. Si vienen provisorios se les dará luneta de muralla.

Don Trini, cumplida la fórmula del cacheo, condujo a los presos por un

bovedizo con fusiles en armario: Al final, abrió una reja y los soltó

entre murallas:

--Pueden pasearse a su gusto.

Nachito, siempre cumplimentero y servil, rasgó la boca:

--¡Muchísimas gracias, Don Trini!

Don Trini, con absoluta indiferencia, batió la reja, haciendo rechinar

cerrojos y llaves: Gritó alejándose:

--Hay cantina, si algo desean y quieren pagarlo.

Tirano Banderas: Novela de tierra caliente · 第 121 / 179 题