III

Se detuvo y volvió a sentarse, avizorado por el cuchicheo de la pareja

lechuza:

--¿No alargará su plazo el Señor Peredita?

--¡Poco hay que esperar, mi viejo!

--Sin el enojo con la chinita hubiera estado más contemplativo.

Zacarías, con la chupalla sobre la cara y el costal en las rodillas,

amusgaba la oreja. El ciego se había sacado del bolsillo un cartapacio

de papelotes y registraba entre ellos, como si tuviese vista en el luto

de las uñas:

--Vuelve a leerme las condiciones del contrato. Alguna cláusula habrá

que nos favorezca.

Alargábale a la chamaca una hoja con escrituras y sellos:

--¡Taitita, cómo soñamos! El gachupín nos tiene puesto el dogal.

--Repasa el contrato.

--De memoria me lo sé. ¡Perdidos, mi viejo, como no hallemos modo de

ponernos al corriente!

--¿A cuánto sube el devengo?

--Siete pesos.

--¡Qué tiempos tan contrarios! ¡Otras ferias siete pesos no suponían

ni tlaco! ¡La recaudación de una noche como la de ayer superaba esa

cantidad por lo menos tres veces!

--¡Yo todos los tiempos que recuerdo son iguales!

--Tú eres muy niña.

--Ya seré vieja.

--¿No te parece que insistamos con un ruego al Señor Peredita?

¡Acaso exponiéndole nuestros propósitos de que tú cantes lueguito en

conciertos!... ¿No te parece bien volver a verle?

--¡Volvamos!

--Lo dices sin esperanza.

--Porque no la tengo.

--¡Hija mía, no me das ningún consuelo! ¡El Señor Peredita también

tendrá corazón!

--¡Es gachupín!

--Entre los gachupines hay hombres de conciencia.

--El Señor Peredita nos apretará el dogal, sin compasión. ¡Es muy ruin!

--Reconoce que otras veces ha sido más deferente... Pero estaba muy

tomado de cólera con aquella chinita, y no debía fallarle razón cuando

la pusieron a la sombra.

--¡Otra que paga culpas de Domiciano!

Tirano Banderas: Novela de tierra caliente · 第 107 / 179 题