III

La chinita, en el fondo del jacal, se mete la teta en el hipil,

desapartando de su lado al crío que berrea y se revuelca en tierra.

Acude a levantarle con una azotaina, y suspenso de una oreja le pone

fuera del techado. Se queda la chinita al canto del marido, atenta a

los trazos del pincel, que decora el barro de una güeja:

--¡Zacarías, mucho callas!

--Di no más.

--No tengo un centavito.

--Hoy coceré los barros.

--¿Y en el en tanto?

Zacarías repuso con una sonrisa atravesada:

--¡No me friegues! Estas cuaresmas el ayunar está muy recomendado.

Y quedó con el pincelillo suspenso en el aire, porque era sobre la

puerta del jacal el Coronelito Domiciano de la Gándara: Un dedo en los

labios.

Tirano Banderas: Novela de tierra caliente · 第 79 / 179 题