III

Y por las recámaras del congal fulgura su charrasco el Mayor del Valle:

Seguido de algunos soldados entra y sale, sonando las charras espuelas:

A su vera jaleando el nalgario, con ahogo y ponderaciones, zapato bajo

y una flor en la oreja, la madrota:

--¡Patroncito, soy gaditana y no miento! ¡Mi palabra es la del Rey de

España! El Coronel Gandarita no hace un bostezo que dijo: ¡Me voy!

¡Visto y no visto! ¡Horitita! ¡Si no se tropezaron fue milagro! ¡Apenas

llevaría tres pasos, cuando ya estaban en la puerta los soldados!

--¿No dijo adónde se caminaba?

--¡Iba muy trueno! Si algún bochinche no le tienta, buscará la cama.

El Mayor miró de través a la tía cherinola y llamó al sargento:

--Vas a registrar la casa. Cucarachita, si te descubro el contrabando

te caen cien palos.

--Niño, no me encontrarás nada.

La madrota sonaba las llaves. El Mayor, contrariado, se mesaba la barba

chivona, y en la espera, haciendo piernas entrose por la Sala de la

Recámara Verde. El susto y el grito, la carrera furtiva, un rosario

de léperos textos concertaban toda la vida del congal, en la luz

cenicienta del alba. Lupita, taconeando, surgió en el arco de la verde

recámara, un lunar nuevo en la mejilla: Por el pintado corazón de la

boca, vertía el humo del cigarro:

--¡Abilio, estás de mi gusto!

--Me mandé mudar.

--Oye, ¿y tú piensas que se oculta aquí Domiciano? ¡Poco faltó para que

le armases la ratonera! ¡Ahora, échale perros!

Tirano Banderas: Novela de tierra caliente · 第 71 / 179 题