Al final del corredor está la recámara de un estudiante. El joven,
pálido de lecturas, que medita sobre los libros abiertos, de codos en
la mesa. Humea la lámpara. La ventana está abierta sobre la última
estrella. El Coronelito, al entrar, pregunta y señala:
--¿Adónde cae?
El estudiante vuelve a la ventana su perfil lívido de sorpresa
dramática. El Coronelito, sin esperar otra respuesta, salta sobre el
alféizar, y grita con humor travieso:
--¡Ándele, pendejo!
Nachito se consterna:
--¡Su madre!
--¡Jip!
El Coronelito, con una brama, echa el cuerpo fuera. Va por el aire. Cae
en un tejadillo. Quiebra muchas tejas. Escapa gateando. A Nachito que
asoma timorato la alcuza llorona, se le arruga completamente la cara:
--¡Hay que ser gato!