IV

Con las luces del alba la mustia pareja del ciego lechuzo y la chica

amortajada escurríase por el Arquillo de las Madres Portuguesas. Se

apagaban las luminarias. En los Portalitos quedaba un rezago de ferias:

El tiovivo daba su última vuelta en una gran boqueada de candilejas. El

ciego lechuzo, y la chica amortajada, llevan fosco rosmar, claveteado

entre las cuatro pisadas:

--¡Tiempos más fregados no los he conocido!

Habló la chica sin mudar el gesto de ultratumba:

--¡Donde otras ferias!

Sacudió la cabeza el lechuzo:

--Cucarachita no renueva el mujerío y así no se sostiene un negocio.

¿Qué tal mujer la Panameña? ¿Tiene partido?

--Poco partido tiene para ser nueva. ¡Está mochales!

--¿Qué viene a ser eso?

--¡Modo que tiene una chica que llaman la Malagueña! Con ello significa

los transtornos.

--No tomes el hablar de esas mujeres.

La amortajada puso los tristes ojos en una estrella:

--¿Se me notaba que estuviese ronca?

--No más que al atacar las primeras notas. La pasión de esta noche es

de una verdadera artista. Sin cariño de padre, creo que hubieses tenido

un triunfo en una sala de conciertos: “No me mates, traidora ilusión.”

¡Ahí has rayado muy alto! Hija mía, es preciso que cantes pronto en un

teatro, y me redimas de esta situación precaria. Yo puedo dirigir una

orquesta.

--¿Ciego?

--Operándome las cataratas.

--¡Ay mi viejo, cómo soñamos!

--¿No saldremos alguna vez de esta pesadumbre?

--¡Quién sabe!

--¿Dudas?

--No digo nada.

--Tú no conoces otra vida, y te conformas.

--¡Vos tampoco la conocés, taitita!

--La he visto en otros, y comprendo lo que sea.

--Yo, puesta a envidiar, no envidiaría riquezas.

--¿Pues qué envidiarías?

--¡Ser pájaro! Cantar en una rama.

--No sabes lo que hablas.

--Ya hemos llegado.

En el portal dormía el indio con su india, cubiertos los dos por una

frazada. La chica fúnebre y el ciego lechuzo pasaron perfilándose. El

esquilón de las monjas doblaba por las Ánimas.

V

Nacho Veguillas también tenía el vino sentimental de boca babosa y ojos

tiernos. Ahora, con la cabeza sobre el regazo de la daifa, canta su

aria en la Recámara Verde:

--¡Dame tu amor, lirio caído en el fango!

Ensoñó la manflota:

--¡Canela! ¡Y decís vos que no sos romántico!

--¡Ángel puro de amor, que amor inspira! ¡Yo te sacaré del abismo y

redimiré tu alma virginal! ¡Taracena! ¡Taracena!

--¡No armés escándalo, Nachito! Dejá vos al ama, que no está para tus

fregados.

Y le ponía los anillos sobre la boca vinaria. Nachito se incorporó:

--¡Taracena! ¡Yo pago el débito de esta azucena, caída en el barro vil

de tu comercio!

--¡Callá! ¡No faltés!

Nachito, llorona la alcuza de la nariz, se volvía a la niña del trato:

--¡Calma mi sed de ideal, ángel que tienes rotas las alas! ¡Posa tu

mano en mi frente, que en un mar de lava ardiente mi cerebro siento

arder!

--¿Cuándo fue que oí esas mismas músicas? ¡Nachito, aquí se dijeron

esas mismas palabras!

Nachito se sintió celoso:

--¡Algún cabrón!

--O no se habrán dicho... Esta noche se me figura que ya pasó todo

cuanto pasa. ¡Son las Benditas!... ¡Es ilusión esta de que todo pasó,

antes de pasar!

--¡Yo te llamaba en mis solitarios sueños! ¡El imán de tu mirada

penetra en mi! ¡Bésame, mujer!

--Nachito, no seás sonso y dejame rezar este toque de Ánimas.

--¡Bésame, Jarifa! ¡Bésame, impúdica, inocente! ¡Dame un ósculo casto y

virginal! ¡Caminaba solo por el desierto de la vida, y se me aparece un

oasis de amor, donde reposar la frente!

Nachito sollozaba, y la del trato, para consolarle, le dio un beso

de folletín romántico, apretándole a la boca, el corazón de su boca

pintada:

--¡Eres sonso!

Tirano Banderas: Novela de tierra caliente · 第 65 / 179 题