III

El congal, con luminarias de verbena, juntaba en el patio mitote de

naipe, aguardiente y buñuelo. Tenía el naipe al salir un interés

fatigado: Menguaban las puestas, se encogían sobre el tapete, bajo

el reflejo amarillo del candil, al aire contrario del naipe. Viendo

el dinero tan receloso, para darle ánimo trajo aguardiente de caña y

chicha la Taracena. Nacho Veguillas, muy festejado, a medio vestir,

suelto el chaleco, un tirante por rabo, saltaba mimando el dúo del

sapo y la rana. La música clásica, que, cuando esparcía su ánimo

sombrío, gustaba de oír Tirano Banderas. Nachito, con una lágrima

de artista ambulante, recibía las felicitaciones, estrechaba las

manos, se tambaleaba en épicos abrazos. El Doctor Polaco, celoso de

aquellos triunfos, en un corro de niñas, disertaba, accionando con

el libro de los naipes abierto en abanico. Atentas las manflotas,

cerraban un círculo de ojeras y lazos, con meloso cuchicheo tropical.

La chamaca fúnebre pasaba la bandejilla del petitorio, estirando el

triste descote, mustia y resignada, horrible en su corpiño de muselinas

azules, lívidos lujos de hambre. Nachito la perseguía en cuclillas con

gran algazara:

--¡Cua! ¡Cua!

Tirano Banderas: Novela de tierra caliente · 第 64 / 179 题