V. _Lucha entre trabajador y máquina._

La lucha entre el capitalista y el asalariado data de los orígenes

mismos del capital industrial y se recrudece durante el periodo

manufacturero; pero el trabajador no ataca al medio de trabajo hasta

que se introduce la máquina. Se revuelve contra esa forma particular

del instrumento que se le presenta como su enemigo terrible.

Es necesario tiempo y experiencia antes de que los obreros, habiendo

aprendido a distinguir entre la máquina y su empleo capitalista,

dirijan sus ataques, no contra el medio material de producción, sino

contra su modo social de explotación.

Sucede que, bajo la forma de máquina, el medio de trabajo se convierte

en seguida en enemigo del trabajador, y este antagonismo se manifiesta

sobre todo cuando máquinas nuevamente introducidas vienen a hacer la

guerra a los procedimientos ordinarios del oficio y de la manufactura.

El sistema de la producción capitalista se funda, por regla general,

en que el trabajador vende su fuerza como mercancía. La división

del trabajo reduce esta fuerza a ser tan solo apta para manejar una

herramienta de detalle; en el momento que esta herramienta es manejada

por la máquina, el obrero pierde su utilidad, de la misma manera que

una moneda desmonetizada no tiene curso. Cuando esa parte de la clase

obrera que la máquina hace así inútil para las necesidades momentáneas

de la explotación, no sucumbe, o vegeta en una miseria que la

mantiene en reserva siempre a disposición del capital, o invade otras

profesiones, en las cuales rebaja el valor de la fuerza de trabajo.

El antagonismo de la máquina y del obrero aparece con efectos

semejantes en la gran industria misma cuando hay perfeccionamiento

del maquinismo. El objeto constante de estos perfeccionamientos es

disminuir el trabajo manual para el mismo capital, que además de que

exige el empleo de menos obreros, sustituye cada vez más a los hábiles

con los menos diestros, a los adultos con los niños, a los hombres con

las mujeres; pero todos estos cambios ocasionan variaciones sensibles

para el trabajador en el tipo del salario. Y la máquina no obra tan

solo como un concurrente cuya fuerza superior está siempre a punto de

hacer inútil el asalariado. El capital la emplea como potencia enemiga

del obrero. Constituye el arma de guerra más eficaz para reprimir las

huelgas, esas rebeliones periódicas del trabajo contra el despotismo

del capital. En efecto, para vencer la resistencia de sus obreros en

huelga, el capital ha sido conducido a algunas de las más importantes

aplicaciones mecánicas, invenciones nuevas o perfeccionamientos del

maquinismo existente.

El capital: Resumido y acompañado de un estudio sobre el Socialismo científico · 第 82 / 134 题