III. _Trabajo de las mujeres y de los niños._

Haciendo inútil el trabajo muscular, la máquina permite emplear

obreros de poca fuerza física, pero cuyos miembros son tanto más

flexibles cuanto menos desarrollo tienen. Cuando el capital se apoderó

de la máquina, su grito fue: ¡trabajo de mujeres, trabajo de niños!

La máquina, medio poderoso de aminorar los trabajos del hombre, se

convirtió en seguida en medio de aumentar el número de asalariados.

Doblegó bajo la vara del capital a todos los miembros de la familia sin

distinción de edad ni de sexo. El trabajo forzado de todos en provecho

del capital usurpó el tiempo de los juegos de la niñez y reemplazó al

trabajo libre, que tenía por objeto el sostenimiento de la familia.

El valor de la fuerza de trabajo estaba determinado por los gastos de

sostenimiento del obrero y de su familia. Lanzando a la familia en

el mercado y distribuyendo así entre muchas fuerzas el valor de una

sola, la máquina la rebaja. Puede suceder que las cuatro fuerzas, por

ejemplo, que una familia obrera vende al presente le produzcan más

que antes la sola fuerza de su jefe, pero también son cuatro jornadas

de trabajo en lugar de una; ahora, es preciso que en vez de una sean

cuatro las personas que suministran al capital no solamente trabajo,

sino también sobretrabajo para que viva una sola familia. Así es cómo

la máquina, al aumentar la materia humana explotable, eleva a la vez el

grado de explotación.

El empleo capitalista del maquinismo desnaturaliza profundamente el

contrato cuya primera condición era que capitalista y obrero debían

tratar entre sí como personas libres, ambos comerciantes, poseedor el

uno de dinero o de medios de producción y el otro de fuerza de trabajo.

Todo esto queda destruido desde el momento que el capitalista compra

mujeres y niños. El obrero vendía antes su propia fuerza de trabajo,

de la cual podía disponer libremente; ahora vende mujer e hijos y se

convierte en mercader de esclavos.

Por la anexión al personal de trabajo de una masa considerable de

niños y mujeres, la máquina consiguió por fin romper la resistencia

que el trabajador varón oponía aún en la manufactura al despotismo del

capital. La facilidad aparente del trabajo con la máquina y el elemento

más manejable y más dócil de las mujeres y de los niños le ayudan en su

obra de avasallamiento.

_Prolongación de la jornada de trabajo._

La máquina crea condiciones nuevas que permiten al capital soltar el

freno a su tendencia constante de prolongar la jornada de trabajo y

motivos nuevos que aumentan aún su sed de trabajo ajeno.

Cuanto más largo es el periodo durante el cual funciona la máquina,

mayor es la masa de productos entre la cual se distribuye el valor

que aquella transmite, y menor es la parte que corresponde a cada

mercancía. Empero, el periodo de vida activa de la máquina está

evidentemente determinado por la duración de la jornada de trabajo

multiplicada por el número de jornadas durante las cuales presta

servicio.

El desgaste material de las máquinas se presenta bajo un doble aspecto.

Por una parte se desgastan por su empleo y por otra por su inacción,

como una espada se toma de orín en la vaina. Tan solo por el uso se

gastan útilmente, mientras que se desgastan en balde por la falta

de uso, y por esto se procura aminorar el tiempo de inacción; si es

posible, se la hace trabajar de día y de noche.

La máquina se halla además sujeta a lo que se podría llamar su desgaste

moral. Aunque se encuentre en muy buen estado pierde de su valor

por la construcción de máquinas perfeccionadas que vienen a hacerle

concurrencia. El peligro de su desgaste moral es tanto menor cuanto más

corto es su periodo de desgaste físico, y es evidente que una máquina

se desgasta tanto más pronto cuanto más larga es la jornada de trabajo.

La prolongación de la jornada permite acrecentar la producción sin

aumentar la parte de capital representada por los edificios y las

máquinas; por consecuencia, aumenta la supervalía y disminuyen los

gastos necesarios para obtenerla. Por otra parte, el desarrollo de la

producción mecánica obliga a anticipar una parte cada vez mayor de

capital en medios de trabajo, en máquinas, etc., y cada interrupción

del tiempo de trabajo hace inútil, mientras dura, ese capital cada

vez más considerable. La menor interrupción posible, una prolongación

creciente de la jornada de trabajo es, pues, lo que desea el

capitalista.

Hemos visto en el capítulo undécimo que la suma de supervalía está

determinada por la magnitud del capital variable o, en otros términos,

por el número de obreros empleados a la vez y por el tipo de la

supervalía. Pero si la industria mecánica disminuye el tiempo de

trabajo necesario para la reproducción del trabajo pagado y aumenta

así el tipo de la supervalía, solo obtiene este resultado sustituyendo

los obreros por máquinas, es decir, disminuyendo el número de obreros

ocupados por un capital determinado; transforma en máquinas, en capital

constante que no produce supervalía, una parte del capital que, gastada

anteriormente en fuerzas de trabajo, la producía. El empleo de las

máquinas con el objeto de aumentar la supervalía encierra, pues, una

contradicción: por la disminución del tiempo de trabajo necesario

aumenta el tipo de la supervalía; por la disminución del número de

obreros para un capital dado, disminuye la suma de la supervalía. Esta

contradicción conduce instintivamente al capitalista a prolongar la

jornada de trabajo todo lo posible, a fin de compensar la disminución

del número proporcional de los obreros explotados con el aumento de su

sobretrabajo, con el grado de su explotación.

La máquina en manos del capital crea, por consecuencia, motivos

nuevos y poderosos para prolongar desmesuradamente la jornada de

trabajo. Alistando bajo las órdenes del capital elementos de la clase

obrera, mujeres y niños, antes respetados, y dejando disponibles los

obreros reemplazados por la máquina, produce una población obrera

superabundante que se ve obligada a dejarse dictar la ley. De ahí el

fenómeno económico de que la máquina, medio el más eficaz de aminorar

el tiempo de trabajo, se convierta, merced a un giro extraño, en el

medio más infalible de transformar la vida entera del trabajador y de

su familia en tiempo consagrado a dar valor al capital.

_El trabajo más intensificado._

La prolongación exagerada del trabajo cotidiano que lleva consigo la

máquina en manos capitalistas y el menoscabo de la clase obrera, que

es su consecuencia, acaban por producir una reacción de la sociedad,

la cual, sintiéndose amenazada hasta en las raíces de su existencia,

decreta límites legales a la jornada. Desde que la rebelión cada vez

mayor de la clase obrera obligó al Estado a imponer una jornada normal,

el capital procuró ganar por un aumento de la cantidad de trabajo

gastada en el mismo tiempo lo que se le prohibía obtener por una

multiplicación progresiva de las horas de trabajo.

Con la reducción legal de la jornada, el obrero se vio precisado a

gastar, mediante un esfuerzo superior de su fuerza, más actividad en

el mismo tiempo. Desde este momento se empieza a valuar la magnitud

del trabajo de una manera doble, según su duración y según su grado

de intensidad. ¿Cómo se obtiene en el mismo tiempo un gasto mayor de

fuerza vital? ¿Cómo se hace más intenso el trabajo?

Este resultado de la reducción de la jornada dimana de una ley

evidente, según la cual la capacidad de acción de toda fuerza animal

es tanto mayor cuanto más corto es el tiempo durante el cual obra. En

ciertos límites se gana en eficacia lo que se pierde en duración.

En el momento que la legislación aminora la jornada de trabajo, la

máquina se convierte en las manos del capitalista en medio sistemático

de arrancar en cada instante más labor. Pero para que el maquinismo

ejerza esta presión superior sobre sus servidores humanos, es necesario

perfeccionarle continuamente; cada perfeccionamiento del sistema

mecánico se convierte en nuevo medio de explotación, a la vez que la

reducción de la jornada obliga al capitalista a sacar de los medios de

producción, tirantes hasta el extremo, el mayor efecto posible, si bien

economizando gastos.

El capital: Resumido y acompañado de un estudio sobre el Socialismo científico · 第 80 / 134 题