La manufactura presenta dos formas fundamentales que, no obstante su
mezcla accidental, constituyen dos especies esencialmente distintas,
que desempeñan papeles muy diferentes al ocurrir la transformación
que después tiene lugar de la manufactura en grande industria. Este
doble carácter depende de la naturaleza del producto, que debe su
forma definitiva a un simple ajuste mecánico de productos parciales
independientes o a una serie de transformaciones ligadas unas a otras.
La primera especie suministra productos cuya forma definitiva es una
simple reunión de productos parciales que hasta pueden ser ejecutados
como oficios distintos; un producto tipo de esta especie es el
reloj. El reloj constituye el producto social de un inmenso número
de trabajadores, tales como los que hacen resortes, esferas, agujas,
cajas, tornillos, los doradores, etc. Las subdivisiones abundan. Hay,
por ejemplo, los fabricantes de ruedas (ruedas de latón y ruedas de
acero separadamente), los que trabajan los muelles, ejes, escape,
volante, el pulidor de las ruedas y el de los tornillos, el pintor
de las cifras, el grabador, el pulidor de la caja, etcétera, y, por
último, el ajustador que reúne estos elementos separados y entrega el
reloj completamente concluido. Pero estos elementos tan diversos hacen
enteramente accidental la reunión en un mismo taller de los obreros
que los preparan: los obreros domiciliarios que ejecutan en sus casas
estos trabajos de detalle, pero por cuenta de un capitalista, se hacen,
en efecto, una terrible concurrencia en provecho del capitalista,
que economiza además los gastos del taller; así, la explotación
manufacturera solo da beneficios en circunstancias excepcionales.
La segunda especie de manufactura, su forma perfecta, suministra
productos que recorren toda una serie de desarrollos graduales; en
la manufactura de alfileres, por ejemplo, el alambre de latón pasa
por las manos de un centenar de obreros próximamente, cada uno de los
cuales efectúa operaciones distintas. Combinando oficios que eran antes
independientes, una manufactura de este género disminuye el tiempo
entre las diversas operaciones, y la ganancia en fuerza productiva que
resulta de esta economía de tiempo depende del carácter cooperativo de
la manufactura.
_Mecanismo general de la manufactura._
Antes de llegar a su forma definitiva, el objeto de trabajo, el latón,
por ejemplo, en la manufactura de alfileres, recorre una serie de
operaciones que, dado el conjunto de los productos en obra, se operan
todas simultáneamente; se ve ejecutar a la vez el corte del alambre,
la preparación de las cabezas, la afiladura de las puntas, etc.;
el producto aparece así en el mismo momento en todos sus grados de
transformación.
Como el producto parcial de cada trabajador fraccionario es solo un
grado particular de desarrollo de la obra completa, el resultado del
trabajo de uno es el punto de partida del trabajo de otro. El tiempo
de trabajo necesario para obtener en cada operación parcial el efecto
útil apetecido, se establece experimentalmente, y el mecanismo total
de la manufactura funciona con la condición de que en un tiempo
dado debe obtenerse un resultado determinado. De esta manera, los
trabajos diversos y complementarios pueden marchar paralelamente y
sin interrupción. Esta dependencia inmediata en que se encuentran
recíprocamente trabajos y trabajadores obliga a cada uno a emplear solo
el tiempo necesario en su función y aumenta por lo mismo el rendimiento
del trabajo.
Operaciones diferentes exigen, sin embargo, tiempos desiguales y
suministran, por lo tanto, en tiempos iguales cantidades desiguales
de productos parciales. Así, pues, para conseguir que el mismo obrero
ejecute todos los días una sola operación sin pérdida de tiempo,
es necesario emplear para operaciones diferentes diverso número de
obreros: cuatro fundidores, por ejemplo, para dos rompedores y un
raspador en una manufactura de caracteres de imprenta; en una hora
el fundidor funde solo 2.000 caracteres, en tanto que el rompedor
desprende 4.000 y el raspador raspa 8.000 en el mismo espacio de tiempo.
Una vez determinado por la experiencia, para una cifra dada de
producción, el número proporcional más conveniente de obreros en cada
grupo especial, únicamente puede aumentarse esta cifra aumentando cada
grupo especial proporcionalmente a su número de trabajadores.
El grupo especial puede componerse no solo de obreros que realizan
la misma tarea, sino de trabajadores cada uno de los cuales tiene su
función particular en la confección de un producto parcial. El grupo
constituye entonces un trabajador colectivo perfectamente organizado.
Los obreros que le componen forman otros tantos órganos diferentes de
una fuerza colectiva, que funciona merced a la cooperación inmediata de
todos. Faltando uno de ellos se paraliza el grupo de que forma parte.
Finalmente, de la misma manera que la manufactura proviene en
parte de una combinación de oficios diferentes, puede también
desarrollarse combinando diferentes manufacturas. De este modo,
en las fábricas de vidrio importantes se fabrican los crisoles de
arcilla que se necesitan. La manufactura del medio de producción se
une a la manufactura del producto, y la manufactura del producto a
manufacturas en las que este entra como primera materia. En este caso,
las manufacturas combinadas forman secciones de la manufactura total,
aunque constituyen actos independientes de producción, cada uno de los
cuales tiene su división distinta del trabajo. A pesar de sus ventajas,
la manufactura combinada no adquiere verdadera unidad sino después de
la transformación de la industria manufacturera en industria mecánica.
Con la manufactura se ha desarrollado también en algunos puntos el
uso de las máquinas, sobre todo para ciertos trabajos preliminares
sencillos que solo pueden ejecutarse en grande y con un gasto
considerable de fuerza, tales como la partidura del mineral en los
establecimientos metalúrgicos. Pero, en general, en el periodo
manufacturero las máquinas desempeñan un papel secundario.
_Acción de la manufactura sobre el trabajo._
El trabajador colectivo formado por la combinación de gran número
de obreros fraccionarios constituye el mecanismo propio del periodo
manufacturero.
Las diversas operaciones que el productor individual de una mercancía
ejecuta sucesivamente y que se confunden en el conjunto de su trabajo,
exigen cualidades de diferente índole. En una necesita emplear más
habilidad, en otra más fuerza, en una tercera más atención, etcétera,
y el mismo individuo no posee todas estas facultades en grado igual.
Una vez separadas y hechas independientes las distintas operaciones,
los obreros son clasificados según las facultades que dominan en cada
uno de ellos. De esta suerte, el trabajador colectivo posee todas
las facultades productivas requeridas, que no es posible encontrar
reunidas en el trabajador individual, y las gasta lo más económica y
útilmente posible, empleando a las individualidades que componen solo
en funciones adecuadas a sus cualidades. Considerado como miembro del
trabajador colectivo, el trabajador fraccionario llega a ser tanto más
perfecto cuanto más incompleto es.
El hábito de una función única le convierte en órgano infalible y
maquinal de esta función, al mismo tiempo que el conjunto del mecanismo
le obliga a obrar con la regularidad de una pieza de máquina.
Siendo las funciones del trabajador colectivo más o menos simples,
más o menos elevadas, sus órganos, es decir, las fuerzas individuales
de trabajo, deben ser también más o menos simples, más o menos
desarrolladas; poseen, por consecuencia, valores distintos. De esta
suerte, para responder a la jerarquía de las funciones, la manufactura
crea una jerarquía de fuerzas de trabajo, a la cual corresponde una
gradación de salarios.
Todo acto de producción exige ciertos trabajos de que cualquiera es
capaz; esos trabajos son separados de las operaciones principales que
los necesitan y convertidos en funciones exclusivas. La manufactura
produce, pues, en cada oficio que entra en su dominio una categoría de
simples peones o braceros. Si bien desarrolla la especialidad aislada
hasta el punto de hacer de ella una habilidad excesiva a expensas
de la potencia del trabajo integral, empieza también por hacer una
especialidad de la falta de todo desarrollo. Al lado de la gradación
jerárquica se constituye una división simple de los trabajadores en
hábiles e inhábiles.
Para estos últimos son nulos los gastos de aprendizaje; para los
primeros son menores que los que supone el oficio aprendido en su
conjunto; en ambos casos la fuerza de trabajo pierde de su valor. La
pérdida relativa de valor de la fuerza de trabajo, que depende de la
disminución o desaparición de los gastos de aprendizaje, ocasiona
un aumento de supervalía; en efecto, todo lo que aminora el tiempo
necesario para la producción de la fuerza de trabajo acrecienta por
este mismo hecho el dominio del sobretrabajo.