Suponiendo que la jornada de trabajo esté compuesta de seis horas de
trabajo necesario y seis horas de sobretrabajo, el trabajador libre
suministra al capitalista treinta y seis horas de sobretrabajo en los
seis días de la semana. Es lo mismo que si trabajase tres días para sí
y tres días gratis para el capitalista. Pero esto no salta a la vista;
el sobretrabajo y el trabajo necesario se confunden entre sí. Distinta
cosa ocurre con la servidumbre corporal. En esta forma de servidumbre
el sobretrabajo es independiente del trabajo necesario; el labriego
ejecuta esto último en su campo propio y aquel en la tierra señorial;
de este modo distingue claramente el trabajo que ejecuta para su propio
sostenimiento y el que realiza para el señor.
La explotación del trabajador libre es menos visible, tiene una forma
más hipócrita. Pero, en realidad, la diferencia de forma en nada altera
el fondo sino es para empeorarlo. Tres días de sobretrabajo por semana
son siempre tres días de trabajo que nada producen al mismo trabajador,
sea cualquiera el nombre que tengan, servidumbre corporal o beneficio.
Hemos dicho que lo que únicamente interesa al capital es el máximum de
esfuerzos que, en definitiva, puede arrancar a la fuerza de trabajo
en una jornada. Procura conseguir su objeto sin inquietarse por lo
que pueda durar la vida de la fuerza de trabajo; así ocasiona la
debilitación y la muerte prematura, privándola, por la prolongación
impuesta de la jornada, de sus condiciones regulares de actividad y de
desarrollo, así en lo físico como en lo moral.
Parece, sin embargo, que el interés mismo del capital debería
impulsarle a economizar una fuerza que le es indispensable. Pero la
experiencia enseña al capitalista que, por regla general, hay exceso
de población, es decir, exceso con relación a la necesidad del momento
del capital, aunque esta masa abundante esté formada de generaciones
humanas mal desarrolladas, entecas y en disposición de extinguirse.
La experiencia demuestra también al observador inteligente con qué
rapidez la producción capitalista, que, históricamente hablando, es de
fecha reciente, ataca en la misma raíz la sustancia y la fuerza del
pueblo; manifiesta cómo el aniquilamiento de la población industrial se
hace más lento por la absorción constante de elementos nuevos tomados
a los campos, y cómo los mismos trabajadores de los campos empiezan a
decaer.
Pero el capital se preocupa tanto de la extenuación de la raza como
de la dislocación de la tierra. En todo periodo de especulación, cada
cual sabe que un día ocurrirá la explosión, pero cada uno espera no ser
arrollado por ella después de haber obtenido, sin embargo, el beneficio
ansiado. ¡Después de mí, el diluvio! Tal es el lema de todo capitalista.
_Trabajo de día y trabajo de noche._
El capital solo piensa, pues, en la formación de supervalía, sin
preocuparse de la salud ni de la vida del trabajador. Verdad es que,
considerando las cosas en su conjunto, esto no depende tampoco de la
mala o buena voluntad del capitalista como individuo. La concurrencia
anula las voluntades individuales y somete a los capitalistas a las
leyes imperiosas de la producción capitalista.
Estando inactivos los medios de producción, son causa de pérdida para
el capitalista, porque durante el tiempo que no absorben trabajo
representan un adelanto inútil de capital, además de exigir con
frecuencia un gasto suplementario cada vez que se vuelve a empezar
la obra. Siendo físicamente imposible para las fuerzas de trabajo
trabajar cada día veinticuatro horas, los capitalistas han vencido
la dificultad; había en esto una cuestión de ganancia para ellos e
imaginaron emplear alternativamente fuerzas de trabajo por el día y por
la noche, lo cual puede efectuarse de diferentes maneras: una parte del
personal del taller hace, por ejemplo, durante una semana el servicio
de día y durante la siguiente semana el servicio de noche.
El sistema de trabajo de noche aprovecha tanto más al capitalista
cuanto que se presta a una escandalosa explotación del trabajador;
tiene además una influencia perniciosa sobre la salud, pero el
capitalista realiza un beneficio y esto es lo único importante para él.