II. _Circulación de las mercancías._

El cambio transporta las mercancías de manos en que son valores de uso

negativos a manos en que sirven de valores de uso. Llegadas al punto en

que sirven de objetos de utilidad, las mercancías desaparecen de la

esfera de los cambios y caen en el dominio del consumo, lo cual, solo

se verifica después de una serie de cambios de forma.

Consideremos en el mercado un cambista cualquiera, un tejedor.

Cambia su mercancía, 20 metros de tela, por ejemplo, por 2 escudos

de oro; después de lo cual cambia estos dos escudos por un vestido.

Al operar así el tejedor, enajena la tela, que para él no es más que

porta-valor, por el oro, y el oro, figura del valor de la tela, por

otras mercancías, el vestido, que va a ser para él valor de uso. De

cuya operación resulta que el tejedor se ha proporcionado, en lugar de

su primera mercancía, otra mercancía de valor igual, pero de utilidad

diferente; proporcionándose, de esta manera, medios de subsistencia y

de producción.

En último resultado, el tejedor no hace más que sustituir una mercancía

por otra, o cambiar productos. Pero este cambio se efectúa dando lugar

a dos transformaciones opuestas y complementarias: transformación de

la mercancía en dinero y nueva transformación del dinero en mercancía,

cuyas transformaciones representan, bajo el punto de vista del poseedor

de la mercancía, dos actos: venta, o cambio de la mercancía por dinero,

y compra o cambio del dinero por la mercancía. El conjunto de los dos

actos contenidos en la operación (tela - dinero - vestido) o lo que es

lo mismo (mercancía - dinero - mercancía) se resume así: vender para

comprar.

El mismo acto que es venta para el tejedor es compra para el que da 2

escudos por su tela; y estos 2 escudos eran ya el producto de una venta

en manos del comprador de la tela. Porque, aparte del cambio del oro en

su fuente de producción, es decir, en el punto donde se cambia como

producto inmediato del trabajo por otro producto de igual valor, el oro

representa, en manos de cada productor cambista, un precio de mercancía

realizado.

Supongamos que el comprador de la tela ha obtenido estos 2 escudos de

la transformación de un saco de trigo en dinero, y veremos en tal caso,

que la tela, que, como cosa vendida, es el principio del movimiento de

cambio (tela - dinero - vestido), como cosa comprada es el término de

otro movimiento de cambio (trigo - dinero - tela).

Por otra parte, el acto que es compra para el tejedor, es venta para el

sastre, que a su vez convierte los 2 escudos procedentes de la venta

de su vestido en otra mercancía, en una pipa de vino, por ejemplo. El

término del movimiento (tela - dinero - vestido) es de este modo el

principio de otro movimiento (vestido - dinero - vino).

La primera transformación de una mercancía, la tela, es, pues, la

última de otra, el trigo. La última transformación de la misma

mercancía, la tela, es la primera de otra, el vestido, y así

sucesivamente. El conjunto de estos movimientos que se encadenan

constituye la circulación de las mercancías.

Como la circulación de las mercancías conduce, según acabamos de ver

en cada uno de sus movimientos particulares, a un cambio de productos,

esta circulación de las mercancías se distingue esencialmente de

su cambio inmediato. No hay duda que nuestro tejedor ha cambiado

en definitiva su mercancía, es decir, la tela, por otra que es el

vestido; pero este hecho solo es verdadero desde su punto de vista.

El vendedor del vestido, ante el cual se presentó el tejedor con el

oro, representación del valor de su tela, no creía probablemente que

cambiaba su vestido por tela. La mercancía del sastre ha reemplazado

la mercancía del tejedor, pero tejedor y sastre, en las condiciones

generales de la circulación de las mercancías, no cambian sus productos

recíprocamente, no ven más que la moneda, y las monedas no pueden decir

por qué artículo las han trocado.

La circulación no acaba tampoco, como el cambio inmediato, en el cambio

de dueño de los productos. El dinero no desaparece. En el movimiento

(tela - dinero - vestido), la tela, vendida a quien quiere usarla, sale

de la circulación, reemplazándola el dinero; el vestido sale después,

reemplazándolo también el dinero, y así sucesivamente. Cuando la

mercancía de un cambista, que en este caso es el sastre, reemplaza la

de otro, el tejedor, el dinero pasa siempre a un tercero, el vendedor

de vino.

La compra es el complemento forzoso de la venta; pero no es forzoso que

estas dos operaciones complementarias se sucedan inmediatamente; puede

separarlas un periodo de tiempo más o menos largo. Si la separación de

las dos operaciones se prolonga demasiado, su unión íntima se demuestra

por la crisis que surge.

_Curso de la moneda._

Desde el momento que el vendedor completa la venta por la compra, el

dinero sale de sus manos. En nuestro ejemplo, la moneda pasa de manos

del tejedor a las del sastre y de las de este a las del mercader de

vino, realizando sucesivamente el precio de su mercancía. El movimiento

que la circulación de las mercancías imprime a la moneda, la aleja, por

lo tanto, de su punto de partida, para trasmitirla sin interrupción de

mano en mano: esto es lo que se llama _curso de la moneda_. Trátase

ahora de saber la cantidad de moneda que el movimiento de circulación

puede absorber.

En un país se realizan diariamente ventas más o menos numerosas

de mercancías diversas. El valor de las mercancías vendidas se

hallaba expresado antes de su venta, por su precio, es decir, por

una cantidad de oro imaginado. La moneda realiza el precio de estas

mercancías, trasmitiéndolas del vendedor al comprador; en otros

términos, representa realmente las cantidades de oro ya expresadas

imaginariamente en el total de los precios. La cantidad de dinero

exigida por la circulación de todas las mercancías que existen en

el mercado, se halla determinada, por lo tanto, por el total de sus

precios. Siempre que varíe este total, variará en la misma proporción

la masa de moneda circulante.

Ciertas variaciones de esta masa dependen, en último resultado, de la

moneda, del oro mismo.

Antes de que el oro funcione como medida del valor, su propio valor se

halla determinado, y si funciona como tal, se debe a qué es un producto

del trabajo, es decir, un valor variable. En este concepto, cada vez

que su valor sufra alteración, se alterará evidentemente la estimación

del valor de las mercancías, hecha con arreglo al suyo.

Si el valor del oro aumenta, si, por ejemplo, se duplica, un escudo

valdrá lo que antes valían dos escudos, y las mercancías que valían dos

escudos, valdrán, por consecuencia, uno. Si disminuye, por ejemplo, en

la mitad, dos escudos valdrán lo que antes uno y las mercancías que

valían dos escudos valdrán cuatro. Hay que admitir, naturalmente, en

ambos casos que el valor particular de las mercancías, es decir, que el

tiempo necesario para su producción, sigue siendo el mismo.

Así, pues, los precios, estimación del valor de las mercancías en oro,

varían con el valor de este; y como no hay alteración en el valor de

las mercancías, los precios bajan si aumenta el valor del oro y suben

si disminuye.

Hallándose determinada la cantidad de moneda corriente por el total de

precios que deben realizarse, toda variación en estos precios produce

una alteración en la cantidad de moneda circulante; cuya variación

puede depender, según hemos visto, de la misma moneda, en su cualidad,

no de instrumento de la circulación, sino de medida del valor. Dicho

esto, suponemos que el valor del oro se haya establecido, como lo está

efectivamente, en el momento de fijar los precios.

Consideremos cierto número de ventas sin relación entre sí, por

ejemplo, las ventas aisladas de un saco de trigo, de veinte metros de

tela, de un vestido y de una pipa de vino. Siendo el precio de cada

artículo dos escudos, para realizar el precio de los cuatro, habría que

poner ocho escudos en circulación. Por el contrario, si estas mismas

mercancías forman la serie de transformaciones expuestas en el párrafo

precedente: un saco de trigo -- dos escudos -- un vestido -- dos

escudos -- veinte metros de tela -- dos escudos -- un barril de vino

-- dos escudos, los mismos dos escudos que se detienen en la mano del

mercader de vino ponen en circulación las cuatro mercancías, realizando

su precio sucesivamente; en cuyo caso, la velocidad del curso de la

moneda suple a su cantidad.

El cambio de lugar, cuatro veces repetido, de los dos escudos resulta

de las transformaciones completas (su venta seguida de compra) y

en relación unas con otras, del trigo, de la tela y del vestido,

que terminan con la primera transformación de la pipa de vino. Los

movimientos complementarios entre sí, que forman esta serie, se

verifican sucesivamente; necesitan más o menos tiempo para realizarse

y la velocidad del curso de la moneda que, según acabamos de ver

influye en su cantidad, se mide por el número de mutaciones de las

mismas monedas en un tiempo dado. Supongamos que la circulación de

nuestras cuatro mercancías dure un día; la masa de moneda corriente,

dos escudos, multiplicada por el número de mutaciones de las mismas

monedas, es decir, por cuatro, es igual al total del precio de las

mercancías, o sean ocho escudos.

La circulación en un país comprende, durante un tiempo dado, las

ventas o compras aisladas, es decir, las transformaciones parciales

en que la moneda solo cambia de lugar una vez, y las series de

transformaciones más o menos extensas, en que las mismas monedas

experimentan traslaciones más o menos numerosas. Cada una de las

monedas que componen la suma total de dinero en circulación, funciona,

pues, con actividad diferente, pero el conjunto de las monedas

semejantes realiza, durante un tiempo determinado, un total de precios;

por consecuencia, se establece una velocidad media en el curso de la

moneda. Conocida esta velocidad media, queda determinada la masa de oro

que puede funcionar como instrumento de la circulación, puesto que esta

masa multiplicada por el número medio de sus mutaciones debe ser igual

al total de precios que hay que realizar.

La velocidad del curso de la moneda solo indica la velocidad de las

transformaciones de las mercancías, la mayor o menor rapidez con que

desaparecen de la circulación y su reemplazo por nuevas mercancías.

En el curso rápido de la moneda aparece la unión de la venta y de

la compra como dos actos alternativamente realizados por los mismos

cambistas. Por el contrario, la lentitud del curso de la moneda pone de

manifiesto la separación de estas dos operaciones, y la interrupción

de los cambios de forma de las mercancías. Es muy común la tendencia

a explicar esta interrupción por la cantidad insuficiente de moneda

circulante, siendo así que (y esto resulta de lo que precede) la

cantidad de los medios de circulación, en un periodo dado de tiempo, se

halla determinada por el precio total de las mercancías circulantes y

por la velocidad media de sus transformaciones, en dinero, por medio de

la venta, y en otras mercancías por medio de la compra.

_El numerario o las especies y el papel-moneda._

El numerario tiene su origen en la función que desempeña la moneda como

instrumento de circulación. El peso de oro adoptado como unidad de

medida y sus subdivisiones deben presentarse ante las mercancías en el

mercado bajo la forma de numerario o de especies acuñadas. De la misma

manera que el establecimiento de la unidad de medida, la acuñación

es de la incumbencia del Estado. El oro y la plata revisten así, en

concepto de numerario, una forma oficial, un uniforme nacional, que

abandonan en el mercado del mundo.

Las monedas de oro o de plata se desgastan más o menos en su

circulación y pierden, por consecuencia, mayor o menor cantidad de

peso. Especies de igual nombre, que vienen a ser, de este modo, de

valor desigual por carecer del mismo peso, se consideran iguales en la

circulación. Aun cuando pierden parte de su peso, conservan su valor

nominal. La circulación tiende, pues, a transformar el numerario en un

emblema de su peso metálico oficial.

La función numeraria del oro, desprendida así de su valor metálico

por el roce mismo de su circulación, puede ser desempeñada por cosas

relativamente sin valor, tales como unos pedazos de papel. Y desde

este momento, como la moneda, en concepto de numerario o instrumento

de circulación, queda reducida a ser el signo de sí propia, puede

reemplazársela en esta función con simples signos. Solo es necesario

que el signo de la moneda, el papel moneda, sea, como ella, socialmente

valedero; cuyo carácter lo adquiere por la acción del Estado. Además,

ocupando el lugar de la moneda, el papel moneda debe ser proporcionado,

en su emisión, a la cantidad de moneda que represente y que realmente

debería circular. En el caso en que excediera de esta proporción

legítima, los hechos la reducirían al tipo indicado. Si la masa de

papel moneda llegara a ser el doble de la proporción debida, un billete

de 100 pesetas, por ejemplo, no representaría más que 50 pesetas. No se

trata aquí más que del papel moneda puesto en circulación por el Estado

y con curso forzoso.

El capital: Resumido y acompañado de un estudio sobre el Socialismo científico · 第 34 / 134 题