Supongamos, para mayor claridad, que el oro es la mercancía moneda.
Realmente, en los países como Francia en que dos mercancías, el oro y
la plata, desempeñan legalmente la función de medida del valor, solo
una de ellas se mantiene en su puesto.
La primera función del oro consiste en suministrar al conjunto de las
mercancías la materia en que expresan sus valores, como productos de
cualidad igual, comparables, por lo tanto, en el concepto de cantidad.
Desempeña, pues, el papel de medida universal de los valores.
Pero no es el oro convertido en moneda lo que hace a las mercancías
conmensurables; al contrario, porque son conmensurables, siendo
de igual cualidad en concepto de valores y fuerza de trabajo
materializada, pueden hallar todas juntas su magnitud de valor en
una mercancía convertida en medida común. Esta medida de los valores
mediante la moneda, no es más que la forma que debe revestir
necesariamente su medida efectiva, que será siempre el tiempo de
trabajo.
_La forma precio._
La expresión en oro de la magnitud de valor de una mercancía es su
forma moneda o su precio.
El precio de las mercancías no es cosa aparente por sí misma. El
poseedor se ve obligado a ponerles unas etiquetas para anunciar su
precio, para representar su igualdad con el oro. No hay comerciante
que no sepa perfectamente que no necesita ni un grano de oro efectivo
para estimar en oro el valor de millones de mercancías. Aun cuando
en su función de medida de los valores solo se emplea la moneda como
moneda imaginaria, no por esto la determinación de los precios deja
de depender completamente de la materia de la moneda. Si esta materia
fuese cobre en vez de oro, los valores estarían representados por
cantidades de cobre diferentes de las cantidades de oro, en otros
términos, por precios diferentes.
Como cantidades diversas de una misma cosa, del oro, las mercancías
se comparan y se miden entre sí, y de aquí la necesidad de referirlas
a una cantidad de oro que se fija como término de comparación, como
unidad de medida. Debiendo tener esta cantidad de oro una autenticidad
social, es determinada por la ley. Dividida en partes iguales, esta
cantidad fija de metal se convierte en el tipo de los precios.
Por consecuencia, el oro desempeña aquí una segunda función. Sabemos
que, como medida de los valores, sirve para transformar los valores de
las mercancías en supuestas cantidades de oro, en precios; ahora, como
tipo de los precios, mide estas diversas cantidades de oro por una
cantidad fija y las refiere a un peso fijo de oro. Los precios, o las
cantidades de oro en que se transforman imaginariamente las mercancías,
se expresan desde este momento con los nombres monetarios de este peso
fijo, unidad de medida y de sus subdivisiones, por ejemplo, en pesetas.
Los precios indican, pues, dos cosas al mismo tiempo: la magnitud del
valor de las mercancías y la parte del peso de oro convertido en unidad
de medida, por la cual, son cambiables inmediatamente.
Si el precio, como índice de la magnitud del valor de la mercancía,
es la indicación de su relación de cambio con la moneda, no se ha de
deducir que la indicación de su relación de cambio con la moneda se
confunde necesariamente con la indicación de su magnitud de valor.
En efecto, la magnitud de valor expresa la relación íntima que
existe entre una mercancía y el tiempo de trabajo social necesario
para producirla. Desde que el valor se convierte en precio, esta
relación aparece como la relación de cambio de la mercancía con la
moneda. Pero la relación de cambio puede expresar, ora el valor
mismo de la mercancía o bien lo más o lo menos que su cambio produce
accidentalmente en circunstancias dadas.
Supongamos que un saco de trigo se produce en el mismo tiempo de
trabajo que 13 gramos de oro, y que el nombre monetario de estos 13
gramos de oro sea el de dos escudos; la expresión moneda del valor del
saco de trigo, o su precio, será dos escudos.
Aunque las condiciones de la producción no varíen, siendo necesario el
mismo tiempo de trabajo si se presentan circunstancias que permiten
estimar el saco de trigo en tres escudos u obligan a bajarlo a un
escudo, en tal caso tres escudos y un escudo son expresiones que
aumentan o disminuyen el valor del trigo, y sin embargo, son sus
precios, porque expresan la relación de cambio del trigo y de la moneda.
Es, pues, posible que exista una diferencia cuantitativa entre el
precio de una mercancía y su magnitud de valor, cuya posibilidad
proviene del doble papel que representa la misma forma precio.
En el precio, es decir, en el nombre monetario de las mercancías, su
equivalencia con el oro no es todavía un hecho consumado. Para producir
prácticamente el efecto de un valor de cambio, la mercancía debe dejar
de ser oro simplemente imaginado y convertirse en oro real y positivo
para darla un precio, basta con declararla igual a una cantidad de
oro puramente imaginaria; pero hay que reemplazarla con oro efectivo
para que preste a su poseedor el servicio de procurarle, por medio del
cambio, las cosas que necesita.
La forma precio manifiesta simplemente que las mercancías son
enajenables y en qué condiciones su poseedor quiere enajenarlas. Los
precios son como miradas amorosas que las mercancías lanzan al dinero;
para que el dinero se deje atraer por las mercancías es preciso que
su valor útil esté reconocido. No hablamos de los errores más o menos
intencionados que se cometen al fijar los precios, cuyos errores son
bien pronto corregidos en el mercado por la tarifa de los concurrentes.