I. _Medida de los valores._

Supongamos, para mayor claridad, que el oro es la mercancía moneda.

Realmente, en los países como Francia en que dos mercancías, el oro y

la plata, desempeñan legalmente la función de medida del valor, solo

una de ellas se mantiene en su puesto.

La primera función del oro consiste en suministrar al conjunto de las

mercancías la materia en que expresan sus valores, como productos de

cualidad igual, comparables, por lo tanto, en el concepto de cantidad.

Desempeña, pues, el papel de medida universal de los valores.

Pero no es el oro convertido en moneda lo que hace a las mercancías

conmensurables; al contrario, porque son conmensurables, siendo

de igual cualidad en concepto de valores y fuerza de trabajo

materializada, pueden hallar todas juntas su magnitud de valor en

una mercancía convertida en medida común. Esta medida de los valores

mediante la moneda, no es más que la forma que debe revestir

necesariamente su medida efectiva, que será siempre el tiempo de

trabajo.

_La forma precio._

La expresión en oro de la magnitud de valor de una mercancía es su

forma moneda o su precio.

El precio de las mercancías no es cosa aparente por sí misma. El

poseedor se ve obligado a ponerles unas etiquetas para anunciar su

precio, para representar su igualdad con el oro. No hay comerciante

que no sepa perfectamente que no necesita ni un grano de oro efectivo

para estimar en oro el valor de millones de mercancías. Aun cuando

en su función de medida de los valores solo se emplea la moneda como

moneda imaginaria, no por esto la determinación de los precios deja

de depender completamente de la materia de la moneda. Si esta materia

fuese cobre en vez de oro, los valores estarían representados por

cantidades de cobre diferentes de las cantidades de oro, en otros

términos, por precios diferentes.

Como cantidades diversas de una misma cosa, del oro, las mercancías

se comparan y se miden entre sí, y de aquí la necesidad de referirlas

a una cantidad de oro que se fija como término de comparación, como

unidad de medida. Debiendo tener esta cantidad de oro una autenticidad

social, es determinada por la ley. Dividida en partes iguales, esta

cantidad fija de metal se convierte en el tipo de los precios.

Por consecuencia, el oro desempeña aquí una segunda función. Sabemos

que, como medida de los valores, sirve para transformar los valores de

las mercancías en supuestas cantidades de oro, en precios; ahora, como

tipo de los precios, mide estas diversas cantidades de oro por una

cantidad fija y las refiere a un peso fijo de oro. Los precios, o las

cantidades de oro en que se transforman imaginariamente las mercancías,

se expresan desde este momento con los nombres monetarios de este peso

fijo, unidad de medida y de sus subdivisiones, por ejemplo, en pesetas.

Los precios indican, pues, dos cosas al mismo tiempo: la magnitud del

valor de las mercancías y la parte del peso de oro convertido en unidad

de medida, por la cual, son cambiables inmediatamente.

Si el precio, como índice de la magnitud del valor de la mercancía,

es la indicación de su relación de cambio con la moneda, no se ha de

deducir que la indicación de su relación de cambio con la moneda se

confunde necesariamente con la indicación de su magnitud de valor.

En efecto, la magnitud de valor expresa la relación íntima que

existe entre una mercancía y el tiempo de trabajo social necesario

para producirla. Desde que el valor se convierte en precio, esta

relación aparece como la relación de cambio de la mercancía con la

moneda. Pero la relación de cambio puede expresar, ora el valor

mismo de la mercancía o bien lo más o lo menos que su cambio produce

accidentalmente en circunstancias dadas.

Supongamos que un saco de trigo se produce en el mismo tiempo de

trabajo que 13 gramos de oro, y que el nombre monetario de estos 13

gramos de oro sea el de dos escudos; la expresión moneda del valor del

saco de trigo, o su precio, será dos escudos.

Aunque las condiciones de la producción no varíen, siendo necesario el

mismo tiempo de trabajo si se presentan circunstancias que permiten

estimar el saco de trigo en tres escudos u obligan a bajarlo a un

escudo, en tal caso tres escudos y un escudo son expresiones que

aumentan o disminuyen el valor del trigo, y sin embargo, son sus

precios, porque expresan la relación de cambio del trigo y de la moneda.

Es, pues, posible que exista una diferencia cuantitativa entre el

precio de una mercancía y su magnitud de valor, cuya posibilidad

proviene del doble papel que representa la misma forma precio.

En el precio, es decir, en el nombre monetario de las mercancías, su

equivalencia con el oro no es todavía un hecho consumado. Para producir

prácticamente el efecto de un valor de cambio, la mercancía debe dejar

de ser oro simplemente imaginado y convertirse en oro real y positivo

para darla un precio, basta con declararla igual a una cantidad de

oro puramente imaginaria; pero hay que reemplazarla con oro efectivo

para que preste a su poseedor el servicio de procurarle, por medio del

cambio, las cosas que necesita.

La forma precio manifiesta simplemente que las mercancías son

enajenables y en qué condiciones su poseedor quiere enajenarlas. Los

precios son como miradas amorosas que las mercancías lanzan al dinero;

para que el dinero se deje atraer por las mercancías es preciso que

su valor útil esté reconocido. No hablamos de los errores más o menos

intencionados que se cometen al fijar los precios, cuyos errores son

bien pronto corregidos en el mercado por la tarifa de los concurrentes.

El capital: Resumido y acompañado de un estudio sobre el Socialismo científico · 第 33 / 134 题