Al desarrollarse la circulación de las mercancías se desarrollan
también la necesidad y el deseo de adquirir y de conservar lo que, en
el régimen de producción mercantil, constituye el nervio de todas las
cosas: el dinero.
Todo productor debe hacer provisión de dinero. En efecto, las
necesidades del productor se renuevan sin cesar y le imponen
constantemente la compra de mercancías ajenas, mientras que la
producción y la venta de las suyas exigen más o menos tiempo y dependen
de mil eventualidades. Para poder comprar sin vender, es preciso
antes haber vendido sin comprar. Las mercancías no se venden desde
luego para comprar inmediatamente otras, sino para reemplazarlas con
dinero que se conserva, y se va empleando según las necesidades. La
moneda, detenida intencionadamente en su circulación, se petrifica,
por decirlo así, convirtiéndose en tesoro, y el vendedor se transforma
en acumulador de dinero. Fórmanse de este modo, en todos los puntos
que se hallan en relaciones de negocios, reservas de dinero en las
proporciones más diversas.
Ya hemos visto que la cantidad de moneda corriente se halla determinada
por el total de los precios de las mercancías circulantes y por la
velocidad de su circulación. Esta cantidad aumenta, pues, al mismo
tiempo que la circulación de las mercancías y disminuye con ella. En su
consecuencia, unas veces debe entrar en circulación una masa mayor de
moneda, y otras debe salir de la circulación una parte. Esta condición
se cumple por medio de las reservas de dinero que entran o salen de la
circulación, esto es, por la forma tesoro.
_El dinero como medio de pago._
En la forma de circulación de las mercancías examinada hasta aquí, los
cambistas se presentan unos con la mercancía y otros con el dinero. Sin
embargo, a medida que se desenvuelve la circulación, se desarrollan
también varias circunstancias que tienden a establecer un intervalo,
más o menos largo, entre la venta de la mercancía y la realización de
su precio.
Algunas especies de mercancías, exigen para su producción más tiempo
que otras, las épocas de producción no son las mismas para todas, etc.
Puede ocurrir, pues, que uno de los cambistas esté dispuesto a vender
en tanto que el otro no tiene aún medios de comprar. Cuando las mismas
transacciones se renuevan constantemente entre las mismas personas, las
condiciones de venta y compra de las mercancías, se regulan según las
condiciones de su producción. El uno venderá una mercancía presente, el
otro comprará sin pagar inmediatamente en calidad de representante de
dinero por venir. El vendedor se hace acreedor y el comprador deudor;
el dinero adquiere una nueva función, se hace medio de pago.
La aparición simultánea en una venta de la mercancía y del dinero deja
de existir. Desde este momento, el dinero funciona principalmente como
medida de valor en el señalamiento del precio de la mercancía vendida.
Establecido mediante contrato, este precio indica la obligación del
comprador, es decir, la suma de dinero de que es deudor a plazo fijo.
Funciona además como medio de compra imaginaria. Aunque solo existe en
la promesa del comprador le transfiere, sin embargo, la mercancía.
Al finalizar el plazo solamente entra como medio de pago en la
circulación, es decir, que pasa de manos del comprador a las del
vendedor.
Medio de circulación, el dinero se convertía en tesoro porque el
movimiento de circulación se había detenido en su primera mitad,
no siguiendo a la venta la compra. Medio de pago, solo entra en
circulación cuando la mercancía ha salido ya de ella. El vendedor
transformaba la mercancía en dinero para satisfacer sus necesidades
por medio de la compra de objetos útiles; el acumulador de dinero para
conservarle bajo su forma de permutabilidad inmediata con toda clase
de mercancías, es decir, bajo su forma dinero; el comprador deudor
para poder pagar. Si no efectúa esta transformación, si no paga al
vencimiento tiene lugar una venta forzosa de su hacienda. El cambio de
la mercancía en dinero constituye, pues, una necesidad social que se
impone al productor cambista, independientemente de sus necesidades y
caprichos personales.
Los pagos a efectuar pueden compensarse, cuando en vez de efectuarse
de hecho se saldan recíprocamente anulándose. Teniendo esto en cuenta,
se organizan instituciones a fin de realizar estas compensaciones que
disminuyen la masa de numerario empleado. Además, circula en un tiempo
determinado, un día por ejemplo, cierta cantidad de dinero destinada a
pagar las obligaciones que vencen este día y que representan mercancías
mucho tiempo ha fuera de la circulación. En estas condiciones, la
cantidad de moneda que circula en cierto periodo, dada la velocidad de
los medios de circulación y de los medios de pago, es igual al total de
los precios de las mercancías a realizar, añadiendo a esto el total de
los pagos que cumplen en este periodo y descontando, por ejemplo, el
total de los pagos que se compensan.
La moneda de crédito (letras, pagarés, etc.), tiene su origen inmediato
en la función del dinero como medio de pago. Los certificados que
acreditan las deudas contraídas por las mercancías compradas, circulan
también a su vez para transferir a otros los créditos que representan.
A medida que se extiende el sistema de crédito, la moneda, como medio
de pago, reviste formas de existencia especiales, merced a las cuales
se regulan las grandes operaciones comerciales, en tanto que las
especies de oro y plata quedan reducidas principalmente al comercio al
por menor.
Establécense en cada país ciertos términos generales, ciertas épocas
determinadas en que los pagos se hacen en grande escala; y la función
del dinero como medio de pago exige la acumulación de las sumas
necesarias para las fechas de los vencimientos.
_La moneda universal._
Al salir de la circulación interior de un país, el metal moneda
abandona las formas locales que había revestido para recobrar su forma
primitiva de barra o lingote.
En el recinto nacional de la circulación una sola mercancía es la que
puede servir de medida de valor; en el mercado universal reina una
doble medida de valor: el oro y la plata.