El trabajo del ebanista, el del albañil, del labrador, etcétera,
crean valor por su condición común de trabajo humano; pero no forman
una mesa, una casa, cierta cantidad de trigo, etc., en una palabra,
diferentes valores de uso, sino porque poseen cualidades diferentes.
Toda clase de trabajo supone, por una parte, gasto físico de fuerza
humana, siendo bajo este concepto de igual naturaleza y formando el
valor de las mercancías. Por otra parte, todo trabajo implica un gasto
de la fuerza humana bajo una u otra forma productiva determinada por un
fin particular, y en este concepto de trabajo útil diferente, produce
valores de uso o cosas útiles.
_Doble carácter social del trabajo privado._
Al conjunto de objetos útiles de toda especie exigidos por la variedad
de las necesidades humanas, corresponde un conjunto de obras o trabajos
igualmente variados. Para satisfacer las diversas necesidades del
hombre, el trabajo se presenta, pues, bajo formas útiles distintas, de
lo cual resulta una multitud de industrias innumerables.
Aunque ejecutadas independientemente unas de otras, según la voluntad
y designio particular de sus productores, sin relación aparente, las
diversas especialidades de trabajos útiles se manifiestan como partes,
que se completan entre sí, del trabajo general destinado a satisfacer
la suma de necesidades sociales. Los oficios individuales, cada uno
de los cuales corresponde cuando más a un orden de necesidades, y cuya
variedad indispensable no resulta de ningún convenio previo, forman en
su totalidad como los eslabones del sistema social de la división del
trabajo, que se adaptan a la diversidad infinita de las necesidades.
De esta manera, trabajando los hombres unos para otros, sus obras
privadas revisten, por esta sola razón, un carácter social; pero estas
obras, tienen también un carácter social por su semejanza en concepto
de trabajo humano en general, no apareciendo esta semejanza más que en
el cambio, es decir, en una relación social que los coloca frente a
frente bajo una base de equivalencia, no obstante su diferencia natural.
_Reducción de toda clase de trabajo a cierta cantidad de trabajo
simple._
Las diversas transformaciones de la materia natural y su adaptación
a las distintas necesidades humanas, que constituyen toda la tarea
del hombre, son más o menos penosas de efectuar, y, por consecuencia,
los diferentes géneros de trabajo de donde resultan son más o menos
complicados.
Pero cuando hablamos del trabajo humano bajo el punto de vista del
valor, consideramos tan solo el trabajo simple, es decir, el gasto de
la simple fuerza que todo hombre, sin educación especial, posee en
su organismo. Es cierto que el trabajo simple medio varía según los
países y las épocas, pero siempre se halla determinado en una sociedad
dada, es decir, en cada sociedad. El trabajo superior no es otra cosa
que trabajo simple multiplicado, pudiendo siempre ser reducido a una
cantidad mayor de trabajo simple: un día o jornada de trabajo superior
o complicado puede equivaler, por ejemplo, a dos días o jornadas de
trabajo simple.
La experiencia enseña que esta reducción de todo trabajo a determinada
cantidad de una sola especie de trabajo, se hace diariamente en todas
partes. Las mercancías más diversas hallan su expresión uniforme en
moneda, es decir, en una masa determinada de oro o de plata. Y por
este solo hecho, los diferentes géneros de trabajo, cuyo producto son
las mercancías, por complicados que sean, se van a reducir en una
proporción dada, al producto de un trabajo único, el que suministra
el oro o la plata. Cada género de trabajo representa solamente una
cantidad de este último.