Consideremos dos objetos, por ejemplo, una mesa y una cantidad de
trigo. En virtud de sus cualidades particulares, cada uno de estos
objetos sirve para satisfacer necesidades distintas; ambos son, pues,
útiles al hombre que hace uso de ellos.
Para convertirse en mercancía un objeto debe ser ante todo una cosa
útil, una cosa que ayude a satisfacer necesidades humanas de esta o de
la otra especie. La utilidad de una cosa, utilidad que depende de sus
cualidades naturales y aparece en su uso o consumo, hace de ella _un
valor de uso_.
Destinado por el que lo confecciona a satisfacer las necesidades o
las conveniencias de otros individuos, un objeto es entregado por el
productor a aquella persona a quien es útil, a quien quiere usarlo,
en cambio de otro objeto, y por este acto se convierte en mercancía.
La proporción variable en que unas mercancías de especie diferente se
cambian entre sí, constituye su _valor de cambio_.
_Valor, su sustancia_.
Consideremos la relación de cambio de dos mercancías: 75 kilogramos de
trigo, por ejemplo, igualan a 100 kilogramos de hierro. ¿Qué quiere
decir esto? Que en esos dos objetos diferentes, trigo y hierro, hay
algo común.
Este algo no puede ser una propiedad natural de las mercancías: pues
no se tienen en cuenta sus cualidades naturales sino en cuanto estas
cualidades les dan una utilidad que las constituye en valores de uso.
En su cambio, y esto es lo que caracteriza la relación de cambio, no se
atiende a su utilidad respectiva, y solo se considera si se encuentran
respectivamente en cantidad suficiente. Como valores de uso, las
mercancías son ante todo de cualidad distinta; como valores de cambio,
solo pueden ser diferentes en cantidad.
Prescindiendo de las propiedades naturales, del valor de uso de las
mercancías, solo queda a estas una cualidad: la de ser productos del
trabajo.
En este concepto, puesto que en una mesa, una casa, un saco de trigo,
etc., debemos hacer caso omiso de la utilidad respectiva de estos
objetos, de su forma útil particular, no tenemos para qué preocuparnos
del trabajo productivo especial del ebanista, del albañil, del
labrador, etc., que les han dado aquella forma particular. Descartando
así en estos trabajos su fisonomía propia, solo nos resta su carácter
común: desde cuyo momento todos ellos quedan reducidos a un gasto de
fuerza humana de trabajo, es decir, a un desgaste del organismo del
hombre, sin consideración a la forma particular en que se ha gastado
esta fuerza.
Resultantes de un gasto de fuerza humana en general, muestras del mismo
trabajo indistinto, las mercancías manifiestan únicamente que en su
producción se ha gastado una fuerza de trabajo; o de otro modo, que en
ellas se ha acumulado trabajo. Las mercancías son _valores_ en tanto
que son materialización de este trabajo, sin examinar su forma. Lo que
de común se observa en la relación de cambio o en el valor de cambio de
las mercancías, es su valor.
_Magnitud del valor, tiempo de trabajo socialmente necesario._
La sustancia del valor es el trabajo; la medida de la cantidad de valor
es la cantidad de trabajo, que a su vez se mide por la duración, por el
tiempo de trabajo.
El tiempo de trabajo que determina el valor de un producto es el tiempo
socialmente necesario para su producción, es decir, el tiempo necesario
no en un caso particular, sino por término medio, este es, el tiempo
que requiere todo trabajo ejecutado con el grado medio de habilidad
y de intensidad y en las condiciones ordinarias con relación al medio
social convenido.
La magnitud del valor de una mercancía no padecería alteración, si el
tiempo necesario para su producción continuara siendo el mismo; pero
este varía cada vez que se modifica la productividad del trabajo, es
decir, con cada modificación que se introduce en la actividad de los
procedimientos o de las condiciones exteriores, mediante las cuales se
manifiesta la fuerza de trabajo; la productividad del trabajo depende,
pues, entre otras cosas de la habilidad media de los trabajadores, de
la extensión y eficacia de los medios de producir y de circunstancias
puramente naturales: la misma cantidad de trabajo está representada,
por ejemplo, por ocho fanegas de trigo, si la estación ha sido
favorable, y por cuatro en el caso contrario.
Por regla general, si la productividad del trabajo aumenta,
disminuyendo el tiempo necesario para la producción de un artículo, el
valor de este disminuye, y a la inversa, si la productividad disminuye
el valor aumenta. Pero cualesquiera que sean las variaciones de su
productividad, el mismo trabajo, funcionando durante igual tiempo, crea
siempre el mismo valor, solo que suministra en un tiempo determinado
una cantidad mayor o menor de valores de uso u objetos útiles, según
aumente o disminuya su productividad.
Aun cuando, merced a un aumento de productividad, se produzcan en
el mismo tiempo dos vestidos en vez de uno, cada vestido continuará
teniendo la misma utilidad que tenía antes de duplicarse la producción;
pero con los dos vestidos se pueden vestir dos hombres en lugar de uno;
por lo tanto, hay aumento de riqueza material. No obstante, el valor
del conjunto de objetos útiles sigue siendo el mismo: dos vestidos
hechos en un tiempo igual al empleado anteriormente en hacer uno, no
valen más de lo que antes valía un solo vestido.
Una modificación en la productividad que haga más fecundo el trabajo,
aumenta la cantidad de artículos que este trabajo proporciona, y por
consiguiente, la riqueza material; poro no modifica el valor de esta
cantidad así materialmente aumentada, si continúa siendo igual el
tiempo total de trabajo empleado en su fabricación.
* * * * *
Sabemos ya que la sustancia del valor es el trabajo. Sabemos también
que su medida es la duración del trabajo.
Una cosa puede ser valor de uso sin ser un valor: basta para esto que
sea útil al hombre, sin que provenga de su trabajo. Así sucede con el
aire, las praderas naturales, una tierra virgen, etc. Un valor de uso
solo tiene valor cuando hay acumulada en él cierta suma de trabajo
humano. Por ejemplo, el agua que corre en un río, aunque útil para
muchas necesidades del hombre, no tiene, sin embargo, valor alguno;
pero si por medio de cántaros o tubos se transporta el agua a un quinto
piso, adquiere inmediatamente valor, porque para hacerla llegar hasta
aquel punto se ha gastado cierta cantidad de fuerza humana.
Una cosa puede ser útil y producto del trabajo sin ser mercancía. Todo
aquel que con su producto satisface sus propias necesidades, solo
crea un valor de uso por su cuenta personal. Para producir mercancías
hay que producir valores de uso, con el fin de entregarlos al consumo
general por medio del cambio.
Por último, ningún objeto puede ser valor si no es útil; si un objeto
es inútil, como se ha gastado inútilmente el trabajo que contiene, no
crea valor.