Soy de los hombres que el dolor no abate
ni la implacable adversidad humilla;
luz de esperanza en mis pupilas brilla,
hirviente sangre en mis arterias late.
Me enamoran los lances del combate
y abandono a la mar mi fuerte quilla,
buscando, como el nauta de Castilla,
tierra que ante mis ojos se dilate.
Sueño con peligrosas aventuras,
con el Sol de gloria que mi paso alumbre;
desdeño las monótonas llanuras
y alzarme quiero a la difícil cumbre,
cual águila que vive en las alturas
sin rendirse a ninguna servidumbre.
1917.