Guardo yo aquel mechón de tus cabellos
como el devoto la reliquia santa,
como el sórdido avaro su tesoro,
como el proscrito guarda,
en su triste destierro, los recuerdos
dulces y halagadores de la patria.
Y cuando estoy a solas, dueño mío,
doy rienda suelta a mis mortales ansias,
y aquel precioso rizo que tu frente
un día engalanara,
beso mil y mil veces amoroso,
evocando tu imagen adorada.
1921.