A MANILA

Pobre bardo, hoy a tus pies

vengo a ofrecer mis cantares.

Rica perla de dos mares,

si humilde la ofrenda es,

tú ya ves

que, inspirada en tu belleza

y reflejando tu historia,

tiene por timbre de gloria

la sombra de tu grandeza.

Años ha que mi navío,

después de tender la lona

y recorrer la ancha zona

de la mar a su albedrío,

cedió pío

de mi afán al hondo anhelo.

A tus playas se acercó

y benigno me dejó,

Manila, sobre tu suelo.

Aunque de España alejado,

nunca de la patria lejos,

mirando en ti sus reflejos

quedó mi afán consolado.

¡Sea loado

Dios, que consiguió juntar,

pedazos tan divididos,

que siempre han de estar unidos

aunque los separe el mar.

¡Allá la remota ola

besa los lindes de España!

¡Aquí la mar besa y baña

tierra también española!

Arrebola

sol de gloria el tierno abrazo

y el alma se alegra al ver

que jamás se ha de romper

ese sacrosanto lazo.

La imaginación inquieta,

al contemplar tal unión,

enciende la inspiración

en la mente del poeta.

Noble, reta

al bardo, que acude al duelo

y al herir la egregia lira

copia, a la luz que le inspira,

cantares que oyó en el cielo.

¡Cómo a la noche callada

le place el verte ¡oh Manila!

hermosa, alegre y tranquila

cabe la mar reclinada...!

Ver la agrada,

cuando sube la marea

la ola que al llegar se ve,

como por besar tu pie

se deshace y forcejea.

No le pareces sultana

de belleza caprichosa:

le pareces, más hermosa,

antigua virgen cristiana...

Soberana,

al ver doblar tu cabeza

sobre tu brazo a la noche,

flor eres que cierra el broche

para ocultar su belleza.

¡Como encierras y avasallas

de tu pasado el blasón!

¡Bien lo dice el cinturón

que te ciñen tus murallas!

Derribarlas

quieren, con feroz piqueta...

¡Arrancarte el blasón regio!

¡De tan torpe sacrilegio

protesto como poeta!

Al mirar la majestad

de tu encastillado busto,

se presiente algo de augusto

que ha quedado de otra edad.

La impiedad

no quitará en sus conjuros

y esfuerzos extraordinarios,

la cruz de tus campanarios,

ni la piedra de tus muros.

¡Salve, cristiana amazona

que tras de tantos afanes

dió el ilustre Magallanes

de mi España a la corona!

Si blasona

tu pecho de real nobleza,

rica perla de dos mares,

no desdeñes los cantares

con que ensalzo tu grandeza.

Movido de anhelo santo,

voy rebuscando en tu historia

los anales de tu gloria,

copiándolos en mi canto.

De su encanto,

que ninguna sombra empaña

tendrá valor y nobleza,

porque al cantar tu grandeza

también canto la de España.

Pobre bardo, hoy a tus pies

vengo a ofrecer mis cantares.

Rica perla de dos mares,

si humilde mi ofrenda es,

tú ya ves

que con profunda emoción,

de tu cariño al encanto,

también, al par de mi canto,

te ofrezco mi corazón.

¡FACILISIMO...!

Es hacer un soneto facil cosa

que, en sabiendo rimar, hace cualquiera;

por más que más de uno considera

que es sobrenatural y milagrosa.

De su facilidad dificultosa

es el fondo la gracia verdadera,

Siempre el fondo; la forma es la manera

de dar al fondo una cubierta hermosa.

El que sin fondo y forma hace un soneto,

con que es cosa difícil no se escude,

su ignorancia ocultar queriendo agreste.

No lo frague si busca ser discreto,

porque hará, si lo fragua, no lo dude,

¡un soneto tan malo como éste...!

Parnaso Filipino Antología de Poetas del Archipelago Magellanico · 第 331 / 368 题