Extremeño--como Espronceda, con quien tuvo cierta afinidad espiritual
--aunque recriado en Madrid. Un trasatlántico le volcó, en plena
juventud, sobre Manila. Comenzó a versificar. Desde 1887 colaboró
asiduamente en el diario "La Oceanía Española". Publicó un volumen,
_Leyendas filipinas_. Le inspiró la musa ebria de Poe y Verlaine. Fué
desdichadísimo, tormentosa su vida. Le acorralaron las acerbidades.
Conoció la cárcel. "Descansó",--que paz le fué la muerte--alrededor de
los treinta años, Abril de 1890. Siete años después de muerto, sus
admiradores, y los de Manuel Romero de Aquino, publicaron una
selección de composiciones poéticas de ambos bajo el título "Homenaje
a dos poetas".--Manila, 1897, con prólogo de Manuel María Rincón,
ilustre periodista español de las islas.