I
Estoy en pleno monte. Recluído
en un camaranchón llamado escuela,
siento sobre mi alma la secuela
de la dolencia del que está aburrido.
En pleno monte. Flota en el ambiente
la gris opacidad de una neblina,
que a los rayos del sol se difumina
y se rasga en girones lentamente.
Derrama el sol su oro por los ampos,
en un derroche de alegrías gualdas,
irisando el techar del caserío;
y fingen, en el verde de los campos,
diamantes en monturas de esmeraldas
las cristalinas gotas de rocío.