II

Rozando las ajorcas y los velos

con caricias de mano femenina,

una pantera arrastra por los suelos

el moteado de su piel felina.

Sus patas, sigilosas, se deslizan

entre las piernas de la bailarina,

y en inquietud sus ojos rivalizan

con las miradas de la danzarina.

La pantera es un símbolo viviente,

como lo son también las dos panteras

que pusiera Dulac, clarividente,

bajo los pies de Circe; en un ambiente

de sutiles encantos y quimeras

bajo el nocturno cielo azul de Oriente.

Parnaso Filipino Antología de Poetas del Archipelago Magellanico · 第 284 / 368 题