I
Miguel Nieto ha pintado, en un intenso
amor por lo oriental, una cadencia.
En su cuadro la Tórtola Valencia
danza, febril, la danza del incienso.
El cielo nocturnal, azul de Oriente,
dosela su figura. Orientales
perfumes la circundan, y sus chales
resbalan de sus hombros lentamente.
Extraña luz, como de mármol blanco
entrevisto a través de una esmeralda,
estiliza su rostro de judía.
Y al movimiento, en celo, de su flanco
se entreabren los pliegues de su falda
en una irradiación de pedrería.