II

Madre y maestra de las almas, digna

del nombre singular de Benavides[39],

en cuyas nobles y proficuas lides

fué siempre la verdad una consigna,

en nombre de sus cánones severos,

luchó con entereza por los fueros

de la verdad.

[Nota 39: Don Fray Miguel de Benavides, primer Obispo de Nueva

Segovia y luego metropolitano de Manila (1540-1605). Fundó la

provincia dominicana del Santísimo Rosario de Filipinas y al Colegio

de Santo Tomás base de la futura Universidad. Su estatua se levantó

frente a ésta.]

¡Y la verdad, lo mismo

que Dios, que impone su invariable ruta,

tendió al justificado despotismo

de ser verdad, que es una y absoluta!

Verdad sencilla y múltiple: compendio

de las eternas ánsias de las gentes:

universal y silencioso incendio,

que baja sobre todas las conciencias

para encender en las insignes frentes

la llama inextinguible de las ciencias!

La llama ardió. Su luz, que fué de aurora,

que se abriese en el cielo de verano,

llenó el hogar, como una salvadora

consagración del pensamiento humano;

Y aparecieron hombres celebrados

de ciencia y de virtud, sobresalientes

en todos los eternos postulados

de la moderna ciencia. Almas creyentes

que se iniciaron en los santos ritos

y con la fé que la visión expande,

supieron los arcanos infinitos

de la divinidad tres veces grande!

¡Oh virtud de la fé! La ciencia incrédula

también tiene su fé, la fé potente

del microscopio. Insignes compatriotas

violaron los secretos de la célula

por el milagro insigne de la lente;

e hicieron con los mudos caracteres

de la materia, en concentradas gotas,

la esencia de la vida de los seres.

Otros buscaron en el cuerpo inerte

la causa eterna del dolor humano,

y con el bisturí sobre la herida

arrebatar supieron de la muerte,

vibrándolas en triunfo entre la mano,

las palmas victoriosas de la Vida...!

Parnaso Filipino Antología de Poetas del Archipelago Magellanico · 第 275 / 368 题