--Yo soy un sueño, un imposible,
vano fantasma de niebla y luz;
soy incorpórea, soy intangible;
no puedo amarte.--¡Oh, ven, ven tú!
BECQUER.
¿Por qué tan lejos, mi bien,
y de tí tan apartado,
continuamente suspiros
por tí de mi pecho arranco?
¿No me has dicho una y mil veces
que todo mi esfuerzo es vano,
que no habría entre los dos
más que el cariño de hermanos?
¿No me dijiste cien veces
que tanto afán y amor tanto
eran quimérico sueño?
¿que nunca en tus ojos claros
la mirada de los míos
clavara yo enamorado,
porque tú solo podías
darme un triste desengaño?
¿Por qué, sin buscar alivio
a mi dolor y a mi llanto,
fijo en tí mi pensamiento,
de tí no quiero apartarlo?
¿No hay, acaso, otras mujeres
ni otros amores, acaso,
ni otras beldades que amantes
me reciban en sus brazos?
¿Acaso en tí solamente
Natura ha depositado
la esbeltez y la hermosura
y los mayores encantos?
¿Eres tú, acaso, la sola
en cuyos ojos rasgados
hay miradas que fascinan
cuando miran con agrado?
Acaso, dí, vida mía,
otras no habrá que, escuchando
mis tiernísimos requiebros
o mis amorosos cánticos,
con sonrisas y miradas
me den de mi amor el pago...?
¡Muchas habrá! ¿quién lo duda?
Habrá dos, y tres, y cuatro
que a mis ayes y lamentos
respondan con dulce halago;
pero ninguna, ninguna,
viéndome sufrir callando,
llorará como tú lloras,
con un lloro tan amargo.
Tú, en cambio, mi bien, lloraste
y lloraste tanto y tanto,
que nunca será posible
que yo consiga olvidarlo.
Por eso, luz de mis ojos,
sólo a tí te adoro y amo;
por eso los ayes míos
a tí sola los consagro;
y aunque solamente quieras
darme un triste desengaño,
tus lágrimas lo han querido:
¡yo siempre seré tu esclavo!