Y, libre como el águila del cielo,
Podré cruzar los mares, cual me ordenas.
ROSELLÓ.
Dame, ¡oh! musa, tu voz, dame tu acento
para cantar al héroe sin segundo,
cuyo nombre feliz susurra el viento
de la apartada Iberia al Nuevo Mundo...
De tu gloria en el piélago infinito
se pierde el alma mía;
y aunque mis alas débiles agito
por abarcar tu colosal recuerdo,
cuanto más lo investigo, más me pierdo.
Figura sin igual, genio glorioso,
_gigante de los mares_, gloria nuestra:
tú un diamante engarzaste esplendoroso
en la diadema hispana con tu diestra;
tú el valladar del Ponto embravecido
sin temor traspasaste;
y a tu sublime genio enardecido
sólo prestaba campo dilatado
un mundo de grandezas ignorado.
Ese mundo es tu gloria y tu corona,
el que con lauros, mil tu sien circunda
el que del polo a la abrasada zona
con tu nombre sin par la tierra inunda.
Cuba, Lucayas, Háiti, Dominica,
Boriquén y Jamaica,
Trinidad, Guadalupe y Martinica
son de tu honor los timbres sacrosantos
y el sublime ideal de nuestros cantos.
Tal puñado de perlas en tu mano
a tu patria sin fé ¡triste! brindaste,
y después al monarca lusitano;
y en cambio de tu oferta ¿qué encontraste?
desprecio a tu saber, bajo y mezquino.
Tu corazón tan sólo,
tu corazón de temple diamantino
que del genio la voz potente escucha,
supo salir triunfante de la lucha.
Y tras fatigas y hórridos azares,
cruzando montes, traspasando llanos,
salvando la distancia de los mares,
la intrépida nación de los hispanos
te presentó su mano salvadora,
y tu frente abatida,
al levantar de España la señera
con una cruz volaste y una espada
a una playa de todos ignorada.
Y fuerte el corazón, firme el semblante,
su tesoro a las olas disputabas,
y a lejanas regiones anhelante
de tu bajel la prora enderezabas,
ignota mar con la ferrada quilla
cortabas sin recelos;
por las olas lamida, hermosa orilla
dibujóse después a tus miradas,
en su verdor lozano extasiadas.
Fértil región, alhaja desprendida
de las ondas de un mar que no te arredra,
entre árboles gigantes escondida
y entre murallas de granito y piedra.
Mas tú, _Cristóbal_, por el ancho espacio
lanzando tu mirada,
de ricas esmeraldas y topacio
labrada viste la inmortal aureola,
que la sien del hispano tornasola.
Y en esa tierra, do Favonio y Flora
juntos muestran sus galas y hermosura,
fijaste tú la enseña salvadora
que el progreso en los pueblos asegura:
_Dios y mi rey_: idea portentosa,
digno sólo del alma generosa,
emblema sacrosanto,
digno solo del alma generosa,
que uniendo con la fé su patriotismo
se aventura a cruzar el hondo abismo.
Mas ¡ay! que siempre al genio venerando
guarda el hado fatal triste destino,
y de abrojos punzantes vá sembrando
con torva faz el árido camino
Y sólo, en un rincón de nuestra España,
el término encontraste,
que marcaba el Señor a tanta hazaña.
Escucha, escucha al menos nuestro canto,
porque es del corazón tributo santo.
Gloria a tí, gran _Colón_, eterna gloria,
que un nuevo mundo al piélago infinito
arrancaste. Perenne tu memoria
en bronce esculpiráse y en granito
España, sobre el carro poderoso,
que al rodar otro tiempo,
dos mundos arrastraba vigoroso,
al atronar el orbe con tu fama
_Gigante de los mares_ te proclama.
¡VEN!
Lo admira todo, pero... no le llena;
la nostalgia le apena.
_El Marino Español._--P. PI.
¡Cuan hermoso es el Sol cuando la frente
de entre nubes alzando esplendorosa
baña la tierra con su luz fulgente,
perfume embriagador presta a la rosa,
dá murmurios al mar, perlas al río,
al pájaro cantares de alegría,
los colores del iris al rocío,
rumor a la cascada y armonía!
Cuando la luz sus hojas abrillanta
refractándose en rayos de colores,
¡cuán hermosa en la flor que se levanta
esparciendo balsámicos olores!
Tranquilo duerme el mar: la tenue brisa
riza apenas su líquida planicie,
y jugando en las ondas indecisa
resbala por la inmensa superficie;
copia a lo lejos el cristal tembloso,
como entre guijas de oro, la luz pura
con que el sidéreo coro esplendoroso
brilla en otra región. ¡Cuánta hermosura!
Quién sabe si en las ondas que desata,
resbalando entre juncos y maleza,
fugaz arroyo tímido retrata
de alguna ondina la gentil cabeza!
Quién sabe si, entre flores escondida,
en su cristal colúmpiase graciosa
náyade bella que al placer convida
meciéndose en las limfas voluptuosa!
Acaso alzando la nevada frente,
límpida y tersa como manso lago,
la mirada fugaz por la corriente
tiende en redor con incitante halago!
¡Todo es hermoso, todo! El sol, las flores,
el cristalino mar, la fresca brisa,
de la estrella los vívidos fulgores,
de la náyade bella la sonrisa.
_Todo lo admiro, pero... no me llena_
y, al recordar que estás tan apartada,
triste _nostalgia_ el corazón _me apena_
y fuera de tu amor no quiero nada.
No sé por qué mis lágrimas contengo
cercándome tan negra desventura;
dentro del pecho fluctuando tengo
el corazón en olas de amargura.
¡Vuelve a mi lado, que me causa enojos
cuanto en redor acongojado miro!
¡vuelve, que sólo por mirar tus ojos
desque partiste sin cesar suspiro!
Son tan hermosos, ¡ay! tus ojos bellos,
tan dulce su mirar, paloma mía,
que diera yo para mirarme en ellos
lo que nunca jamás otro daría.
Si al menos este afán que me devora
alejarlo del alma consiguiera...!
Más, ¡ay! que esta ilusión engañadora
hasta en el sueño me persigue fiera.
Yo te veo en el rayo delicado
con que flota la luna en el vacío,
y en las hojas del lirio perfumado
cuando esconde una gota de rocío.
Yo escucho de tu voz el blando arrullo
en la brisa que juega con la rosa,
yo percibo tu acento en el murmullo
de cristalina fuente temblorosa.
Yo soy la nube que perdida flota
en la extensión azul, tú eres el viento;
yo soy del arpa la dormida nota
que trocará tu mano en dulce acento.
¡Ven ya, mi dulce amor! ¡Ven, que entre tanto
_lo admiro todo, pero... no me llena!_
¡Vén a enjugar por fin mi acerbo llanto!
Vén ¡_la nostalgia_ el corazón _me apena!_
1895.