A MI...

Ya no se invoca la musa;

pasó de moda la lira;

ya ningún poeta la usa...

Aún la juventud ilusa

en otras cosas se inspira.

Hoy, si a la imaginación

le exijen que versos dé,

no se invoca al Helicón:

sólo se pide al _garçon_

una taza de café.

Y, en vez del estro sincero

que al corazón conmovía,

se escribe una poesía

con una pluma de acero,

un chiste y una ironía.

Musa que en mi edad pasada

me inspiraste cariñosa

cantos de amor, ve y reposa.

Hoy necesito una espada,

ríos de oro y acre prosa.

Necesito razonar,

meditar y combatir;

algunas veces llorar,

pues quién mucho quiere amar

mucho tiene que sufrir.

Huyeron los días de calma,

días de alegres amores,

en que bastaban las flores

para consolar al alma

de sus penas y dolores.

Van huyendo, poco a poco,

cuantos amé, de mi lado;

aquél muerto, éste casado,

porque sella cuanto toco

con la desventura el hado.

¡Huye también, musa! ¡Vete!

Busca otra región más pura;

que mi patria te promete

por laureles el grillete

por templo cárcel obscura.

Que si es infame e impío

oprimir a la verdad,

¿No fuera en mí desvarío

detenerte al lado mío

privada de libertad?

Y ¿a qué cantar, cuando llama

a serio estudio el Destino,

cuando la tempestad brama,

cuando a sus hijos reclama

ronco el pueblo filipino?

¿Y a qué cantar, si mi canto

ha de resonar a llanto

que a nadie conmoverá?

¿Si del ajeno quebranto

el mundo cansado está?

¿A qué, cuando entre el gentío

que me critica y maltrata,

seca el alma, el labio frío,

no hay un corazón que lata

con los latidos del mío?

Deja dormir en la sima

del olvido cuanto siento.

¡Bien está allí! Que el aliento

no lo mezcle con la rima

que se evapora en el viento.

Como duermen de los mares

los monstruos en el abismo

deja dormir mis pesares,

mis caprichos, mis cantares,

sepultados en mí mismo.

Yo bien sé que tus favores

sólo puedes prodigar

en esa edad de las flores,

de los primeros amores

sin nubes y sin pesar.

Muchos años han pasado

desde que con beso ardiente

has abrasado mi frente...

Aquel beso se ha enfriado

y hasta lo tengo olvidado.

Mas, antes que partas, dí,

dí que a tu acento sublime

siempre ha respondido en mí

un canto para el que gime

y un reto para el que oprime.

Mas tú vendrás inspiración sagrada,

de nuevo a caldear mi fantasía

cuando mustia la fé, rota la espada,

morir no pueda por la patria mía...

Tú me darás la cítara enlutada

con las cuerdas que vibran la elegía,

para endulzar de mi nación las penas

y el ruído amortiguar de sus cadenas.

Y si el tiempo con el laurel corona

nuestros esfuerzos, y mi patria amada

surge cual reina de la ardiente zona,

blanca perla del fango, redimida,

entonces vuelve y con vigor entona

el himno sacro de la nueva vida,

que nosotros el coro cantaremos

aún cuando en el sepulcro descansemos.

Parnaso Filipino Antología de Poetas del Archipelago Magellanico · 第 258 / 368 题