Hoja seca que vuela indecisa
y arrebata violento turbión,
así vive en la tierra el viajero,
sin norte, sin alma, sin patria ni amor.
Busca ansioso doquiera la dicha,
y la dicha se aleja fugaz:
¡Vana sombra que burla su anhelo...!
¡Por ella el viajero se lanza a la mar!
Impelido por mano invisible
vagará de confín en confín;
los recuerdos le harán compañía
de seres queridos, de un día feliz.
Una tumba quizá en el desierto
hallará, dulce asilo de paz,
de su patria y del mundo olvidado...
¡Descanse tranquilo, tras tanto penar!
Y le envidian al triste viajero
cuando cruza la tierra veloz...
¡Ay! ¡no saben que dentro del alma
existe un vacío do falta el amor!
Volverá el peregrino a su patria,
y a sus lares tal vez volverá,
y hallará por doquier nieve y ruina,
amores perdidos, sepulcros, no más.
Vé, viajero, prosigue tu senda,
extranjero en tu propio país;
deja a otros que canten amores;
los otros que gocen; tú vuelve a partir.
Vé, viajero, no vuelvas el rostro,
que no hay llanto que siga al adiós;
vé, viajero, y ahoga tus penas;
que el mundo se burla de ajeno dolor.