A LAS FLORES DE HEIDELBERG

¡Id a mi patria, id extranjeras flores

sembradas del viajero en el camino,

y bajo su azul cielo,

que guarda mis amores,

contad del peregrino

la fé que alienta por su patrio suelo!

Id y decid...; decid que cuando el alba

vuestro cáliz abrió por vez primera,

cabe el Neckar helado,

le vísteis silencioso a vuestro lado

pensando en su constante primavera.

Decid que cuando el alba,

que roba vuestro aroma,

cantos de amor jugando os susurraba,

él también murmuraba

cantos de amor en su natal idioma;

que cuando el sol la cumbre

del Koenigsthul en la mañana dora

y con su tibia lumbre

anima el valle, el bosque y la espesura,

saluda en ese sol, aún en su aurora,

al que en su patria en su cenit fulgura.

Y contad aquel día

cuando os cojía al borde del sendero,

entre las ruinas del feudal castillo

orilla al Neckar o en la selva umbría.

Contad lo que os decía,

cuando, con gran cuidado,

entre las páginas de un libro usado

vuestras flexibles hojas oprimía.

Llevad, llevad ¡oh flores!

amor a mis amores

paz a mi país y a su fecunda tierra,

fé a sus hombres, virtud a sus mujeres,

salud a dulces seres

que el paternal sagrado hogar encierra...

Cuando toquéis la playa,

el beso que os imprimo

depositadlo en alas de la brisa,

porque con ella vaya,

y bese cuando adoro, amo y estimo.

Mas ¡ay! llegaréis, flores,

conservaréis, quizás, vuestros colores;

pero lejos del patrio, heroico suelo,

a quién debeis la vida

perderéis los olores;

que aroma es alma, y no abandona el cielo

cuya luz viera en su nacer, ni olvida.

Heidelberg, Abril 1896.

Parnaso Filipino Antología de Poetas del Archipelago Magellanico · 第 259 / 368 题