Venid a mi alcázar, la frágil cabaña
que se esconde tímida bajo un platanar.
Entrad con cuidado: es de nipa y de caña
y puede romperla un brusco ademán.
Soy el cenobita de estas soledades;
me hacen compañía las aves, el sol,
la brisa campestre llena de bondades
y el recuerdo de una difunta ilusión.
Al caer la tarde, por este camino
a quien fresca sombra los árboles dan,
pasa con sus dichas el buen campesino
montado en el lomo de su carabao[37].
[Nota 37: Rumiante, corpulento y vigoroso, utilizado como bestia de
tiro.]
Su canción monótona, dulce, evocadora,
flota en el crepúsculo bañado de azúl,
parece que ríe, parece que llora,
como una quimera de la juventud.
A veces la noche, como novia loca,
me sorprende triste en el tosco umbral,
pensando en aquella muy amada boca
que me brindó un día venturanza y paz.
Cuando es plenilunio, entro en el boscaje,
de ensueños poblada la imaginación,
y bajo la sombra del tibio follaje
me siento muy niño, más cerca de Dios.
Es la confidente de mis hondas cuitas
la luna que argenta mi amado jardín,
y me habla de aquellas prestigiosas citas
que tuve con ella en un mes de Abril.
Los recios flabelos de los cocoteros
meciendo mi sueño, cantan sin cesar.
Los "nunus" del bosque me dicen sinceros
que soy muy dichoso en mi soledad.
Huyo del tumulto de la vida urbana,
la fiebre del oro, la fraterna lid;
la ciudad es fosa de la gleba humana,
de los hombres-fieras madriguera vil.
Entrad en mi humilde y frágil cabaña
que se esconde tímida bajo un platanar.
Mi choza de nipa, mi choza de caña
os dará un tesoro: el alma natal.
1915.