LUZ DE LUNA

Sonrióme la amada,

la esquiva, la imposesa, la que vió nuestro idilio

bajo el frescor amable

de un emparrado lírico;

la que encantó mi celda cuando escribí el elogio

de tus labios divinos

en unos versos tristes que sabían a lágrimas;

la que besó tu frente en el blanco camino

de la silente aldea, cuando ibas a jurarme

la eternidad sublime de tu santo cariño.

Sonrióme la amada,

y floreció en el alma la ilusión que se ha ido,

y tuve sueños plácidos de corderos que triscan

camino del aprisco,

de soles que agonizan tras montañas azules,

de cristalinos ríos

que arrastran hojas secas

sobre sus ondas suaves como bucles de niño.

Fué en una noche blanca en que las susurrantes

melodías del viento eran largos suspiros;

fué una noche en que mi alma, recostada en tu seno,

admiraba tus formas con mágico delirio;

fué en una hora romántica en que el cielo del trópico

era un arpa encantada, cuyos lejanos cirios

alumbraban unánimes

tu efigie soberana de mayestático ídolo.

Yo pregunté a la luna por los labios febriles

de aquella dulce impúber, santuario del cariño,

por sus mágicos ojos, que cuando me miraban

eran caricias y mimos;

por su boca melosa que en mis largas veladas

se posaba en mi frente a calmar mi martirio.

Me contestó la esquiva amada de los vates

que tú vives muy lejos, que fué tu amor un mito,

que en tu corazón tierno

ha muerto aquel cariño

que hizo feliz un día a tu caro poeta

y dió a sus locos versos un eternal prestigio.

1915.

Parnaso Filipino Antología de Poetas del Archipelago Magellanico · 第 246 / 368 题