Sueña la luz crepuscular del cielo
en la difusa paz de sus salones,
y es su mano en los rojos almohadones
una magnolia astral de terciopelo.
Leve se agita en el temblor de un vuelo
la rosa que agoniza en los jarrones.
Es la hora santa de las ilusiones,
que llega y pasa sin rozar el suelo...
En un ambiente a nardos evangélicos
deshojan los llorosos surtidores
su inspiración de bardos arcangélicos,
bajo la luna que nostalgias llueve,
bordando en sus azules bastidores
el arabesco de su nombre en nieve...
Marzo, 1922.