Una nostalgia azul de primaveras
teje en el cielo su ilusión de encaje,
y languidece el alma del paisaje
asomada al balcón de sus ojeras.
Los bandos de palomas mensajeras
esponjan blandamente su plumaje
en la tarde, que pliega el varillaje
de un fúlgido abanico de quimeras.
Su rostro se retrata en los cristales
del lago, donde un cisne hecho de espuma
el cuello enarca ante los pavos reales;
y ella, que sabe del amor de Leda,
mientras alisa la nevada pluma,
hunde los dientes en su chal de seda...
Marzo, 1922.