Nítidas cláusulas épicas: fúlgidas ondas triunfales,
todo un himno glorioso van trazando las águilas,
a golpes de huracán, al cruzar los espacios suspensos
en un éxtasis único. Viejas trompas se limpian de su herrumbre de
siglos,
viejas arcas se abren, donde el tiempo juntara en revueltas marañas,
con provectos armiños las guedejas doradas de infantiles cabezas;
los aceros de guerra, en el ignoto crisol del Amor, hoy se funden
para hacer los arados que abrirán las entrañas de la fértil llanura,
y al llover el sudor de las frentes hermanas,
granarán las espigas de los trigos del Mundo
que serán los de Hispania...!
V
¡Salve fraternas repúblicas! ¡Pueblos de América, Salve!
porque cerca está el tiempo en que el sol no se ponga en los vastos
dominios
que a través de milenios aún perciben la voz del gentil Romancero
y muelen su grano de ensueños e ideas en los rudos Molinos de
Cervantes.
Porque cerca está el día de borrar horizontes, la Distancia y el
Tiempo,
y el espíritu libre de opresores cadenas y ergástulas,
ya podrá remontarse en idéntico azul bajo todos los cielos,
que serán uno solo para todo el Imperio y los mares,
y los pechos unidos en un grito que escuchen las edades remotas
harán a Don Quijote, Emperador...