Es el tiempo propicio de segar las espigas doradas
que en ya próximos días, formarán las hogazas del mortal sacrificio.
En la áurea patena, y formado con trigos de América,
yazga el pan de la Misa sobre el cáliz teñido con la sangre de España.
Pueblos fuertes, robustos, hincarán las rodillas en tierra,
ante el hondo milagro del amor que las almas auna
en la elíptica curva de la breve existencia.
Es el tiempo oportuno de coger y exprimir los racimos
cosechados enmedio del fragor de sociales contiendas,
en el dulce sosiego de la huerta nativa,
al amparo solícito de la madre Esperanza.
Esto anuncian las águilas con su ramo de paz en el pico
y la Muerte--su presa--en las garras.