Ha caido Cartago. Ha caido la Roma de los cónsules, Grecia
se anquilosa en la vida de sus piedras heladas.
Toda gloria mundana se sepulta en la sima del Espacio infinito
por la acción corrosiva de las Horas en pos de las Horas.
Pese al Tiempo que roe y a la Envidia que seca,
y a los odios terrenos que al olvido condenan fraternales abrazos,
en el noble plumón de las águilas blancas
hay el sello latino de una estirpe por algo elegida,
que ni es Roma ni es Grecia; ni es Cartago ni es Nínive,
es Iberia... y es Dios!