I
¡Son las águilas blancas! Son las águilas blancas y fuertes,
cuyo vuelo se expande bajo el palio divino del cielo,
y en el largo vibrar de sus alas rampantes
se adivinan las notas que componen los himnos de gloria.
Un deshoje de soles heraldiza la aurora que llega
para hacer que germinen las semillas dispersas en un polvo de siglos,
las semillas dispersas con la sangre y la carne de los Conquistadores
que sirvieron de abono a la idea suprema de fundir continentes.
Son las águilas blancas que decoran sus picos con el ramo de oliva,
las libérrimas águilas que con un aletazo desafían al trueno,
pero que al presentir el deshielo constante de las nieves del Norte,
abandonan los Andes por el nido que España les conserva caliente
en la cumbre soberbia del natal Pirineo.